De isla en isla… y matan porque les toca

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texto MILO J. KRMPOTIC'

A los 9 años, Mari Junsgtedt se enamoró de una isla, Gotland, durante un viaje familiar. Me lo contó cuando la entrevisté con motivo del lanzamiento de su anterior libro, Doble silencio, asegurando que fue la primera vez que vio el mar. Sucede que Jungstedt nació en Estocolmo, ciudad que quizá no se halle frente al mar abierto, pero donde agua ciertamente no falta para bañarse, navegar y cualquier otra actividad que se tercie. Así que cabría entender que Gotland, a sus 9 fascinados años, representó el primer lugar donde fue consciente de la inmensidad de una masa líquida capaz de rodearla de norte a sur, por el este y el oeste, omnipresente a poco que alcanzara un punto de observación elevado.

Su primer marido, por cierto, era de Gotland. Y, porque los autores de género negro son seres curiosos, por no decir particulares, en el lugar de sus pasiones fue a ambientar Jungstedt buena parte de sus crímenes novelescos. Con Doble silencio, en cambio, dio el salto a Fårö, la isla donde residía Ingmar Bergman, figura por la que siente devoción y que tenía bastante que ver con la trama de aquel libro. Y, a la hora de hablar con ella al respecto, la encontré dando vueltas por Gran Canaria, ultimando los detalles de su mudanza a nuestro archipiélago austral. De hecho, recuerdo que la conversación se vio interrumpida en varias ocasiones porque ella iba conduciendo con el manos libres y atravesaba constantemente zonas sin cobertura.

Acerca de su pasión vital sublimada en fechorías literarias, me dijo concretamente que “las islas me parecen un buen lugar para ambientar novelas negras porque son espacios cerrados, no se puede escapar fácilmente de ellas, lo que les otorga una atmósfera especial”. Así las cosas, era solo cuestión de tiempo que Mari Jungstedt se trajera alguna de sus intrigas asesinas a su nuevo lugar de residencia. La sorpresa es que lo ha hecho con una obra escrita a cuatro manos, Mar de nubes (Maeva), donde la segunda parte contratante lleva la firma del noruego Ruben Eliassen, su actual pareja, hasta la fecha firmante de títulos infantiles pero también con experiencia como ilustrador, diseñador e incluso músico.

Mar de nubes nos sitúa en el pequeño y por lo general plácido pueblo de Arguineguín. A escasos metros de su iglesia noruega, en las rocas de la playa, ha aparecido el cuerpo degollado de una turista sueca, Erika Bergman, quien había acudido al lugar para relajarse con las clases de una escuela de yoga. Y, a la hora de investigar el caso, el comisario Diego Quintana encontrará una aliada en Sara Moberg, que comparte nacionalidad con la fallecida pero lleva ya un par de décadas residiendo en el lugar. Moberg, a todo esto, también tendrá una motivación profesional para inmiscuirse en las pesquisas, ya que es la fundadora y principal redactora del Dag&Natt, el periódico de la numerosa comunidad sueca presente en la zona.

La nieve ha cedido su lugar a la arena, el frío ha claudicado ante un sol cegador, pero la sangre sigue derramándose. Y ahí están las parejas detectivescas de Mari Jungstetd (y, ahora, Ruben Eliassen), buscando su origen para resolver el enigma. Lo que desde luego no cambia es el mar, ese mar que se empeña en rodearlos y les susurra, ola a ola, que el asesino no tiene a dónde escapar, pero quizá ellos tampoco.

(Este artículo ha aparecido en el número 4 de nuestra edición en papel, este mes de diciembre aún en quioscos y librerías.)