¡Duchovny es la leche!

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texto MILO J. KRMPOTIC'

El actor debuta en la literatura con ‘Holy Cow’ (Stella Maris).

David Duchovny, el célebre agente Mulder de la serie Expediente X (que, por cierto, ha regresado este año a la pequeña pantalla con un mini-revival de seis episodios), bien podría haberle otorgado el papel protagonista de su ópera prima a un extraterrestre. Quizá no quiso rizar ese rizo, quizá era sabedor de que el resultado podría acabar pareciéndose demasiado al Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza. El caso es que, fuera la primera o la segunda de sus opciones, a la hora de presentar una voz excéntrica capaz de ordeñar (perdón) las miserias de la vida contemporánea con humor no exento de emotividad y posicionamiento moral, el amigo optó por una vaca llamada Elsie Bovary y lanzó el primer chascarrillo con el título mismo de la obra: Holy Cow significa “vaca sagrada”, que es aquello en lo que Elsie aspira a convertirse tras descubrir el destino que le aguarda a manos del hombre occidental, pero “holy cow” sería también la expresión del tipo “¡madre mía del amor hermoso!” que uno soltaría al dar con un ejemplar bovino dueño de tamaña voz interior.

El guiño, pues, apunta a Orwell antes que a Mendoza, pero cuesta no pensar también en esas producciones zoófilas (en el buen sentido del término), tipo Aardman o Pixar, capaces de hacer las delicias de los más pequeños y apelar a la vez al humor y el corazoncito de sus mayores. Porque Elsie reside en una granja del estado de Nueva York y en su huida se acompaña de otros dos animales: el cerdo Jerry (o Shalom, tras convertirse al judaísmo) y el pavo Tom. Cada uno de ellos sueña con una tierra prometida donde, en principio, podrán escapar a las ansias carnívoras del ser humano: la India, Israel y, ejem, Turquía (chascarrillo de partida número dos: “turkey” es pavo y su homónimo con mayúscula inicial es, claro, Turquía). Y para allí que se van los tres, dispuestos a comentar los usos y abusos con que se vayan topando desde una mezcla de entrañable ingenuidad e hilarante conocimiento de la cultura popular contemporánea (cuando se plantea qué humana podría darle vida en una hipotética adaptación al cine de sus aventuras, Elsie lo tiene claro: Jennifer Lawrence).

A Holy Cow no le faltan, pues, buena voluntad y chispazos. Y la amabilidad de su lectura tiene bastante que ver con un estilo directo que, en más de un capítulo, se presenta en forma de diálogo, como si Duchovny quisiera facilitarle la vida a un hipotético futuro guionista. En el mejor de los casos aboca a la risa; en el peor, invita a pensar, y su tono desinhibido y desenfadado representa un nuevo punto a favor. Veremos si el actor reincide. Por de pronto, el próximo mes de mayo, Madrid y Barcelona tendrán la oportunidad de conocer en directo su tercera faceta artística: la de múúúúsico (que diría Elsie).