Filólogos tangueros

 

texto ANTONIO ITURBE foto ASTRUD GUTIÉRREZ

El catedrático de Literatura José María Micó y la filóloga Marta Boldú actúan hoy en un sorprendente espectáculo en la Casa de América de Cataluña.

Hace unas semanas, un chivatazo de Ignacio Martínez de Pisón me llevó en pleno Barrio chino de Barcelona al legendario Pastís. Los que se quejan amargamente de que en la ciudad todo está cambiado, que vengan aquí. Este bar con vocación de taberna marsellesa está igual que hace treinta años: los mismos afiches amarillentos, las mismas paredes abarrotadas de recortes, rótulos y carteles que son ya piezas de museo. Y en el pequeño escenario encuentro a alguien que también pertenece al mundo de los clásicos: el poeta, catedrático de Literatura de la Universidad Pompeu Fabra y traductor de Dante, José María Micó.

A Micó lo conocí en los años 1990, cuando acompañaba al profesor Rico de visita a la revista literaria donde yo trabajaba. Rico, que había nacido el día de San Narciso, avanzaba por la redacción como un toro en los sanfermines. Detrás, Micó, discreto, prudente e incluso tímido, desplegaba su amabilidad como sufriente antítesis del insigne académico. Ves a Micó tomar un micro y esperas que se ponga a dar una conferencia sobre el Siglo de Oro, pero agarró una guitarra. Su mujer, Marta Boldú, se subió con él al escenario y se arrancaron a cantar tangos. Pasmado me quedé. Él tocaba con mucho arte y ella –filóloga y profesora de instituto– cantaba con una emoción y un desparpajo asombrosos. Interpretan tangos clásicos y también poemas de Micó a los que él mismo ha puesto música. El Pastís no es el Carneggie Hall y ellos no son Carlos Gardel, pero a mí me pareció un recital inolvidable. Micó me dice que “los males de la poesía comenzaron cuando dejó de ser cantada, cuando olvidó que su esencia es la melodía y su objeto la percusión del alma". Me cuenta que toca la guitarra desde los 16 años y que su intención es “dignificar las letras de las canciones".

Haber conocido a Serrat o a Sabina, en una excursión de madrugada a su hotel con García Montero, forma parte de los momentos estelares de la vida de Micó. Marta nunca había cantado hasta que se puso a ello hace un par de años, pero como si llevara toda la vida haciéndolo. Me cuenta divertida que actuaron en un seminario de poesía de la universidad de Trento y que no salían de su perplejidad. Micó lleva el estuche de la guitarra como si llevase el maletín de profesor universitario, pero antes de marcharse me recuerda que “el arte no vale nada si no conmueve”. Brindo por esta pareja de filólogos tangueros porque, mientras haya gente como ellos, la poesía no morirá nunca.

Actúan en el legendario Bar Pastís de Barcelona, a pie de las Ramblas, el martes 8 de marzo y el martes 15 a las 22:30 h. 

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