La escritora que inspiró a Beyoncé

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texto ROCÍO NIEBLA

Chimamanda Ngozi Adichie dice que ‘Todos deberíamos ser feministas’

Puede que haya llegado a escuchar su nombre, Chimamanda Ngozi Adichie, por alguna de sus cuatro novelas. La última, Americanah (RHM, 2014), fue ganadora del National Book Critics Circle Award en 2014, y el New York Times la valoró como una de las diez mejores novelas del año. Chimamanda es nigeriana, emigró a Estados Unidos y se licenció en Ciencias Políticas. Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas. Tiene una mirada propia muy inteligente y comprometida, escribe con conciencia de clase y de género. Que sus libros aborden de manera tan valiente las desigualdades sociales, así como los conflictos racistas, la convierte en una escritora tremendamente necesaria. No podemos vivir ajenos –y la literatura, menos– a un mundo donde el injusto es el rey. Aunque actualmente vive en Estados Unidos, está ligada a su país; de hecho, allí forma parte de una asociación –Farafina Trust– que promueve la escritura y la lectura como herramientas de integración social.

En Americanah, una joven nigeriana, Ifemelu, va a estudiar literatura a Estados Unidos. En Nigeria, con el marco de la dictadura militar, se queda su novio, Obinze, arreglando papeles para poder emigrar. Ifemelu encuentra en América una sociedad radicalmente racista y clasista. La novela es una historia de amor, que con ironía y maña hace que el lector reflexione sobre la crispación social en Estados Unidos. “Me convertí en negra precisamente cuando llegué a América. En Nigeria no tengo raza”, ha dicho más de una vez la autora. Mujer, negra, feminista, leyéndola podemos acordarnos de Angela Davis –lectura obligatoria: Mujeres, Raza y Clase (Ediciones Akal, 2004)–.

Todos deberíamos ser feministas (Literatura Random House) es un pequeño ensayo que debería ser manual obligatorio en los colegios –dicho incluso por los críticos de Kirkus–. El librito es la versión adaptada de un discurso que dio en TED. La primera vez que participó en las microconferencias fue con “El peligro de la historia única”, que cuenta con más de nueve millones de reproducciones y trata sobre las desigualdades de clase, además del menosprecio al extranjero. En Todos deberíamos ser feministas aborda cuestiones complejas –la desigualdad entre hombres y mujeres, el matrimonio como propiedad, la educación entre niños y niñas– de manera sencilla y accesible. Articulando el discurso a través de anécdotas, la autora consigue reivindicar la palabra “feminista” –tan denostada en nuestros tiempos– y hacer reflexionar sobre la cuestión. La sucesión de micromachismos –a todas las mujeres nos ha pasado algo semejante– hace que, trabajando la empatía hacia la autora, logremos percibir lo propio, lo que vamos sufriendo en primera persona, también como injusto e innecesario. En lugar de seguir calladas, el libro nos sirve como manifiesto para decir basta, ponernos de píe y, pisando fuerte, trabajar por un mundo feminista.

El libro arranca explicando que por La Flor Púrpura (Grijalbo, 2004) –su primera novela, en la que cuenta la historia de la hija de un matrimonio en el que el marido maltrata a la mujer– un periodista de Lagos le aconsejó no meterse en semejantes embrollos, que las feministas no encuentran marido. Para algunos, ser feminista no es precisamente un halago; para otros, las mujeres y los hombres tienen los mismos derechos. Para ambos, este libro debería ser un golpe de realidad. La Flor Púrpura ha sido reeditada en Lumen en febrero de este 2016. En algunas partes del texto late el enfado, pero bien dice ella que “la ira tiene una larga historia trayendo cambios sociales”.

La clave de Todos deberíamos ser feministas es que revistas como Vogue hayan dedicado a la autora y a su cuestión feminista grandes reportajes. Lleven las mujeres los labios pintados o no, Chimamanda Ngozi Adichie anima a plantarse frente al patriarcado –el mundo pensado y hecho solo por y para hombres– para replantear la situación en beneficio de todos y todas. A la cuestión feminista le falta conectar con la calle, es por eso que, si Beyoncé ha incluido la voz de Chimamanda en su canción Flawless leyendo partes del texto, es que vamos por el buen camino. ¿Estamos más cerca de cambiar las cosas?

 

(Este artículo apareció en el número 5 de nuestra edición en papel. ¡Ya a la venta el número 6!)