Sexo, mentiras y cuadros

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texto SANTIAGO BIRADO

'Maestra', el thriller erótico de L.S. Hilton, hace que 'Cincuenta sombras de Grey' parezca una película Disney

 

Lisa Hilton es una licenciada en Historia por la universidad de Oxford que va a causar mucho revuelo en el mundo editorial con Maestra (Roca). Su lanzamiento conjunto en 35 países lo perfila como un libro que va a subir como la espuma en las listas de los más vendidos de medio planeta. Nos sitúa en el mundo del arte a través de su protagonista, Judith Rashleigh, que trabaja de día en una casa de subastas y por las noches tiene un pluriempleo en un bar de alterne para poder pagarse los vestidos de marca. Desde la primera página hasta la última, el sexo y la ambición son pulsiones entre las que navega, a ratos dejándose llevar y otras a contracorriente, esta anti-heroína.

Algunos medios han comparado a su protagonista con la Lisbeth Salander de la saga Millennium y a su libro incluso con Cincuenta sombras de Grey.L.S. Hilton acepta de mejor grado la comparación con Larsson que con E.L. James. Según ha contado al pdiario The Times:Cincuenta sombras de Grey me da ganas de vomitar”. Afirma que “no tienen sexo hasta la página 119. Lo sé, lo conté. Lo que es repugnante es que es infantilizante. Sugiere que las mujeres no son lo bastante maduras para disfrutar del sexo si no es de esta manera, cubierta de una capa de sacarina”. Ella afirma que no había tenido la pretensión de escribir un thriller erótico en absoluto, ni de crear ningún tipo de polémica. Se asombra de que genere controversia algo tan sencillo y natural: “A las mujeres les gusta el sexo”.

En el arranque de la novela nos encontramos en un elegante club donde las camareras semidesnudas sirven diminutos pasteles de langosta mientras hombres y mujeres se van emparejando con requiebros que tienen algo de ritual. Enseguida nos relata cómo Judith, ambiciosa e ingenua, es maltratada laboralmente en la casa de subastas en la que trabaja. Hasta el punto de que, al darse cuenta de un fraude en la empresa, es despedida. Pero echa mano de su segunda vida y acepta la invitación de un cliente riquísimo del club para irse con él a Francia. Sin embargo, el complot alarga sus tentáculos y la persigue hasta la Riviera gala. Allí iniciará su inmersión en la trastienda del negocio del arte, donde hay verdaderos artistas del engaño en la colocación de piezas con precios inflados a ricos botarate,s y también en un mundo de secretos clubs de sexo y relaciones de lo más variadas y extremas. Un mundo donde las mujeres como ella son “trofeos, oro convertido en carne deliciosa”.

Judith Rashleigh no es una protagonista inocente. Su sentido de la moral dista mucho de ser edificante. Su ambición la hace echarle un pulso a ese mundo que quiere arrollarla. Sin embargo, hay en su cinismo un poso de ternura que hace que se empatice con ella. Cuando las cosas se ponen muy turbias y sufre la violencia que flota a su alrededor en sus propias carnes, en vez de abandonar se hace más fuerte. Toma como modelo a una maestra de la pintura: Artemisia Gentileschi, pintora italiana del siglo XVII que, en un mundo del arte dominado por hombres, tuvo que sobreponerse a la violación que sufrió por parte de su propio preceptor y acabó por imponerse como gran artista.

Hilton ha explicado que, para documentar este libro, ella mismo visitó clubs de intercambio sexual de alto standing: “Quería saber cómo funcionaban estos clubs para mujeres. La etiqueta. Cómo actuaba la gente. No puedes dejar esos detalles al azar. Tienes que ir y mirar”. Le resulto todo “bastante elegante. Discreto. Sin rastro de cutrerío. La gente sabía para qué estaba allí. Gente que iba bien vestida, bien parecida, educada. Salí con la sensación de… ¡qué fácil era!”. A la pregunta de si participó de los festejos opta por sonreír y zanjarla con un “No comment”.