Lo sórdido y lo sublime

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texto ANTONIO ITURBE

El islandés Sjón nos presenta a 'El chico que nunca existió'

 

título El chico que nunca existió

autor Sjón

traductor Enrique Bernárdez

editorial Nórdica

158 págs. 17,50 €.

 

Los libros de Sjón (Reikiavik, 1962) son un género en sí mismos. Hay en su manera de contar una especie de torbellino de copos de nieve en los que se mezcla la realidad y la ensoñación, lo más áspero y lo más poético, la trascendencia moral con el humor despreocupado. De igual manera intercala poemas, fotografías o una noticia de un diario de la época. Pero consigue que no sea un pastiche, sino una unidad.

Desde la primera página nos muestra las reglas del juego: una hermosa descripción de la manera en que el sonido de la motocicleta de una muchacha que tiene algo de heroína de cómic suena en los oídos de Mánni como una música cuyos compases conoce de memoria; y a la vez que sus orejas se extasían con el rumor de la Indian impecablemente cromada de Sóla Gudb, su boca acoge el miembro de un tipo anodino que le paga el servicio con unos billetes arrugados. El vaivén de columpio entre lo sórdido y lo sublime es el eslalon en el que esquía Sjón a lo largo de estas páginas.

Mánni es un muchacho huérfano que vive con una tía abuela en Reikiavik. No le interesan los estudios, ni relacionarse con sus compañeros de clase, cuando va a clase. Lo vemos ganarse un dinero como chapero sin darle a eso ninguna importancia. Usa su cuerpo sin inmutarse, no lo pasa mal y saca las monedas para pagarse lo único que en verdad le apasiona: el cine. No se pierde uno solo de los estrenos en los dos cines de la ciudad. También siente fascinación por Sóla Gudb. Ella, con sus botas altas, su moto brillante, su pelo maravilloso, sus maneras desenvueltas… es lo único que le parece extraordinario en una ciudad gris, como de nieve sucia. La grisura la aporta sobre todo una sociedad hipócrita, que fingirá escandalizarse al descubrir su homosexualidad. Muchos de los presuntamente escandalizados habían sido “pililas”, clientes clandestinos del propio Mánni. La epidemia de gripe española se ceba con especial dureza en Islandia; mientras en Europa combaten en la guerra mundial, ellos tienen allí su propia guerra contra la muerte contagiosa. La tragedia es de tal magnitud que llegan incluso a cerrarse los cines.

Tratar de casar el relato lineal de la vida del protagonista junto a la descripción social de la época y su marcha final, con el estilo místico y el desencaje voluntario de la narración convencional (la irrupción de la ensoñación en largos fragmentos) es un reto técnico y artístico de altura. A veces funciona de manera sublime y otras parece algo forzado, no fluye o uno queda desorientado y pierde el compás. Es curioso que tantos autores practiquen finales abiertos o deshilachados para crear en el lector cierto efecto atmosférico. Sjón abre con mucha claridad y cierra todos los flecos de la historia de manera precisa, con un epílogo donde no deja lugar a especulaciones. En cambio, es en el nudo del libro donde centra los desenfoques.

Sus libros están llamados a no tener lectores neutrales. Habrá a quienes sus escenas discontinuas, los diálogos escuetos, esa tensión emocional entre él y Sóla que –aparentemente– no lleva a nada, la manera extensa de introducirnos en los delirios de la fiebre… les resulten disuasorias. A otros les parecerán un ejercicio poético extraordinario. Ambos tendrán razón. Este libro necesita encontrar el lector que precisa. Personalmente, creo que no es un libro redondo, quizá solo tenga tres o cuatro momentos en los que me haya conseguido magnetizar. Pero hay en esas páginas más literatura que en obras enteras con docenas de libros de escritores eficientes que nunca arriesgaron nada.