La culpa fue de Ibiza

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texto MILO J. KRMPOTIC'

Manu González repasa la historia de la música electrónica, sus clubs y sus drogas

Corría 1987 cuando un grupo de súbditos británicos, aprovechando el cumpleaños de uno de ellos, escogió Ibiza como destino de peregrinación veraniega. Hasta ahí, se trata de una historia bastante habitual, casi diríamos que tópica. Sucede que, pese a las dos semanas de fiesta ininterrumpida, entendemos que regadas en alcohol y ciertamente acompañadas de sus dosis de MDMA, la droga que venía causando furor bajo la etiqueta más comercial de “éxtasis”, los Paul Oakenfold, Trevor Fung, Nicky Holloway, Ian Saint Paul, Danny Rampling y Johnny Walker regresaron a casa con cierta memoria de lo que habían vivido, tanto en términos de ambiente como musicales. Y la mezcla de sonido balearic junto a los ritmos electrónicos que se venían desarrollando en Chicago y Detroit, servida por DJs como Alfredo y José Padilla, les llevó a ver la luz. Al poco tiempo, la experiencia había conducido a la fundación de clubs como Shoom, a cargo de Danny Rampling, mientras Paul Oakenfold promovía noches de espíritu ibicenco cuya popularidad no tardó en desbordarse. La cultura Acid House, pues, había tomado por asalto el Reino Unido con su profusión de smileys y una variante que iba a hacer furor: las raves, esas fiestas masivas e interminables que se celebraban en prados, almacenes y fábricas abandonadas, y de las que uno solo podía enterarse gracias al boca-oreja. En 1994, el gobierno inglés prohibió cualquier celebración en la que hubiera “música fuerte de carácter repetitivo”, pero la semilla había prendido en escenarios como el celebérrimo Ministry of Sound de Londres, y se disponía a mutar en estilos ya autóctonos, como el trip-hop y el breakbeat.

Esta influencia hispana en la cultura del otro lado del canal de la Mancha es solo una de las muchas curiosidades que Manu González, periodista musical de largo recorrido (aB, Go Mag, Blisstopic), además de encargado de dar la barba en el concurso de bandas ‘Bala Perduda’ de la sala Apolo barcelonesa y experto en cómics de esta casa, ha recopilado en su Dance Electronic Music (Ma Non Troppo), un recorrido por la “historia, cultura, artistas y álbumes fundamentales” de la variante bailable de la música realizada con instrumentos electrónicos. Y, para acompañar el texto, un pequeño gran obsequio: una lista de más de seiscientos temas que, Spotify mediante, permite efectuar un recorrido sonoro de 62 horas de duración por tan festivo género.