La resistencia poética de Maya Angelou

Hits: 1437

 

texto NATALIA NOGUERA  foto FLICKR YORK COLLEGE ISLGP

Libros del Asteroide publica el clásico de la literatura universal, 'Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado'.

Maya Angelou publicó en 1969 Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, el primero de los siete volúmenes de su autobiografía. Narraba allí su infancia y los obstáculos tremendos que debió sortear hasta convertirse en una mujer independiente. Hizo un retrato de la población negra del sur de los Estados Unidos, con todas sus cuitas, sus dificultades y sus bondades. Angelou dio una forma poética a su prosa, y dotó de musicalidad a su relato. 47 años después, la editorial Libros del Asteroide publica una nueva traducción a cargo de Carlos Manzano. Y si hay en este texto una conclusión desafortunada que pervive hasta hoy (contrastada, por supuesto, a sus virtudes), es que el racismo no ha muerto.

La actualidad de su biografía sorprende. Angelou refleja el sentir común de un pueblo y, aunque ciertas cosas han cambiado a lo largo de los años, es suficiente con dar una mirada general a las noticias de los Estados Unidos sobre enfrentamientos entre la policía y poblaciones negras para entender que hay ciertas cosas que sobreviven al paso del tiempo. La escritora norteamericana expía parte de esta rabia de una raza que ha sido esclavizada y señalada por ser diferente. Página tras página, Angelou parece explicarse a sí misma el racismo, las razones por las que de niña quería ser rubia de ojos azules y tez blanca, y por qué se soñaba como una princesa de pelo liso, sedoso y no como una niña negra de “crespa maraña”. Esta imagen, la de querer ser como las mujeres que representaban el ideal de belleza y virtud, se repetía su intimidad. Hasta que asumió su identidad y entendió que estaba bien. 

Angelou narra un episodio escabroso que tuvo lugar a sus 8 años. Ella, niña aún, se sentía culpable y estaba asustada. Su padrastro la había sentado en su regazo. Le había ordenado que se bajara las bragas. Sin piedad, pero con saña y encono, la había violado. Su amenaza la hacía callar: si contaba a alguien lo que había pasado, mataría a su hermano. Angelou decidió hablar. Se hizo un juicio contra el agresor y, aunque ella ganó, su victimario quedó libre. Entonces, la comunidad tomó justicia por sus propias manos. La niña creyó que la muerte del violador era su culpa. Al lector no le queda más que sentir impotencia, empatía y entender la humanidad o la falta de ella, como solo la literatura es capaz de contar.

En esta primera entrega, Angelou relata su historia hasta sus 17 años, es decir, desde 1928 hasta 1944. Empieza cuando ella y su hermano Bailey viajaron en autobús desde California hasta Arkansas. Tenían 3 y 4 años, respectivamente, y sus padres los habían enviado solos a vivir con su Yaya y su tío, quienes estaban a cargo de una tienda en el pueblo de Stamps. Años después su padre los recoge para llevarlos a San Luis, en donde vivirán con su madre y el futuro violador de Maya, el señor Freeman. Desde niña, Angelou disfrutaba de la lectura y la poesía tuvo un profundo efecto en ella. Así mismo, encontró en los cantos religiosos que se compartían en la iglesia una forma de comunión y emancipación entre los asistentes a la iglesia. Pero también, se topó de frente con las expresiones más crudas del racismo, como la de un dentista que se negó a atenderla: “Mi norma es la de que prefiero meter la mano en la boca de un perro que en la de un negro”.

Contando la primera parte de su vida, la escritora fallecida en 2014 conquista al lector con una historia honesta, llena de pensamientos profundos sobre el propósito de la existencia y la sencillez de los deseos humanos. Un clásico que se mantiene más vigente que nunca.