Rosa Montero, en carne viva

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texto ANTONIO ITURBE  foto ASÍS G. AYERBE

La nueva novela de Rosa Montero nos sitúa en una de esas encrucijadas de la vida a las que nos llevan sus libros. Tras habernos asomado a un futuro próximo y rabiosamente verosímil junto a su replicante de combate Bruna Husky en El peso del corazón, vuelve a nuestra época en La carne con otra protagonista que lucha igualmente contra el paso del tiempo. Soledad empieza a llevarse mal con los espejos al doblar la esquina de los sesenta años. Acostumbrada a ser ella quien abandona, no lleva nada bien que la deje plantada su último amante y se le ocurre la travesura de contratar a un acompañante joven y guapísimo en una página web de gigolós para que la acompañe a un estreno de la ópera y ver la cara que pone su examante. No contaba con que un incidente inesperado iba a acercarla a ese hombre que la atrae como un plato de natillas a un niño goloso. Ya sabe que no le conviene, que pagar por sexo es un negocio que te arruina económica y moralmente… pero el cuerpo tira de ella como una locomotora sin frenos. El cuerpo nos condena, pero en una conversación nos dice que “el cuerpo es el enemigo y el amigo. ¡Porque también es la gloria!”. La maldita carne… ¡la bendita carne!

 

 

Junto a Rosa Montero, en el número de septiembre de Librújula viajamos hasta Castilfrío, el retiro soriano de Fernando Sánchez Dragó, que, al filo de sus 80 años, ofrece sus conocimientos y pastillas predilectas para estar hecho un Tarzán en Shangri-la, el secreto de la eterna juventud (Planeta). En el cabecero de su cama, en lugar de un crucifijo, hay un cuadro del Kama-Sutra.

José Sanclemente nos habla de otros secretos a los que nos asomamos en Ilusionarium (Roca), un adictivo thriller ambientado en el mundo de la prestidigitación con un protagonista periodista de la vieja escuela. Adictivo, adictivo.

El director de Change.org, José Antonio Ritoré, comenta el libro de Theodore Dalrymple Sentimentalismo tóxico (Alianza), en el que el ensayista critica la blandenguería sentimental de estos tiempos. El profesor de literatura Javier Aparicio desgrana las claves de De la ligereza (Anagrama), el nuevo libro de Lipovetsky, uno de los pensadores contemporáneos más influyentes, preocupado por la superficialidad de los tiempos que corren. Varios libros también nos hablan de los que no soportaron ni el peso ni la levedad de su época y decidieron quitarse de en medio, huir del mundanal ruido y escaparse: lo explica el sociólogo David Le Breton en Desaparecer de sí (Siruela) y entrevistamos a la escritora Sue Hubbell, que narró en Un año en los bosques (Errata Naturae) su experiencia de vivir aislada en las montañas de Missouri y habla con sorna de los domingueros campestres “del pelotón de las botas Timberland”.

En el Museo de la Evolución de Burgos topamos con el cráneo privilegiado de Javier Gomá, en la Barcelona gótica paseamos con Ildefonso Falcones –que trae bajo el brazo una segunda parte de La catedral del mar titulada Los herederos de la tierra– y desde Reino Unido nos responde uno de los escritores más concienciados del momento, Patrick Flanery, que publica la excelente Tierra hundida (Galaxia Gutenberg). Además, en la Plaza de la Revolución de Barcelona juntamos a dos soñadores irredentos: nuestro colaborador Antonio Baños y el eterno anarquista Paco Ignacio Taibo II, que publica Que sean fuego las estrellas (Crítica), sobre los agitados inicios del siglo XX.

El negrísimo Dennis Lehane, el retorno de Harry Potter en versión teatral, las reflexiones del premio Nobel de física Richard Feynman o las memorias del exfutbolista Miguel Pardeza vistas por Antón Castro son otras de las estaciones donde se detiene este número de la rentrée de Librújula.