Somos algo más que nuestro cerebro

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texto   JOSÉ ÁNGEL LÓPEZ

En 'Yo no soy mi cerebro, Filosofía de la mente para el siglo XXI' Markus Gabriel defiende una conciencia más humana y menos anatómica.

Atrapados en la posmodernidad desde numerosos ámbitos académicos y disciplinas científicas -otras, no tanto- nos muestran en extremo dependientes de una suerte de “encierro cerebral” que nos coarta cualquier tipo de independencia de criterio, interpretación o percepción de la realidad. La corriente filosófica denominada como Nuevo Realismo, cuyo manifiesto fue publicado por Maurizio Ferraris en el año 2012, aboga por una filosofía que, sin renunciar a la “realidad científica”, sea complementada, condicionada y hasta cuestionada.

Markus Gabriel -ilustre representante de esta corriente- presenta una tesis principal, aunque no única, en este ensayo: somos algo más que nuestro cerebro. Apoyándose en la denominada concepción o filosofía del espíritu, defiende la capacidad humana de equivocarse y hasta de ser irracional. Es decir, el individuo posee un margen de libertad espiritual que nos hace independientes y falibles. En esta línea, su principal ataque va dirigido contra el neurocentrismo y sus precursores –el estructuralismo y el postestructuralismo- que, a juicio del autor, identifican el Yo con el cerebro. Si estuviésemos en manos de nuestro cerebro en el gobierno de nuestras decisiones y no participase también el espíritu humano, estaríamos negando el libre albedrío. Por tanto, la igualdad Yo=Cerebro, tesis básica del neurocentrismo, se presenta como una condición necesaria pero no suficiente. Por ejemplo, el lenguaje, cuya existencia y necesidad no sería explicable -como otros tantos hechos culturales- sin la interacción social propia de los individuos, pese a tener una capacidad cerebral para su desarrollo.

Las relaciones que se establecen entre el cerebro y la mente son abordadas por la filosofía del espíritu desde hace mucho tiempo, como una variante del clásico tema filosófico de la relación entre el cuerpo y el espíritu o el alma. La ilustración mediante el sometimiento a los dictados de la ciencia-propia del neurocentrismo- soslaya la tesis de Gabriel en torno a la mente como facilitadora necesaria de una imagen de sí misma, produciendo un conjunto variado de realidades espirituales: “la gama de producción de realidades espirituales alcanza desde una comprensión más profunda de nosotros mismos en el arte, la religión y la ciencia (que incluye las humanidades, las ciencias sociales, las ciencias naturales y las técnicas) hasta diversas formas de ilusión: la ideología, el autoengaño, la alucinación, las enfermedades mentales y otras. Disponemos entre otras cosas de conciencia, autoconciencia, pensamiento, un Yo, un cuerpo, un inconsciente, etc.” Conceptos que Gabriel considera “elementos de una imagen que el espíritu humano se hace de sí mismo”

En tiempos en los que prolifera el culto a la neurociencia -producto de unos avances científicos de indiscutible alcance y de dimensiones futuras desconocidas- algunos autores, como el reseñado, se resisten a que el individuo quede reducido a una programación cerebral desde su nacimiento. Ensayo muy sugestivo y estimulante, a la vez que provocativo. Pero ¿qué debería ser si no la filosofía?