La revolución que (casi) cambió el mundo

 

texto   José Ángel López   Foto: Archive

 

2017: entre el XXV aniversario de la desaparición de la Unión Soviética y el Centenario de la Revolución Rusa

 

Atrapados entre estas dos conmemoraciones encontramos en el mercado editorial una variada e interesante aportación bibliográfica, desde diferentes perspectivas, a estos dos acontecimientos de primera magnitud que jalonaron-por sus consecuencias- el principio y el final del pasado siglo XX.

Sheila Fitzpatrick, especialista australiana en la historia de la Unión Soviética, ha publicado por primera vez en español El Equipo de Stalin (ed. Crítica) en el que realiza un repaso a lo que subtitula como los años más peligrosos de la Rusia Soviética, de Lenin a Jrushchov. En este brillante ensayo analiza la komanda, el equipo, era el grupo que rodeaba el liderazgo-prácticamente omnímodo- de Stalin. Formado a principios de la década de los 20 para enfrentarse a sus principales opositores (Trotski, Zinóviev y Kámenev) estuvo formado por cerca de una docena de personas después de la muerte de Lenin. Diseñado para conseguir y mantener el poder, consiguió su objetivo hasta que se desmanteló completamente por Jrushchov en 1957, cuatro años después del fallecimiento de Stalin. El equipo sufrió cuatro modificaciones por fallecimientos, lo que propició la entrada en el mismo del propio Jrushchov; también padeció las purgas pero en líderes marginales. La principal aportación de este libro reside en el análisis histórico de otras figuras políticas que, en la mayoría de las biografías de Stalin, ocupan un papel residual o inexistente.

Con una originalidad temática inusual en estos temas nos encontramos con el libro Proletarios de todos los países…¡Perdonadnos! (ed. Clave Intelectual/Eudeba) de Tomás Várnagy. Desde la perspectiva del humor y la sátira en este tipo de sociedades del denominado socialismo real se intentó acabar con el dogmatismo y la falta de imaginación del totalitarismo. Como recoge el autor en dos citas de Bertolt Brecht y Gogol-respectivamente- no se debe combatir a los dictadores, hay que ridiculizarlos, e incluso aquel que no le teme a nada, le teme a la risa. Con estas hipótesis, Tomás Várnagy dedica los tres primeros capítulos del libro a revisar las diversas teorías del humor, del humor político y del humor político comunista (en la esfera pública y privada, sobre la estupidez, en torno a Occidente, el humor judío, sobre Reagan y Gorbachov) Los dos siguientes apartados periodizan los chistes por etapas soviéticas y líderes, extendiendo el tema a los diversos países de Europa oriental. La deslegitimación del sistema era una de las principales funciones del humor, pero no la única. La intensidad mostrada por la oposición incrementaba los chistes cuantitativa y cualitativamente. La diversión descontrolada socavaba las bases mismas del sistema. Un estudio muy interesante de las vertientes sociopolíticas del humor, no exento de divertimento.

Para los apasionados a la historia política y cultural de Rusia y de la Unión Soviética Hélène Carrère D´Encausse ha sido siempre una referencia francófona en la especialidad, acumulando además todos los honores académicos en la República Francesa. Sigue siéndolo pero la personalidad literaria de su hijo hace que ahora se la conozca por ser la madre de Emmanuel Carrère. Acaba de aparecer la edición española se su último libro Seís Años que cambiaron el mundo. La caída del imperio soviético (1985-1991) (ed. Ariel) En el mismo revisa la personalidad del líder que protagonizó este acontecimiento que significó, de facto, el cierre del siglo XX. Gorbachov pasaba inicialmente por ser un continuista del sistema pero, muy pronto, desplegó su política de transparencia-glasnost- y un aperturismo reformista que, finalmente, no pudo o supo controlar. La reforma de la estructura política precedió a lo que posteriormente debía ser un cambio del esclerotizado e ineficiente sistema económico. Es decir, al contrario de lo acontecido en China prácticamente en el mismo período. El análisis del problema de los nacionalismos-del que Carrère es una especialista- ocupa buena parte del libro. Los secesionismos periféricos, encabezados por las Repúblicas Bálticas y seguidos miméticamente por el resto de las federaciones, acabaron por socavar los cimientos del debilitado edificio soviético. Entre 1990 y 1991, con intentona golpista en agosto de este último año, escenificaron la derrota del proyecto del Homo Sovieticus, del propio Gorbachov, y el ascenso de la figura ya emergente de Boris Eltsin. A juicio de la autora ambos protagonistas buscaron reubicar a Rusia, como potencia europea en un contexto en el que, a la luz de los actuales acontecimientos, parece que más bien lo está consiguiendo Putin mediante la extensión de un conjunto de conflictos “congelados” en sus fronteras exteriores coincidentes con las de la antigua Unión Soviética.

Uno de los principales instrumentos imprescindibles para el mantenimiento del orden soviético era la temida KGB. En Vecinos cercanos y distantes. Nueva historia del espionaje soviético, de Jonathan Haslam (ed. Ariel) este reputado especialista rompe la tradicional tendencia a concentrarse única y exclusivamente en el KGB, como servicio de inteligencia civil, para extender la investigación también a la GRU, responsable de la vertiente militar. Partiendo de cero, tanto Lenin como especialmente Stalin, tuvieron que crear ex novo todo un aparato que rompiese los antiguos servicios secretos zaristas. Pensados inicialmente para apuntalar la revolución y superar el aislacionismo, también pretendían trasladar al exterior la imagen de una potencia, sobre todo militar, que no se correspondía con la debilidad provocada por la contienda mundial y civil sufrida. Trabajo de investigación riguroso, alimentado por la consulta de nuevos fondos bibliográficos y archivos documentales recorre todo el período soviético hasta acabar en el momento actual en el que, a juicio de Haslam, la inteligencia rusa absorbió a los servicios secretos adecuándolos a su nuevo papel-no olvidemos de donde venía Putin-.

Desde un punto de vista histórico literario, aunando sus dos principales facetas, amén del periodismo, Philipp Blom abarca en La fractura. Vida y cultura en Occidente (1918-1938) (ed. Anagrama) las dos décadas del período de entreguerras que ocupan la Revolución Rusa y la creación y consolidación de la Unión Soviética. Mezclando una suerte de breve relato histórico entreverado de acontecimientos reseñados desde el punto de vista de la cotidianeidad individual Blom consigue un relato ameno de todo un torbellino de episodios que-solo en el tema que aquí nos ocupa- que van desde el proceso de industrialización posrevolucionario, con la visión utópica del Homo Sovieticus como parte de una máquina perfecta-de Dziga Vértov- a imagen del Tiempos Modernos de Chaplin- pasando por las hambrunas provocadas por la colectivización; imágenes con la foto del dictador amable cogiendo en brazos a su hija Svetlana-cuya relación ya conocemos como terminó-o la represión política de los miembros de la Intelligentsia, con protagonistas en bandos enfrentados como Gorki y Ósip Mandelstam. Muy recomendable en el relato de años apasionantes con el auge del fascismo y nazismo en el mismo escenario.

Por último, desde una vertiente novelística, acaba de publicarse la obra del inefable Curzio Malaparte, Baile en el Kremlin y otras historias (ed. Tusquets) La trayectoria política del autor, que pasó del fascismo al coqueteo con el comunismo constituye, en sí misma, un ejemplo del signo de aquellos tiempos. Fruto de su experiencia personal tras un viaje a la Unión Soviética estalinista en los momentos inmediatamente anteriores a las grandes purgas, nos presenta un fresco de Moscú en 1930 pero recreándose en la beautiful people del régimen, en la Nomenklatura. La revolución se había convertido en el aburguesamiento de los líderes que disfrutaban de los privilegios que carecía una sociedad empobrecida. Además desfilan personajes del mundo cultural y literario que ya presagiaban o padecían la persecución del régimen. El autor anticipa en este texto el despliegue del Gran Terror que se cernía sobre el Kremlin y sobre toda la sociedad soviética.

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