La biografía que se le debía a Montserrat Roig

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Texto:   Redacción

 

Betsabé García hace un completo retrato de esta escritora, periodista y activista que tanto peleó por los derechos de las mujeres en “Con otros ojos”

 

¿Por qué “Con otros ojos”?

Es más difícil explicarlo que apreciarlo. Desde luego el título hace referencia a las tesis de la “otredad” que surgieron en los 60, justo cuando Montserrat Roig estudiaba en la universidad. Para intentar explicarlo de forma breve, esta idea filósofica partía de la puesta en duda del sujeto que se tiene en la cabeza cuando se habla de forma general. Es decir, cuando se crean leyes, cuando se escriben constituciones, cuando uno dice porque “la gente es…”, ¿en quién se está pensando? Básicamente, parece que siempre se piensa en un sujeto que hombre, blanco, de clase media, heterosexual y occidental –“cristiano”, si se quiere-. Las tesis de la “otredad” sacaron a la luz la idea de que la mayoría de las personas no se corresponden a este sujeto “general”, de que hay mujeres, de que hay gente de muchas razas y culturas, de que la mayoría somos trabajadores, de que hay homosexuales, etc. por lo que, por primera vez, todas estas “diferencias” trajeron a la literatura, al pensamiento, estas “otras” personas cuyas voces habían sido sistemáticamente ignoradas y silenciadas. El feminismo adquirió, como es lógico, una fuerza tremenda a partir de esa década y fue parte esencial en el desarrollo de esas tesis. Montserrat Roig las conocía perfectamente, estaba en el meollo, en el momento de esplendor de esa nueva manera de pensar que circulaba por toda Europa y en EE.UU. Las leía, y, de hecho, fue su interés por esos “otros” lo que marcó toda su trayectoria, tanto en la creación literaria como en su labor como periodista. Observó su entorno tal y como era, sin filtros. Y esa forma de pensar, evidentemente, nutrió su visión crítica sobre todo lo que se consideraba lo “normal”, lo cuestionaba. “Con otros ojos” es una frase breve, concisa, que la define. La visión que nos aportó de la “realidad” fue lo que la convirtió en lo que fue y en lo que es. Ahí están sus libros para ejemplificarlo. Ella miraba diferente, porque quería entender.

 ¿En qué aspectos de su vida consideras que este libro aporta una nueva luz?

Pues creo que en muchísimas cosas. Primero, ver a una Montserrat Roig que está en sintonía desde muy joven con lo que sucede en Europa. Que se trata de una mujer cosmopolita, de carácter artístico. Por ejemplo, permite saber cómo aprende en Venecia lo que es una entrevista, lo que es buscar a las personas interesantes que pueden ofrecerte luz sobre una determinada cuestión, que en ese instante, para ella, era el teatro. Vemos a una Montserrat Roig en Italia, a finales de los sesenta, donde da comienzo con sus ejercicios de estilo, a trabajar sobre sus técnicas descriptivas. Aprende a mirar, y a construirse un estilo literario propio basado en la mirada crítica hacia su entorno. Otro aspecto es ver a Montserrat Roig en su contexto, en las décadas que le tocó vivir. Nos permite conocer, por ejemplo, que efectivamente recibió la noticia del premio Víctor Català –que iba a marcar un antes y un después en su vida- cuando estaba en el Monasterio de Montserrat, encerrada junto a otros intelectuales, protestando contra los procesos de Burgos, pero que eso tiene una trascendencia considerable, sobre todo cuando se sabe que esos otros intelectuales que estaban allí con ella eran la crème de la crème de la intelectualidad barcelonesa del momento, a los que se conoció como la Gauche Divine. Eso supuso una entrada triunfal en la sociedad literaria, y fue el lugar donde conoció a Castellet o, mejor dicho, donde Castellet la conoció a ella. También, se habla de algo que se ha comentado muy poco, que es su repercusión internacional como novelista, ya en la década de los ochenta. Es una mujer que se mueve muchísimo, inconformista, y con una capacidad de trabajo descomunal. Desde luego, creo que el capítulo del making off de su obra magna, Noche y niebla: los catalanes en los campos nazis, es crucial en tanto que se trató de un libro que reconstruye un capítulo europeo de nuestra historia, que sacó a la luz la parte que nos tocó en el Holocausto. Un proceso que todavía no se había explicado. Es decir, por primera vez podemos saber cómo Montserrat Roig llegó a elaborar esa obra. También su papel activo durante la Transición por, efectivamente, llevar la democracia a las instituciones, como ocurrió en el Ateneu Barcelonès, o su participación y adhesión a los movimientos feministas, etc. En resumen, la biografía aporta nueva luz sobre las cosas que ya sabemos de ella al explicar de dónde salen y cómo evolucionaron, y también aporta información sobre otros aspectos menos conocidos que, en el contexto actual, resultan de principal importancia. Es un relato lineal, continuado, de lo que fue su vida, su trabajo, su formación, su evolución, su literatura, su forma de entender el mundo y de vivir un momento histórico no tan lejano y tan destacado de nuestra historia. Es su biografía.     

Se consideró en la época a Montserrat Roig una especie de extremista de izquierdas equiparable a lo que hoy se diría de un antisistema, sin embargo explicas la importancia del núcleo familiar de los Roig Fransitorra incluso que “era una mujer muy familiar”… ¿Hay una visión distorsionada de ella en ese aspecto?

Bueno. Realmente no creo que sea comparable con un “antisistema”, básicamente porque ha llovido mucho desde entonces y algo como “antisistema” es un concepto muy actual todavía sin esclarecer. Por decirlo rápido, lo que hoy se conoce como “antisistema” es una etiqueta que, en realidad, se forjó a partir de los medios de comunicación, es decir, no obedece a ninguna filosofía concreta como los “anarquistas”, por poner un ejemplo. Desde luego que parece que tiene su raíz en los movimientos antiglobalización que empezaron a surgir en los noventa, a raíz de las teorías de filósofos como Toni Negri, pero Montserrat Roig ya había desaparecido cuando empezó todo este movimiento. Es preciso verla en su contexto. Ella era –como todo el mundo sabe- antifranquista y sus padres también eran antifranquistas. Desde luego, el mundo en que vivieron sus padres y el suyo eran dos cosas diferentes. Sus padres vivieron la República, la guerra y la inmediata posguerra, a ella le tocó un momento de reacción contra la dictadura que empezó en las universidades a finales de los 50, y esa reacción se activó desde los partidos políticos de la clandestinidad, que eran lógicamente de izquierdas. El PSUC fue un pieza clave en este sentido, porque resultó ser la única escuela de democracia para su generación. Cuesta imaginar lo que es vivir en un país sin elecciones, sin partidos, sin discusión política, especialmente para los que ya nacimos en democracia, pero así era. Sus padres vivieron otra cosa. La formación política de Montserrat se forjó con una organización activa que pretendía desmantelar las estructuras de las instituciones totalitarias desde dentro, como el SEU. Evidentemente hubo una ruptura generacional con su padre durante sus años universitarios, en su juventud, una actitud de rebeldía que la llevó a romper con el catolicismo, a pesar de que su padre era un hombre creyente. Y también criticó mucho la puesta en escena de la Gauche Divine, de la calle Tuset, etc. en la zona alta barcelonesa. Aquello coincidió con sus años universitarios. Era una mujer comprometida y responsable, y antifranquista, pero eso no quita que fuera una mujer familiar. Quiero decir, no hacía falta ser franquista para ser familiar. Ella se casó y tuvo un hijo, y después tuvo otro. Quería tener una familia y la tuvo. Sus padres eran de talante liberal. Y ella era también una liberal que políticamente se formó en las filas de la izquierda clandestina. De hecho, Albina, su madre, la ayudó mucho toda su vida. Podían tener opiniones distintas en un momento dado, claro, pero Montserrat era escritora como sus padres, y como su hermano. Además, tuvo un gran interés por el teatro, como su padre y como su hermana, que fue actriz. Y, desde luego, en cuanto a su propia familia, ella desde muy joven quería tener hijos.    

 “Su curiosidad no se agotaba nunca”… ¿Es uno de sus rasgos fundamentales?

 Totalmente. Lo quería saber todo. Quería entender.

En su aventura soviética la disculpas comentando que en aquellos años 80 no se conocía al detalle los crímenes de Stalin. Pero tampoco se ignoraban. ¿Por qué crees que una mujer tan crítica como ella, incluso con los de su propia cuerda como le pasó en el PSUC, fue condescendiente con los abusos soviéticos?

Yo no creo que fuera condescendiente ni creo que haga falta disculparla por nada. De hecho, su libro “Mi viaje al bloqueo” la dejó insatisfecha hasta el punto de que escribió “La aguja dorada”. En la biografía señalo incluso alguna de las diferencias, de los contrastes, entre uno y otro libro, pero lo cierto es que “La aguja dorada” es todo él, en general, un contraste con el otro. Lo escribió con los mismos apuntes que tomó durante su primer viaje a Leningrado, cuando fue por encargo de la editorial moscovita y, de hecho, “La aguja dorada” es uno de los primeros libros que fueron críticos con la Unión Soviética. Desde luego, fue un proceso de descubrimiento.

Cuando Montserrat Roig acabó su “Catalans als camps nazis”, en una de las entrevistas que le hicieron afirmó que ella no tenía intención de seguir llenando los huecos de nuestra historia -la cito literalmente- Su interés era escribir novela. A ella le encargaron, en “Mi viaje al bloqueo”, recoger los testimonios de los supervivientes al asedio nazi y lo hizo, e incluso batalló por incluir a una poeta prohibida como Ana Ajmátova o el testimonio de la madre que dejó morir de hambre a su hijo. En la “Aguja dorada” ya mostró muchas de las cosas que había visto allí, pero desde su contemporaneidad, desde su experiencia, desde su visión crítica, como periodista. Es un ensayo, no un trabajo de investigación, pero desde luego se trata de un ensayo crítico. Yo creo que, por lo que dejó dicho, no le interesó ponerse otra vez con lo mismo que había hecho sobre los nazis, ahora, con Stalin. Eso es otro trabajo considerable, que implica años de investigación en archivos, bibliografía, viajes, entrevistas, etc. en el que ella, seguramente –intuyo- no quería volver a meterse. Ella ya dejó dicho que no era historiador y además aquel libro fue un mal trago. Solo leerlo ya te provoca pesadillas, no quiero ni pensar lo que debía ser estar frente a estas personas contándote esas cosas. Y lo que no contó. Yo creo que ya hizo suficiente con todo lo que descubrió sobre las víctimas del nazismo y, desde mi punto de vista, creo que no tenía obligación de asumir, tres años después de finalizarlo, otro trabajo monumental de investigación. Pero sí, eso no quiere decir que no fuera crítica con el régimen soviético. Lo fue. A lo que reaccionó en su momento fue a ciertos intentos de minimizar el Holocausto excusándolo con los crímenes de Stalin. Ella conoció a las víctimas de los campos de exterminio. No se trata de una discusión política.

Nos han vendido los años 70 y la Transición como una apertura de mentes. Pero señalas que “tuvo que atravesar aquella década en un constante tira y afloja con los hombres que la rodearon”. Debió ser muy duro llegar a ocupar el lugar preeminente que llegó a ocupar en el periodismo siendo mujer…

Bueno, muchas mujeres se dieron cuenta de muchas cosas en esa década. De hecho, salieron a la calle a exigir sus derechos. El derecho a la contracepción, el derecho al divorcio, el derecho al aborto, el derecho a ser las dueñas de sus propios cuerpos. Fueron frentes abiertos en esa época que todavía duran y siguen ahí. Las mujeres despertaron, fue una “apertura de mentes” –si no nos limitamos a pensar en los hombres, blancos, de clase media, heterosexuales…-. Empezaron a exigir ser las únicas responsables de sus vidas, a decidir sobre ellas, a ganarse la vida, a tener el mismo sueldo que un hombre...Hubo un grupo de mujeres que consiguió labrarse un futuro profesional, pero fueron muy pocas y porque estuvieron muy en pie de guerra. Es cierto que en una sociedad patriarcal como la nuestra, en que la familia por línea paterna es definitoria de una persona, es decir, que se juzga mucho a alguien por quiénes son sus padres –especialmente el padre- de algún modo la ayudó. Montserrat Roig tuvo la suerte de ser la hija de Tomàs Roig, que era un hombre respetado. De hecho, en la biografía comento que se la presentó, cuando ganó el Premi Sant Jordi, como la hija y la hermana de otros dos escritores. Y ella ya era conocida. Pero, evidentemente, eso no es suficiente. Primero, sus novelas vendían. Tenía éxito. Era una autora que funcionaba. Tenía gancho entre el público, sus entrevistas gustaban… Y eso era respetable. Segundo, tenía una notoria inteligencia emocional, como diríamos hoy, sabía ganarse a las personas. Tercero, contó con el apoyo de una Maria Aurèlia Capmany. Tuvo un modelo de mujer libre a su alcance desde muy joven. Eso no es un detalle en la España de los sesenta, es algo muy importante tener un modelo de mujer diferente a la que ves cada día, una feminista como Capmany. Montserrat decía sus opiniones en voz alta, no se callaba ni se dejaba amedrentar. Y eso le costó expresiones públicas de rechazo. Pero respondía. Y eso se le valoró, más en ese contexto, ya en la Transición. Y desde luego también recibió críticas negativas.  

Le Monde reconoció a Montserrat Roig entre las escritoras catalanas con proyección, viajó por varios países… ¿Por qué siempre le costó tanto el reconocimiento en Cataluña?

 No le costó tanto. El Avui fue una tribuna importante para ella desde el momento de su creación. Recibió varios premios, el Sant Jordi, el Serra d’Or y empezó con premios en Catalunya. Y sus novelas se vendían, incluso antes de ser traducidas al castellano, en la década de los setenta. Era, además, una periodista con su sección de crítica literaria en el Tele/eXprés, un periódico muy moderno en aquel momento y escribía en otras publicaciones catalanas. Otra cosa es que el público lector en catalán fuera minoritario en aquellos años, pero eso lo sufrían todos los autores que escribían en catalán. Durante la década de los ochenta era una autora muy leída y conocida. Desde luego que el paso de los setenta a los ochenta supuso la desaparición de muchos intelectuales y artistas catalanes, sobre todo los que fueron activos políticamente, como Ovidi Montllor, por ejemplo. Hubo toda una renovación intelectual, pero ella supo reinventarse. Fue el momento en que su obra empezó a ser traducida al castellano y luego a otras lenguas. Y fue muy crítica con Jordi Pujol y no llegó a presentar, por ejemplo, ningún programa en TV3. Aunque se la invitó varias veces. Pero Catalunya es mucho más que Jordi Pujol. Era una autora apreciada por los catalanes. Yo misma recuerdo sus novelas en la mesita del salón de casa cuando era adolescente y Els catalans als camps nazis en la biblioteca de mis padres…

 Comentas que te hartaste de buscar financiación y al final tiraste por tu cuenta. ¿La situación que explicas de Montserrat Roig esperando unas becas que nunca llegan, sigue estancada 40 años después?

Bueno, hay becas que llegan y hay becas que no. Pero, otra vez, son contextos diferentes. Una cosa es cuando pides becas de estudios o de formación, tipo predoctorales o lectorados, etc. Otra es cuando buscas financiación para investigaciones, ya sea como subvenciones o ayudas por parte de entidades públicas o privadas. Desde luego, la cultura está bastante abandonada y no debería ser así porque es uno de nuestros puntos fuertes. Yo siempre digo que la cultura es como la salud, uno no sabe bien lo que es hasta que la pierde. Como la salud, la cultura es un derecho, no un privilegio. Pienso en el trabajo sobre los catalanes en los campos nazis que llevó a cabo Montserrat Roig, trabajando a la vez dando clases, escribiendo sus entrevistas, sus artículos…O en cómo escribía sus novelas, robando tiempo de aquí y allá, en un mes, encerrada en un hotel, después volviendo a la carga…Es cierto que llegó un momento en que se ganó bien la vida, pero pasó bastantes años preocupada por la situación económica. Desde luego, no creo que nadie pueda decir que no es importante o que es irrelevante saber que en este país hubo víctimas del Holocausto nazi. Creo que tenemos derecho a conocer en qué país estamos, nuestra historia. Y ese libro fue posible por la pura y simple buena voluntad y, más importante todavía, por un profundo sentido ético. Si esto no es importante, no sé yo qué lo es. Desde luego que en el franquismo, no solo no podía ni soñar en una beca o subvención, de hecho, ni tan solo pensaban publicarlo en España, claro está. Hoy la situación es diferente. Yo no tengo que lidiar con una censura, por ejemplo, que me haya prohibido publicar esta biografía. Pero sí creo que una biografía completa, estudiada, con una buena investigación detrás sobre un personaje como Montserrat Roig debería haber recibido más apoyo para que hubiera podido trabajar en mejores condiciones. Porque mis problemas y malos ratos he tenido, no creas. Por suerte, mi proyecto gustó a la editorial y se entusiasmaron enseguida. He procurado, además, que sea un libro ágil, fácil de leer, que enganche al lector y que se lo pase bien leyendo. Soy consciente de que tendré a lectores exigentes, porque muchos serán los lectores de Montserrat Roig. Y eso es nivel.  

 Ella preguntaba a los escritores por qué razón se dedicaban a ese oficio solitario y mal pagado de escritor. ¿Y por qué se dedica uno algo tan laborioso, mal pagado y poco reconocido como escribir biografías?

Yo me considero escritor en el sentido en que siempre he tenido una voluntad de estilo. No siempre he escrito biografías. He hecho otro tipo de libros, aunque siempre en el ámbito de la no-ficción. Por encargo o porque me interesa. Hace tiempo que creo que estamos en una nueva etapa ilustrada, una especie de segunda Ilustración. Tenemos hasta una nueva enciclopedia que lo ha revolucionado todo. Para mí, es tiempo de ensayo. Hay que ser ilustrados, sobre todo, con la que está cayendo. La biografía es un género al que le veo muchas posibilidades. Hay muchas técnicas narrativas, de la ficción, que pueden aplicarse a este género. Es, además, una forma personal, diferente, de acercarse a la historia, porque tienes que poder contar la historia y una perspectiva a la vez. Así que, tampoco sé decirte qué es lo que lleva a alguien a dedicarse a este oficio tan mal pagado y tan pocas veces reconocido. ¿Un profundo sentido ético? Tal vez. Quizás la necesidad de decir la verdad o, si no tanto, al menos, intentar reconocer la mentira. No lo sé.

¿Qué te ha aportado sumergirte en la vida, la obra y las emociones de Montserrat Roig?

Un reencuentro. En gran medida, porque he tenido que investigar sobre cosas que sucedieron no mucho antes de que yo naciera y también conocer más cosas de este país en la época en que yo era pequeña y adolescente. Desde conversar con personas de las que has oído hablar desde la infancia, o escuchar a gente de la que no sabía nada, pero que vivieron aquellos años. La lectura de sus libros, sus artículos y sus entrevistas. Ha sido como descubrir una solución de continuidad en una historia que se percibe a fragmentos. Conocer a Montserrat Roig te da una idea de lo que significa ser una mujer. Con errores, con aciertos… que el miedo no sirve para nada. A mí me gusta mucho una frase que le dijo a Joan Fuster en una carta, cuando luchaba contra los paternalismos. Ella se plantó diciendo que ella tenía sus opiniones, que venían de ella, y que si la pifiaba, era ella quien la pifiaba. Pues eso. Tal vez no es tan importante decir o hacer las cosas correctamente, sino que sean las cosas que uno realmente quiere decir o hacer. Creo que esa sería una buena definición de la libertad.

 

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