URSS: lo que el hielo se llevó

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texto SANTIAGO BIRADO 

El autor de “Zona restringida” Danila Tkachenko, retrata los fósiles tecnológicos de la Unión Soviética en la nieve, nos habla de su experiencia desde Moscú.

Antiguos edificios residenciales de una población polar desértica en otro tiempo especializada en investigación biológica; una antena troposférica para conexiones secretas hundida en la nieve; unnión Soviétidcaa remota población minera cerrada utilizada en la época soviética como campo de ensayo para bombas que se va desmoronando sobre el hielo; restos de cohetes espaciales deteriorados salpicados de escarcha oxidada; antenas parabólicas gigantes que iban a conectar La Unión Soviética con bases en otros planetas eternamente enmudecidas; restos de un puerto espacial inacabado cubierto de blanco... Tkachencko consigue llevar a sus imágenes el gélido silencio polar. Hay una solitaria tristeza en los restos de esos dinosaurios tecnológicos del siglo XX que se hunden en la nieve y el olvido de aquella URSS gloriosa que ahora parece un sueño borroso de invierno.

Danila Tkachenko es un fotógrafo ruso que a sus 27 años tiene ya detrás un mundo visual propio. Una pasmosa capacidad para hipnotizarnos con sus fotografías. Con su galería de ermitaños que vivían en medio de la áspera naturaleza rusa obtuvo el World Press Photo en la categoría de retrato. Su nuevo trabajo, reunido en este Zona restringida artesanalmente editado por la editorial Blume, habla del titánico esfuerzo humano por llevar adelante una utopía tecnológica que se ha convertido en distopía. Dice Tkachencko que “la raza humana siempre está intentando poseer más de lo que tiene y esa es la fuente del progreso técnico, el sentido de crear tanto artículos de consumo como las herramientas para ejercer la violencia con el objetivo de mantener el poder sobre los otros”.

Sus fotos vienen sin explicaciones ni anotaciones, pero podemos leer en todas ellas un esfuerzo inútil: “Yo viajo a la busca de lugares que solían tener una gran importancia para el progreso tecnológico y que ahora están desiertos. Esos lugares perdieron su significado junto con la ideología utópica que los acompañaba y que está ya obsoleta. Ciudades secretas que no pueden ser encontradas en los mapas, triunfos científicos olvidados, edificios abandonados. El perfecto futuro tecnocrático que nunca llegó…”

Cuando abrimos su libro nos lanzamos a buscar sus palabras introductorias, pero no hay ninguna. ¿Por qué?

No me gustan los libros de fotografía que empiezan con una descripción de lo que está en las fotos. En mi opinión, eso es muy aburrido. Creo que el texto y las imágenes deben interactuar con cada uno y crear nuevos significados, pero no han de servir como una explicación cerrada.

Encontramos en el arranque del libro, a modo de introducción, un extracto de La máquina del tiempo de H.G. Wells. ¿Por qué escogió un libro del siglo XIX para introducir un trabajo sobre nuestra época?

Me sirve para introducir la idea del desplazamiento en el tiempo y ver los logros de nuestra civilización con la perspectiva que nos dan los años y los siglos. Para decirlo de manera más clara: lo que quedará de las grandes ideas de la humanidad, de nuestras aspiraciones, de la era tecnológica una vez haya terminado. Uno de los motivos por los que he escogido exactamente esa novela es que el final del siglo XIX fue el momento del inicio de la industrialización y cuando hubo un vertiginoso crecimiento de ese progreso tecnológico que critico en mi trabajo.

¿Cuál es su relación artística con el mundo visual de la extinta Unión Soviética?

Para cualquier programa político es muy importante qué imagen visual expresa o representa su agenda política. Yo creo que para el poder soviético es el Cuadro Negro de Malevich, además de otros trabajos de artistas de la vanguardia soviética. En este sentido, el Cuadro Negro es mi trabajo artístico favorito. Por supuesto, yo entiendo que es una utopía absoluta, que es sin embargo todavía relevante hoy día.

Cuando vemos sus fotografías en Áreas restringidas quedamos hipnotizados. ¿Usted qué sentía cuando se plantaba en frente de esos monumentos de la soledad?

Había varios sentimientos al mismo tiempo. A veces sentía frío y hambre, a veces lo sentía como una aventura emocionante. Pero en la mayoría de los casos sentía una ansiedad nerviosa para finalizar el trabajo y conseguir el disparo de cámara antes de que el tiempo cambiara o sucediera cualquier cosa que me pudiera privar de fotografiar la imagen.

Explica que “el proyecto Áreas restringidas trata sobre el impulso humano hacia la utopía”. Si la utopía está condenada a convertirse en hielo y óxido, la vida puede resultar un lugar tristón. ¿Podemos seguir adelante sin utopías?

Realmente, no tengo respuesta, No espero poder dar respuestas cerradas sino lanzar preguntas. Creo que la humanidad se ha llevado a sí misma a un punto muerto de su propia evolución porque no va a poder controlar nunca más el desarrollo tecnológico y civilizatorio. Esta falta de atención y ausencia de auto-control puede fácilmente conducir a la muerte de la humanidad. Aunque, por otra parte, morir es normal.

Otro de sus trabajos fotográficos, Escape, también habla de sueños de gente que lo dejó todo para buscar una vida más auténtica. ¿Es esa escapada otra utopía?

Sí, pero podría decirse que es una utopía personal que en ese momento se realizaba. La utopía propia de uno mismo es factible, mientras que la utopía en una escala global suele tener consecuencias feas.

¿La escapada es un espejismo? ¿Podemos escapar de la fortaleza que hemos construido?

Encontré gente que había cambiado una ilusión por otra, pero esta segunda ilusión está más cerca de sí mismo, más autosuficiente. En general, creo que somos capaces de conseguir cualquier cosa si realmente creemos en ello.

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