¿Quién dijo que no hay tradición española en la Ciencia Ficción?

 

texto  Antonio Torrubia

 

 El cambio generacional le está sentando bien al género en nuestro país

 

 

En España hay tradición en CF. Algunos relatos anteriores al s. XV ya se dejaban entrever como viajes en el tiempo. Otros, anteriores al s.XVIII, rozaron la fantasía o la protociencia. Sin olvidar las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Pero hasta El Anacronópete de Enrique Gaspar y Rimbau (1887) no creo que se puede catalogar como verdadera novela del género que nos ocupa. Unas décadas después del pulp estadounidense que tuvo su máximo esplendor entre 1920 y 1940, en España surgieron La Saga de los Aznar del valenciano Pascual Enguídanos Usach (1953; firmaba bajo el pseudónimo de George H. White), El Orden Estelar de Ángel Torres Quesada (A. Thorkent) o las novelas de Domingo Santos o Tomas Salvador. A finales de los 70 y gracias a la revista Nueva Dimensión se mantuvo activo el género. Fueron surgiendo nombres que destacaban en décadas posteriores, hubo un resurgimiento en los 90, pero siempre a remolque del mercado anglosajón. Si quieren conocer todos los entresijos del género les recomiendo que lean Historia y antología de la ciencia ficción española de la colección Letras Populares de Ediciones Cátedra o las visiones de Alejo Cuervo en Exégesis, ensayo que regaló hace unos años el Día del Libro en librería Gigamesh (y descargable de forma gratuita de Lektu) o la de Miquel Barceló en Ciencia Ficción: La nueva guía de lectura, reeditado por Ediciones B en su sello Nova CF hace un par de años.

Personalmente en ciencia ficción prefiero historias bien formadas y mejor escritas, y que prime la acción y los personajes a la ciencia “dura”. Si tiene un punto oscuro o fronterizo con el terror mejor que mejor. El cambio generacional le está sentando bien al género y obras como las de Ismael Martínez Biurrun y su Un minuto antes de la oscuridad, editado en Fantascy, Disforia de David Jasso, que “comparte universo” con este y que editó Valdemar en su colección Insomnia o Pronto será de noche del gaditano Jesús Cañadas (Valdemar) son ejemplos de esa ciencia ficción. Limítrofe con el horror, pre o post apocalíptica, o incluso en mitad del mismo. Emilio Bueso puede que sea el máximo exponente de la CF actual, empezó con Noche cerrada y Diástole, dos piezas de terror, su siguiente novela fue Cenital, una novela distópica que daba aún más miedo que las anteriores, siguió con Esta noche arderá el cielo, un Biothriller Narcogótico Westernpunk. Volvió al terror con un drama cósmico “lovecraftiano”, Extraños eones y en 2015 publico sus relatos completos en la antología Ahora intenta dormir. Este año inicia su trilogía de Sword & Planet de nombre Los ojos bizcos del sol Libro 1: Transcrepuscular en la editorial Gigamesh y tiene pinta que será de lo mejorcito de 2017. Hacedme caso, que yo ya la he leído. Pugnando por el “trono” Guillem López, con La polilla en la casa del humo o Challenger (Aristas Martínez Ediciones) es otro de los autores que despuntan dentro del género. Este pasado verano el autor ganó el premio Kelvin a mejor novela de CF, repitió con el Ignotus durante la Eurocon y se adjudicó el Spirit of Dedication de la European Science Fiction Society. Ahora será traducido al italiano y en algún momento de este 2017 verá publicada su nueva novela. Otro de los aspirantes a sujetar el cetro de la ciencia ficción es el barcelonés Marc Pastor tras publicar Montecristo y ganar el Crims de Tinta con La Mala Dona, un punto de vista diferente a la trágica historia de Enriqueta Martí, La Vampira del Raval, ambientada en 1910 por la Ciudad Condal y con traducciones al castellano, italiano, francés, inglés y checo. Tras ella publicó L'Any de la Plaga/El Año de la Plaga (con adaptación cinematográfica que marcha viento en popa) y Bioko, dando el salto a Editorial Planeta (Ara Llibres en catalán). Y todo en un mismo metauniverso con conexiones más o menos discernibles. En febrero verá la luz Farishta (Ara Llibres/Catedral), que he tenido la suerte de leer y que profundiza aún más en esa historia cruzada, laberíntica y a la vez altamente disfrutable aunque no hayas leído ninguna de las anteriores. También nos encontramos con Daniel Ausente y sus lovecraftiana y decadente Mataré a vuestros muertos o el thriller cyberpunk Hijos del Dios Binario, del gaditano David B. Gil, editado el pasado marzo de 2016 por Suma de Letras y que va a caballo entre las novelas de Stieg Larsson y Blade Runner. Como colofón, hace un par de veranos Ricard Ruiz Garzón juntó a 12 autores de lo más granado del genero para publicar una antología de nombre Mañana Todavía. Una docena de narraciones distópicas cortas que, para mí, dio el golpe en la mesa demostrando la buena salud del género español. En esta recopilación de relatos, nos encontramos que puede haber paridad y, muy acertadamente, Ricard alterno los relatos de autores reputados como Félix J. Palma, Juan Jacinto Muñoz Rengel, el mismo Emilio Bueso o Marc Pastor con los de Laura Gallego, Susana Vallejo, Elia Barceló Rosa Montero logrando la mejor antología de género en lustros.

Como vamos con años de retraso en esto de la CF comparados con el mercado anglosajón, verán que hasta ahora no había nombrado a ninguna autora de género. Y sí que las hay: Elia Barceló o Susana Vallejo han armado grandes historias, y en terror y fantástico escritoras ya consagradas como Pilar Pedraza, Cristina Fernández Cubas o nuevas como Concepción Perea, Aranzazu Serrano Lorenzo, Laura Fernández, Mariana Enríquez o Tamara Romero empiezan a sonar, superando en sus sellos las ventas de muchos de sus compatriotas masculinos. Para darle aún más visibilidad, la antología digital Alucinadas con su concurso de relatos sólo para mujeres y acciones por redes sociales acaecidas durante los últimos meses como La Nave Invisible y sus #LeoAutorasOct o el #AdoptaUnaAutora que acaba de empezar nos hacen ver que no todo el “campo es de nabos”. Fuera de España tienen a Ursula K. LeGuin, Connie Willis, Lois McMaster Bujold, Anna Starobinets, Karin Tidbeck, Lauren Beukes, Aliette de Bodard, Kameron Hurley o N. K. Jemisin. Aquí estoy seguro que en pocos años tendremos unas cuantas novelas de Space Ópera, Cli-Fi o cualquier subgénero “cienciaficcionero” de calado y que gane todos los premios.

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