Martín Casariego insufla aire clásico a Lavapiés

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texto PACHI ARROYO

Publica nueva novela: “Como los pájaros aman el aire”.

La última novela de Martín Casariego (1962) cuenta una historia de amor. No es raro. Es un novelista que tiene fe de carbonero en los sentimientos, y logra que sus lectores se pongan con él a repartir hulla. Desde su debut, Qué te voy a contar, la novela con la que ganó el Tigre Juan (de la que fui esparciendo ejemplares por el mundo, como si de un evangelio de la buena vida y el buen humor se tratase): Rosemary se llamaba la protagonista de unapasión juvenil, que, allá por los lejanos ochenta, conducía a su devoto amante por la alegre senda del ridículo, que no por la de la abnegación. En su obra más ambiciosa (¿quizá no la más lograda?), La Primavera Corta, El Largo Invierno narra Casariego la frustración de un amor breve, tan bien plasmada en el título. Su único ensayo publicado es El Amor en la Literatura. En fin, un experto.

Tienen los amores de Don Martín dos notas antagónicas, a primera vista,pues son amores redentores y destructivos, acaso porque son fruto, tantas veces, de la danza entre el amor y la muerte. En realidad, un baile tan viejo como la literatura. Pero esto tiene que ser dicho: los zarandeados personajes de las historias románticas de Martín Casariego, contemporáneos, madrileños y familiares, son los héroes más puros con los que uno se ha encontrado en la novela española de hoy. Héroes clásicos que se asoman a una vida más valiosa a través del amor, que les envuelve, “como el mar quiere a su agua”, según el verso de Salinas, del que es brillante eco el título de la obra.

En uno de los pasajes más hermosos de La Eneida, Eneas abandona Troya en llamas con su padre, Anquises, a la espalda y de la mano de su hijo niño, Ascanio. El paso de las generaciones a través de la conciencia del héroe piadoso queda reflejada en esa potente imagen. El protagonista de Como los pajaros aman el aire se ha quedado sin espalda que ofrecer, porque su padre ha muerto y apenas puede enlazar la mano de su hijo, a causa de un divorcio. Fernando, el nuevo héroe, ha vivido ya, ha creado sus lazos y ha desatado sus nudos. Muestra su piedad en el dolor por esas ausencias que le determinan; a tal punto queel acarreo de la memoria del padre, el duelo, convertido en reto artístico, vertebra todo el relato. Y en esas aparece Irina. No diré más.

Martín Casariego, con los años, se ha hecho un virtuoso del arte narrativo y aplica, con elegancia, la regla de Chejov, de modo que cada detalle encuentra con posterioridad su sentido pleno. Son anuncios que no interrumpen el reguero de lo que se cuenta, sino que ofrecen pistas y emociones paramás adelante.  El final es un ejemplo magnífico de ese recurso. Las hermosas citas bíblicas, que recorren todo el libro, realzan el papel del destino. Suelen tener las novelas de Casariego, con la excepción, acaso, de La Primavera… unas cuantas citas muy bien escogidas. Ha cambiado las tornas de sus fuentes: empezó con el Harper´s Bazaar en Qué te voy a contar y ahora está con La Biblia.

Como los pájaros aman el aire es una novela emocionante que insufla aire clásico a Lavapiés. No me extraña que a Luis Alberto de Cuenca le haya gustado mucho.