Un elixir que ríete de la Viagra

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texto y foto ASÍS G. AYERBE

Fernando Sánchez Dragó ha celebrado sus 80 años con el libro ‘Shangri-la. El elixir de la eterna juevntud’ (Planeta) y unas pastillas que van a ser la bomba (de testosterona).

Tomamos camino Soria para visitar a Fernando Sánchez Dragó en su retiro castellano. Castilfrío es una pequeña población entre campos y arboledas por donde se pasean los corzos, con un vecino poco convencional. Él ha bautizado su refugio como Kokoro, que quiere decir “corazón” en japonés. La casa de Dragó es una especie de museo extravagante en el que da el recibimiento a los visitantes una enorme cabeza de Buda sobre la fachada. También, un despliegue de azulejos con mensajes a tener en cuenta, entre ellos el de “visita no concertada, visita no deseada”.

Tenemos cita y nos recibe con su clásica sonrisa de pícaro. Explica que la advertencia del azulejo es porque han llegado a presentarse incluso autocares llenos de gente a la puerta de su casa, como si fuera una atracción turística. Lo dice aparentemente indignado, pero en el fondo todo esto le divierte. La gente acude porque esta casa, comenta, “es una extensión de mi obra literaria”. Aunque el principal reclamo es él. Y esto le divierte más todavía. Ser protagonista es algo que le funciona. Finalizó la temporada de Libros con uasabi, el programa de La 2 sobre libros que presentaba, entrevistando a su escritor más admirado: él mismo.

Tiene en casa un ataúd, lugar de meditación y quizá su último transporte: lo más llamativo es que el ataúd está rodeado de sus premios, pero nos advierte, medio en serio medio en broma, que “solo de algunos, porque si los pusiera todos lo enterraría”. A Dragó le agrada epatar. A ser posible, escandalizar: explica con desparpajo su fascinación por un antepasado pirata famoso por su manera de pasar a cuchillo a los varones en las ciudades que saqueaba y después violar a las mujeres. 

O te habla de su afición a los escarabajos, símbolo egipcio de vida y poder (en la veleta de su casa ondea un escarabajo). Explica que, sabedor de su afición, un amigo suyo entomólogo que estaba investigando en África bautizó una nueva especie de escarabajo encontrado en Namibia como Somáticus Sánchezdragoi, que, mira por dónde, se caracteriza por tener un pene descomunal, el más grande del mundo natural en proporción, ya que mide la mitad del total de su tamaño. Planea algún día ir a presentarle sus respetos al dotado escarabajo.

Pero si hay algo de lo que Dragó presume es de su buena forma física en todos los sentidos –tiene en la casa montado un fantástico gimnasio–, pero especialmente en el sexual. Dragó, en vez de tener un crucifijo o un paisaje encima del cabezal de la cama, lo que tiene es una imagen del Kama-Sutra. Al filo de sus 80 años, este gurú del sexo tántrico está hecho un Tarzán. Y, ahora, quiere hacer partícipe al mundo mundial del secreto de su vigor. Por la filantropía y, qué caramba, por sacarle rendimiento al asunto: “Tengo un nuevo negocio entre manos. El Elixir Dragó”. Ha patentado unas pastillas servidas en un cofre de lujo que afirma que son el resultado de sus muchos viajes por el mundo en busca de mejunjes para mejorar la esperanza de vida en plenitud de facultades: “Durante décadas he viajado por los países de Oriente, la India o América interesándome por sus remedios para la longevidad. Aquí he reunido lo mejor de lo mejor”. Nos muestra con orgullo su arsenal de pastillas, que ha consumido durante años en cantidades industriales y no hay duda de que es un experto en el tema. Recorremos, siempre descalzos, baños japoneses o turcos y en otra estancia de la casa, destinada al relax, sobre una mesa descansa el libro que está leyendo estos días: Morir joven a los 140 años. Cree que para mantenerse en forma una buena dieta es importante, pero sin obsesionarse ni ser extremista: “Si un día te apetece un filete, pues te lo comes. Lo más importante es que hay que ser feliz”.

Los secretos del bálsamo de Fierabrás del inefable Dragó fueron desvelados en un libro que se publicó el pasado 27 de septiembre, coincidiendo con su 80 cumpleaños, durante un congreso de longevidad que se celebraba en Sevilla. Que tiemblen los inventores de la Viagra.