Alessandro Baricco no es un autor de seda

 

texto Álvaro Colomer foto Archivo

 

El escritor italiano se adentra en la novela erótica con “La esposa joven”

Tiene Alessandro Baricco dos tipos de lectores: los que cayeron rendidos ante aquella novela de amor y viajes titulada Seda, y los que se han ido doblegando al resto de su obra. Los segundos aseguran que el título antes citado no es representativo de la poética del turinés, mientras que los primeros nada dicen al respecto básicamente porque no han leído otro libro de Baricco que no sea aquél. Si lo hubieran hecho, habrían descubierto que Seda es una obra menor y que nada tiene que hacer frente a otras narraciones como, por ejemplo, Emaús, una novela de formación con cuatro adolescentes en la Italia de los años setenta, o como  ‘Esta historia’, en la que se nos muestra a un hombre tan obsesionado con la idea de construir una carretera ‘que empiece donde acaba’ que no se percata de que está haciendo lo mismo con su propia vida.

Sin embargo, al margen del título con el que uno se haya iniciado en su obra, todo el mundo coincide en que Alessandro Baricco es uno de los escritores europeos más importantes del momento. Y, para demostrarlo, basta su nueva novela, La Esposa joven (Anagrama), un libro que contiene una belleza inusual en la literatura contemporánea, pero habitual en la de su autor. En esta ocasión, el italiano se adentra en el territorio del erotismo porque, como dice su trasunto literario –aquí convertido en un autor que escribe la obra que estamos leyendo-, es una temática ‘difícil’ de abordar para un escritor, idea que el propio Baricco ha reforzado en alguna entrevista al afirmar que muy pocos narradores –en su opinión, sólo Nabokov- han sabido convertir el sexo en auténtica literatura. Y como ocurre que el turinés es un hombre que no teme a los retos, ahora publica una novela que, aun no teniendo demasiadas escenas subidas de tono, desprende un calor francamente acogedor.

La Esposa joven cuenta la historia de una muchacha italiana que, a principios del siglo XX, llega a una mansión con la intención de contraer matrimonio con el primogénito de la familia. Por desgracia, el chico partió de viaje algún tiempo atrás y, durante los siguientes años, la chica se verá obligada a esperar su regreso mientras se relaciona con los habitantes de la casa –aquí nombrados con el sustantivo que delata su posición en la familia: el Padre, la Madre, la Hija y el Tío-. Lentamente, aquella muchacha de carácter virginal se irá transformando en una mujer de armas tomar y los otros personajes irán aceptando su conversión mientras le entregan no sólo sus secretos, sino todo aquello que aprendieron a lo largo de sus (sólo en apariencia) monótonas vidas.

Pero, si alguien destaca por encima de todos los miembros de esa familia, sin duda es el mayordomo Modesto, único personaje a quien Baricco otorga un nombre propio y a quien parece haber sacado de esa ‘commedia del arte’ a la que el autor ha querido rendir homenaje. Este hombre recorre la mansión, y la novela, como un fantasma que presta sus ojos al lector y que se adentra en la intimidad de los protagonistas con la misma elegancia con la que abandona a continuación sus alcobas. De hecho, y si me lo permiten, hay un párrafo que no sólo muestra la grandeza de este personaje, sino que resume de un plumazo la elegancia con la que Baricco ha escrito esta novela: ‘Agradecido, Modesto hizo una reverencia y se alejó de la cama dando los primeros pasos hacia atrás y luego girando sobre sí mismo como si una ráfaga de viento, y no una elección suya inoportuna, hubiera decidido por él. Salió de la habitación, y de este libro, sin decir ni una palabra’.

Alessandro Baricco también entra y sale de nuestras vidas de un modo similar, es decir, imperceptiblemente, y sus novelas nos dejan sumidos en un silencio del que sólo se puede salir haciendo un gran esfuerzo.

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