Cuando los amigos se convierten en tu familia

 

texto BEGOÑA PIÑA

Hanya Yanagiha, finalista del Man Booker y el National Book Award, radiografía la importancia de la lealtad en ‘Tan poca vida’

Conmoción. Aturdimiento. Son las palabras que mejor describen el estado emocional al que te lleva Tan poca vida, de Hanya Yanagihara. Como si un rayo te hubiera atravesado de arriba abajo, como si te hubieran golpeado con un hierro en la cabeza, como si una mano poderosa hubiera agarrado el corazón y lo hubiera apretado hasta casi exprimirlo. La turbación es inevitable. Mil páginas de amistad, amor, lealtad, miedo y sufrimiento que en sus inicios te atrapan en una casi inmediata fascinación –abandonar esta historia cuando has empezado no es una opción- y te van deslizando primero suavemente por una montaña rusa que sube y baja sin pendientes demasiado pronunciadas, pero que de repente te deja ver por unos segundos una vertiginosa caída de la que ya no puedes librarte. Y al final, quietud. Todo ha terminado. Y a pesar del pánico de la bajada, tú volverías a subirte a ella.

Tres décadas en la vida de cuatro amigos. Se conocieron en la Universidad y fue el azar el que les unió. Estudiaron juntos, se divirtieron, se ayudaron, se cruzaron confidencias y crearon una especie de ‘liga de los cuatro’. Con el tiempo, todos triunfaron. Malcom es un arquitecto mestizo de muy buena familia, J.B. es un artista negro gay; Willem, una estrella del cine, y Jude, un genial abogado marcado a fuego por una infancia en el infierno. La relación entre ellos, el vínculo cada vez más estrecho se va tejiendo en el comienzo de esta inmensa novela, que permite en esas páginas la risa boba del gato adormecido mientras una mano acaricia su cabeza.

Poco a poco, la luz se va apagando y una atmósfera oscura va encerrando a estos amigos –y al lector- al compás de las sospechas de lo que ocurrió en los primeros años de la vida de Jude. Un personaje al que la autora entrona como el rey de la narración y con el que provoca intriga, una curiosidad casi malsana, y con el que van caminando en tensión hasta que se libera de ésta descubriendo el horror de quince años de maltratos y abusos y una vida entera de sufrimiento y pavor.

Con un ritmo intachable, la novela adquiere por momentos el estatus de tratado del dolor y del miedo, de ensayo sobre los abusos sexuales en la infancia, de documento de denuncia de la violencia y la maldad. Pero Hanya Yanagihara, en una especie de truco genial, impide que el lector se aparte del abismo que ha construido, al contrario, cada vez le atrae con más fuerza. Con Tan poca vida se sonríe, se llora, se sufre, se respira con dificultad. Con este libro se pasa miedo y uno se cabrea. Y duele. Te hace sentir muy vivo.

Cuando las tinieblas dominan la historia, la autora permite algunos paréntesis de alivio, momentos para recuperar una respiración pausada, normal, que solo es un descanso para volver a correr a toda velocidad por los recuerdos de Jude. Escenas de una violencia feroz salen al encuentro del lector. Lágrimas de rabia, asombro ante el horror, pero también un insólito deslumbramiento por éste… Tan poca vida es una arriesgada novela, cargada de energía, que ha admirado incluso a los que podrían, por reconocimiento personal, haber renegado más de ella. James Rhodes, que revela en la magnífica Instrumental cómo la música le permitió sobrevivir a una infancia de abusos sexuales sistemáticos, ha escrito: “Un libro extraordinario. Daría lo que fuera por escribir una novela tan potente como Tan poca vida”.

Reconocida en EE.UU. como la mejor novela de 2015, esta obra también ha recogido críticas airadas contra ella. Una de las más frecuentes, que en España también se ha repetido, es el de la poca verosimilitud que la escritora consigue con algunas decisiones narrativas. Parece que el que todos los personajes alcancen en sus treinta el éxito o que Jude se rodeara en sus primeros años únicamente de perversos y aberrantes monstruos y en su madurez de personas maravillosas que le quieren no es del gusto de muchos críticos. Pero es que esto es Literatura, no es una serie de alguna cadena de televisión española, el realismo no es imposición ni norma. Y las emociones y vitalidad que contagian estas páginas son un regalo privilegiado.

Tan poca vida no es perfecta, pero es auténtica.

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