Imma Turbau: “Son raras las ocasiones en que la vida te guiña un ojo y estás mirando”

 

texto ANTONIO ITURBE

Tras diez años de intenso merodeo cultural, regresa a la novela con “El rostro del tiempo”

 

Imma Turbau lleva desde el siglo pasado recorriendo los laberintos de la cultura: en la programación cultural de la cadena FNAC en los tiempos en que dedicaban un mayor fervor a estos menesteres, en la dirección de la casa de América en Madrid que llenó de escritores o actualmente con su empresa de asesoría para proyectos creativos, Container Contenidos. Es de cabeza rápida y de cola inquieta. Es una seria con muchísimo sentido del humor. Una catalana que aterrizó en Madrid y ahí se quedó.

Es amiga de poetas, pintores, cineastas y se mueve en ese ambiente como pez en el agua, pero la veo venir con un traje chaqueta la mar de formal, como si fuera una ejecutiva no agresiva. La chincho un poco: alguien tan característico del mundo de la cultura parece que esperaría que va a llevar un pelo loco, una ropa de segunda mano un poco excéntrica… se sonríe de manera socarrona. Es demasiado rebelde para vestir rebelde. Cuando era niña llevaba el pelo cortado como un chico, de hecho jugaba a fútbol, llevaba unos zapatones imposibles, iba marcada por todas partes y hacía todo lo contrario de lo que se suponía que debía hacer una chica bien de Girona. La miraban raro, pero le daba igual. Ahora que tendría todo a favor para ir de rara, viste como una abogada. Es como el gran Leo Bassi, su traje es su protesta.

Hace diez años publicó El juego del ahorcado, novela que se amasaba la rabia joven con la mano de una voz madura, llevada al cine por Manuel Gómez Pereira. Una historia de amor rota por la violencia.

Ahora vuelve con otra novela que trae ecos de aquel juego del ahorcado vueltos del revés. Aquí el protagonista no vive peligrosamente al filo de su pasión sino que se pasea al borde del precipicio de la apatía y el desencanto. Tan al borde que hasta se cae por él. Es un arquitecto de moda que tiene todo el éxito y el dinero que necesita, e incluso más, pero que encuentra la vida insípida, que odia la casa que él mismo ha construido y se va a hacer un viaje por Europa para encontrar el rumbo. Turbau vuelve a ambientar el libro en su comarca de Girona donde creció. Porque el estirado arquitecto se va hasta Escandinavia y recorre por media Europa a emborracharse en hoteles de lujo,sin encontrar otra cosa que una soledad cada vez más grande. Hasta que, ya regresando a Barcelona, al punto de partida, se detiene en el penúltimo pueblo de la Costa Brava, Tossa de Mar. Y allí cae definitivamente, porque andando sonámbulo cerca de un acantilado de noche casi se mata. El arranque del libro es el derrumbe, la caída, el despeñarse montaña abajo. Pero Carlos se aferra a los salientes de roca, se agarra a la vida. La autora quiere mostrarnos es que el que se cae y se levanta, se levanta más fuerte. También tiene suerte, porque tras su accidente va a parar a una vivienda que tiene algo de casa encantada en medio del bosque y allí encuentra lo que no sabía que estaba buscando. Lo dice en el arranque del libro: “son raras las ocasiones en que la vida te guiña un ojo y estás mirando”. Aunque este arquitecto es un poco miope o zoquete, por fin ve que “necesitaba desconectar de todo para reconectar conmigo”. Carlos es un arquitecto obsesionado con atrapar la luz en sus edificios y en esa casa topa con una mujer que ha dejado todo para pintar porque lo que quiere es atrapar el tiempo.

Turbau ha vuelto a escribir una novela de amor. No la culpen. Es Piscis. Aunque quienes han tenido trato con ella se hayan llevado la imagen de una persona segura y resolutiva, en cuanto se da la vuelta es una persona emocional que se mueve agolpe de intuición.

Me cuenta que el amor importa literariamente porque “da pie para hablar sobre cómo nos relacionamos las personas. Es la demostración de la capacidad de fabulación del ser humano, porque el amor es una creación humana. Nos hace tremendamente humanos”.

Pero ella tiene del amor una cierta idea hipnótica, sólo funciona si crees en él: “requiere, como mínimo de una cierta predisposición, un cierto estado de ánimo”. En la novela se dice que con cuatro certezas inamovibles construimos el personaje que luego nos sentimos obligados a interpretar el resto de nuestra vida”. Le pregunto cuál es su certeza inamovible. Mala pregunta para una Piscis, que vive escurriéndose. Se queda callada un momento. “Pues que no hay que dejar de ser nunca una misma, pase lo que pase. No ceder nunca a la tentación del cinismo de aceptar lo que no crees justo. No rendirte nunca”. No se rinde.  

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