Recordando a Jiro Taniguchi

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texto MANU GONZÁLEZ  ilustración JIRO TANIGUCHI

El fallecido “mangaka” Jiro Taniguchi tocó todos los géneros, pero sobresalió en el costumbrista.

En esta ocasión, una reciente mala noticia en el mundo del cómic internacional hace que el análisis de novedades dé paso al panegírico más ferviente, dedicado a una de las figuras del cómic japonés que más han influido en la internacionalización de este arte en todo el mundo, junto a nombres como los de Katsuhiro Otomo o Akira Toriyama. El pasado 11 de febrero fallecía, a los 69 años de edad, el mangaka Jiro Taniguchi, autor de más de cincuenta obras (como dibujante o autor total) de diversos géneros: policiaco, costumbrismo, montañismo, ciencia ficción, histórico, fantasía, etc. No hubo ningún género al que Taniguchi se acercase sin perder nunca su estilo narrativo, pausado, reflexivo y muy naturalista.

Aunque comenzara en el mundo del manga como asistente de Kyuta Ishikawa, a finales de la década de los 1960, su mayor influencia sería su colaboración con el maestro Kazuo Kamimura (creador de Lady Snowblood), quien le descubrió la línea clara franco-belga, estilo que sería determinante en su trabajo posterior como autor de manga. Taniguchi pronto destacaría en la década de los 1980 como una figura importante en el seinen (cómic japonés más adulto) con el dibujo de obras tan importantes como la serie negra Trouble is my Business (1980), la histórica y literaria La época del Botchan (1986, ambas con guión de Natsuo Sekikawa) o en títulos más personales, como la animalista Blanco (1984) o la distópica Crónicas de la Era Glacial (1987), en las que demuestra una preocupación por el medio ambiente y la naturaleza. Su otra gran pasión, la montaña y la escalada, nos daría obras como La cumbre de los Dioses (1989, con Baku Yumemakura), El rastreador (1999), El viajero de la Tundra (2004), El sabueso (2011, con Itsura Inami) o Las tierras salvajes (2012).

Pero es con la llegada de los 1990 cuando Taniguchi encuentra su voz más reconocida en todo el mundo, la de maestro del cómic costumbrista y humanista, a medio camino entre el Kurosawa más melancólico y la puesta en escena laboriosa de Yazujiro Ozu. Cómics que nos invitan a entrar en las vidas de la gente corriente y sus existencias muy humanas. Comenzando con la obra maestra El caminante (1990), su primer cómic traducido al español en las páginas de la revista El Víbora: una obra en la que se narraban los largos paseos de un señor japonés por su ciudad, en los que redescubre el placer de deambular sin destino fijo, dejándose sorprender por las maravillas del paisaje, la naturaleza o la arquitectura. Aunque Taniguchi creara títulos fantásticos y muy recordados por todos los fans de los cómics y el manga como El olmo del Cáucaso (1993), El almanaque de mi padre (1994) o su obra cumbre, Barrio lejano (1998), la historia de un hombre mayor que viaja a su pasado y puede impedir que su padre abandone a su familia, su descubrimiento por parte del mercado francés, y su colaboración (sorprendentemente no publicada en España) con un artista de la talla de Moebius (Icarus, 1997), fue lo que le dio fama internacional.

El éxito europeo de la obra de Taniguchi propició la importación de otro tipo de manga, alejado de las preferencias del público adolescente, y acercó a muchos lectores profanos al cómic japonés. Varias de las obras de Jiro Taniguchi han sido editadas en España por Ponent Mon y Planeta Cómics.

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