La excepcional narradora Esther García Llovet se despide de la ficción

 

texto  ANTONIO ITURBE Foto  ASÍS AYERBE

“Cuando empiezas a experimentar la felicidad, ya no necesitas la literatura”

 

Desde su debut con Coda, ha ido trazando una geografía literaria de la extrañeza. Sus personajes parecen moverse con las brújulas rotas, pero también nos hacen preguntarnos si en verdad existe algún Norte, o si acaso es necesario. El desarraigo se convierte en su manera de arraigar en un mundo arenoso. Su nueva novela, Cómo dejar de escribir nos lleva de nuevo a ese mundo suyo donde la poesía es un cuchilla de afeitar. El hijo de un celebrado escritor chileno fallecido recientemente, toma posesión de su casa tras una vida entera de ausencia de su padre, que lo mandó a un colegio interno de Suiza cuando era pequeño.

Tu nueva novela se titula ¿Cómo dejar de escribir?… ¿sientes esa tentación “Bartleby” de la que habla Vila-Matas de sumirte en el silencio?

Sí, yo ya he dejado de escribir literatura, llevo dos años sin escribir más que algún relato que me han pedido. Ahora estoy con guiones de cine, que se hacen rapidísimo y hay que ir mucho al grano. Como a mí me gusta.

¿Por qué se escribe?

No tengo idea de por qué escribía, pero sé que he dejado de hacerlo porque prefiero la realidad mil veces.

Tu literatura parece construirse sobre la desorientación de las vidas. ¿Por qué esa presencia tan constante del desasosiego?

Pero yo no veo desasosiego por ninguna parte, sí pérdida de tiempo, pereza, un hedonismo muy de aquí, comer pipas, sentarse en el bordillo de la calle. Cosas que me gusta hacer también a mí.

Se dice en la novela “La desesperación es corta, la pena larga…” En un momento dado alguien dice “qué elegante, la tristeza”. ¿No es posible hacer literatura de la felicidad?

Cuando empiezas a experimentar la felicidad ya no necesitas la literatura.

 

Ese autor chileno que desaparece en tu novela y deja tras de sí una estela de acólitos más o menos desorientados… ¿Flota el fantasma de Roberto Bolaño?

Por supuesto. La novela es un homenaje a Bolaño de cabo a rabo.

Cuando has comentado tus autores predilectos contemporáneos has hablado del propio Bolaño, de Foster Wallace, Saul Below, Fogwill… ¡Todos están muertos! ¿Algún autor vivo que te ilumine o te perturbe?

Ya no leo ficción, pero Aira, Denis Johnson y Richard Price me siguen pareciendo fabulosos.

Muchos de los protagonistas de tus libros son hombres. ¿Por qué?

Los hombres me parecen más creíbles en las novelas que he escrito. En esta última al principio la protagonista era una chica pero le daba un aire derrotista que no me gustó, así que la cambié por Renfo.

Dice uno de los personajes que “todos necesitamos a alguien a quien no mentir”. ¿Y eso es posible? ¿No nos mentimos incluso a nosotros mismos?

Pues no. De todas formas esto lo dice un humorista, ¡cuidado siempre con lo que dicen los humoristas!

Por cierto, que le da un consejo a su nieto: “lo fácil es romper el hielo, lo difícil es derretirlo”.

Romper el hielo me parece algo social, público. Derretirlo es privado y por eso mucho más interesante.

 

Tus personajes suelen moverse por sus inercias, sin un derrotero claro pero siempre independientes, individualistas. No quieren llevar vidas convencionales, pero al final acaban metidos en un pozo de insatisfacción (el abuelo, el nieto, no sabemos si el propio Gran Ronaldo que deja a su hijo orillado como un lastre que le podría pesar en su vida artística…) ¿se puede encontrar la felicidad fuera de los afectos de los que nos rodean?

¿Un pozo de insatisfacción? ¿Dónde? Son poco convencionales, no insatisfechos. Parece que para llevar una vida con sentido hay que conseguir metas, hemos acabado sucumbiendo al protestantismo, nos guste o no (a mí, no).

¿Te imaginas a ti misma llevando una vida pequeño-burguesa con un cuatro por cuatro, dos hijos en un colegio inglés y partida de paddle los sábados?

Yo vengo de una familia así, estudié en un colegio inglés en el que nos llevaban una taza de Ovaltine a media mañana y leíamos sobre la Carta Magna, y creo que es una de las mejores cosas que me han pasado, la verdad.

Tu libro, una vez más, teje su propia atmósfera. Parece que escribes en un cierto trance. ¿Cómo llegas a ese momento de concentración máxima?

Intento escribir una página al día en una hora y media, cuanto menos tiempo mejor, así se lee rápido. No me gusta perder el tiempo ni hacérselo perder al nadie.

 Si nos vas a escribir más ficción por ahora, ¿cuál es el plan?

 Ahora estoy con un guion de cine, haciendo muchas fotos porque quiero dedicarme a la fotografía, escribiendo reportajes, montando un fanzine y preparando un libro de no ficción.

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