Rulos de paja apilados azarosamente con sugerente simetría… ¿son arte?

 

texto  ANTÓN CASTRO

Ferrer Lerín, poeta, filósofo y paseante, ha elaborado una sorprendente teoría sobre el “arte casual”

En estos tiempos casi todo el mundo sabe que Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) es un espectáculo. Puede ser lacónico e ingenioso, un torbellino de humor negro e inteligente; puede parecer un actor que se desternilla por dentro sin hacer una concesión a la risa por fuera. Quienes se carcajean son los otros. Allá donde va, hable de lo que hable, explique tal o cual libro, resulta el perfecto fabulador de sí mismo que parece estar charlando de otro, lejano, ajeno y enigmático. Hace poco presentaba en la librería Cálamo de Zaragoza una selección de sus textos de «adolescencia y juventud», Edad del insecto (SD Edicions, 2016) y nadie paraba de reír: daba a entender que, en realidad, esos textos los había modificado un amigo de Barcelona que era un entusiasta de su obra y que los había encontrado por azar cuando iban a la papelera.

Francisco Ferrer Lerín tiene muchas vidas. Las suyas son las del filólogo y rastreador de palabras y etimologías, las del ornitólogo, las del creador de bestiarios, las del autor de textos apócrifos, las del jugador de póquer y, por supuesto, las vidas del escritor fronterizo: poeta (piensen en La ciudad oval, Fámulo o Hiela sangre), narrador en breve, novelista en Familias como la mía. Pero Ferrer Lerín aún tiene otra vida: la del observador y teórico de la creación artística. En concreto de un fenómeno, el Arte Casual, que le llevó en 1984 a redactar un manifiesto, que, en aquel momento, pareció no cobrar demasiada fortuna. En una definición que aún mantiene ahora, cuando ya ha sido objeto de una exposición en el Museo de Ibiza y ha sido invitado a impartir un taller en Málaga, decía: «El Arte Casual es el que se da en objetos o grupo de ellos, materiales sin vocación artística, que por su ubicación, colocación o combinación producen en el observador un placer visual sin haberlo pretendido el responsable de la situación. Arte Casual es todo lo que es capaz de crear una emoción estética partiendo de elementos no naturales pero no pensados, en su construcción y/o en su colocación, con mentalidad artística».

El autor le atribuía, y atribuye, una serie de matices: «1. Casualidad, espontaneidad, involuntariedad de la Obra. 2. Transitoriedad, temporalidad, fugacidad del Hecho Artístico. 3. Adogmático, abierto, subjetivo, infinito, impredecible, aleatorio. 4. Popular, libre, democrático, público, comunitario». Y agrega: «No es sarcástico; no se burla (del arte actual). No es revanchista; no venga una afrenta al arte. No es crítico. No es iconoclasta. El Arte Casual es deudor del arte último porque éste nos ha enseñado a ver, a apreciar la descontextualización, las series, los nuevos agrupamientos de objetos, los acotamientos del espacio, los empaquetamientos, los apilamientos, el azar como fuente de placer estético».

En unas posteriores consideraciones de 1992 y 1994, Ferrer Lerín decía que este trabajo «necesita un soporte fotográfico (o vídeo) para ser mostrado o una visita urgente al escenario en el que se está produciendo”. Recordaba que aunque era una manifestación claramente rural, «es obvia la potencialidad de otros paisajes como el fabril, el urbano y el suburbial».

Casi dos décadas después, tras diversos artículos en La Vanguardia y en Granta, y su deslumbrante intervención en el II Congreso de Periodismo Cultural de Santander, en 2016, el Arte Casual ha empezado a despegar y a Ferrer Lerín le han invitado a exponer y a explicar sus teorías. Hace poco me decía: «En el Arte Casual el artista es el observador, el observador atento, que descubre, en intervenciones humanas no realizadas con intencionalidad artística, elementos suficientes para considerarlas arte. Es en la retina del artista casual donde se produce el hecho artístico, siendo evidente que dicho observador ha de tener un grado elevado de conocimiento y de interés por el Arte Contemporáneo. El único conflicto, en la formulación del Arte Casual, surge, precisamente, con los artistas contemporáneos, a quienes no les gusta que alguien les diga que aquello que han conseguido con tanta dificultad se encuentra ‘casualmente’ al pasear por ahí».

A Ferrer Lerín le encanta contar alguna que otra historia de la perplejidad ajena: «Caminando por Barcelona, en compañía de un amigo, conocido político separatista, se sorprendió cuando me detuve para realizar unas fotografías del andamiaje de la fachada de un edificio del Paseo de Gracia, clara manifestación de arte casual, y cuando intenté explicarle de qué iba la cosa respondió con un tajante “estáis locos”». Quizá esa es la vida que aún le faltaba a Francisco Ferrer Lerín. La del loco demasiado cuerdo o puramente audaz.

 

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