1917: Cien años del octubre rojo

 

texto JOSÉ ÁNGEL LÓPEZ

¿Quién dijo que no había publicaciones sobre el centenario de la Revolución Rusa?

 

Hace unos días un crítico literario-que no de ensayo- comentó en un famoso programa de radio que era extraño las pocas obras que se habían publicado con motivo de tan histórico acontecimiento. Como aviso a navegantes y a lectores despistados vaya una somera revisión de las obras aparecidas hasta la fecha. Jean-Paul Ollivier en ¿Cuándo amanecerá, camarada? ( Clave Intelectual) Se remonta décadas atrás –a 1876- y finaliza el primer día después del triunfo revolucionario, trazando un relato excepcional del paisaje ruso que abonó la necesidad imperiosa de cambiar una sociedad anquilosada y una dinastía que monopolizó el poder durante más de tres siglos. Atrapados en la Revolución Rusa, de Helen Rappaport (ed. Palabra) nos ofrece una perspectiva del fenómeno desde la particular visión de los ciudadanos extranjeros residentes en Rusia en el momento del proceso revolucionario. Adoptando un punto de vista más didáctico y una cronología más amplia que la que abarcó estrictamente la revolución Mira Milosevich analiza en Breve Historia de la Revolución Rusa (ed. Galaxia-Gutenberg) las causas, el desarrollo, las consecuencias que degeneraron en un sistema totalitario y el fracaso final del régimen alumbrado en 1917, después de 74 años de supervivencia. Un enfoque temático muy original es el aportado por el trabajo de Carlos Taibo, Anarquismo y Revolución en Rusia (1917-1921) (ed. Los Libros de la Catarata) en el que los protagonistas son los actores y protagonistas que, desde un enfoque fundamentalmente libertario, quedaron inicialmente arrinconados del proceso revolucionario para pasar, con posterioridad a ser represaliados, perseguidos y aniquilados por los bolcheviques en el poder. Pablo Martín en Entre dos Octubres. Revoluciones y Contrarrevoluciones en Rusia (1905-1917) y Guerra en Eurasia (Alianza Editorial) aporta una visión global sobre la gestación del clima revolucionario en Europa y su extensión más allá de la propia Rusia, además de conectar los diversos episodios revolucionarios.

Julián Casanova en La venganza de los siervos (ed. Crítica) consigue elaborar una magnífica síntesis de los múltiples factores causales y sus consecuencias, que se reunieron en un episodio que influyó decisivamente en el discurrir de la Historia del siglo XX. Una apasionada defensa de los valores sociales que acompañaron a la revolución, perfectamente entendibles como un proceso liberalizador, que permite dar respuesta a un recurrente interrogante (¿Qué vigencia tienen hoy los valores revolucionarios?) se recoge en el ensayo de Neil Faukner, La Revolución Rusa (ed. Pasado&Presente) y aporta una visión ideológica del proceso, que reconforta entre tanto academicismo. También se han reeditado clásicos como La Revolución Rusa de Christopher Hill (ed. Ariel) y obras bastante desconocidas y de un interés inusitado como La Revolución Rusa de 1917 de Vicente Blasco Ibañez (Silex Ediciones). Esta última nos permite reconocer la obra periodística/histórica de un escritor perseguido por el franquismo y cuyo interés investigador sobre este tema se ha plasmado en el presente trabajo. Continuando con la perspectiva hispana del hecho histórico merece la pena destacar –aunque no aborda el tema de la Revolución rusa- el trabajo coordinado por Eduardo González, Anatomía de una crisis. 1917 y los Españoles (ed. Alianza Editorial) investiga la particular crisis española coincidente con los acontecimientos en Rusia. También la experiencia soviética concitó el interés de intelectuales y escritores españoles; fruto de ello tenemos el libro de Ramón J. Sender, Madrid-Moscú. Notas de Viaje, 1933-1934 (ed. Fórcola) como invitado por la Internacional Comunista .Carlos Canales y Miguel del Rey han trazado una clásica historia del proceso revolucionario y de constitución de la Unión Soviética en Tormenta Roja. La Revolución Rusa (1917-1922) (ed. Edaf) con un interesante despliegue fotográfico y cartográfico. Catherine Merridale rastrea en El Tren de Lenin (ed. Crítica) los orígenes de la revolución y los meses previos a principios de 1917, con la aportación de la ayuda del gobierno alemán a los revolucionarios exiliados en Suiza que, con Lenin a la cabeza, atravesaron en un tren sellado Alemania, Suecia y Finlandia hasta llegar a Petrogrado para liderar la explosión revolucionaria. La proyección posterior del régimen comunista implantado en una buena parte de la comunidad internacional y en toda Europa Oriental es recogida en el trabajo de Javier Fernández, Camaradas. De Lenin a Hoy (ed. LID) Stalin, el depositario de la herencia leninista, también es objeto temático de algunas aportaciones bibliográficas recientes: Ramón Espanyol traza una biografía en Stalin (Silex Ediciones), Rosemary Sullivan traza una biografía excelente-pese a ser un tema ya tratado en otros trabajos previos- de Svetlana Allilúieva en La Hija de Stalin (ed. Debate) ; en torno a las purgas y el despliegue de la represión estalinista en la década de los 30 ha aparecido el libro de James Harris, El Gran Miedo (ed. Crítica) En un tono más desenfadado está La Revolución Rusa contada para escépticos de Juan Eslava Galán (ed. Planeta)

El maestro Josep Fontana recoge en un grandioso volumen, El Siglo de la Revolución, (ed. Crítica) la historia del mundo desde 1914, destacando por su impacto posterior el proceso revolucionario ruso. En el género epistolar tenemos el libro de Jacques Sadoul, Cartas desde la Revolución Bolchevique (Turner Publicaciones), con personajes como Trotski, Lenin o Kollontai.

Por último, son numerosas también las aportaciones teóricas del pensamiento ideológico que sustentó la necesidad de la revolución como medio de implantación de un nuevo régimen. Por destacar el que, a mi juicio, es el más ilustrativo al respecto tenemos el conjunto de trabajos, discursos, escritos e intervenciones reunidos en Entre Dos Revoluciones de Vladimir Ilich Lenin (ed. S. XXI) Además de las reediciones de clásicos sobre el tema de Trotski, Rosa Luxemburgo, Victor Serge…

¡Y solo hemos consumido medio año del Centenario!

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