De Ovidio a Johnny Cash

 

texto ENRIQUE VILLAGRASA  foto FUNDACIÓN JOSÉ MANUEL LARA

La poesía de Guillermo Carnero (Valencia, 1947), catedrático de Literatura Española y especialista en literatura española y comparada del siglo XVIII, del siglo XIX y de la época vanguardista, no defrauda al lector, pues en ella encontramos belleza, aunque el poeta señala que “Toda belleza duele y es violenta”. Orden y cuidado en las formas: sigue siendo él mismo y con y en su poesía, aun con poemas más breves; toda ella, su poesía, su escritura, es pensamiento y emoción, sin ninguna duda: “Deja intacto ese césped en que ondula/ un silencio más limpio que la vida”.

36 poemas inteligentes y cultos, de ritmo endecasílabo, en lenguaje “cristalino en palabras cinceladas”, debidamente hilvanados, son los que configuran este poemario, que no dejará indiferente al lector. Por cierto, y a título de curiosidad, no sé si por casualidad, el “busto fusilado” de Cicerón (Castillo de Sant’Angelo, Roma), que aparece en la portada, tiene gran parecido (según me apunta mi hijo Arnau, formado en la cultura de la imagen como los jóvenes de hoy, pero amante del latín y lector impenitente), a Tom Marvolo Riddle (Lord Voldemort), personaje de las novelas de Harry Potter, de J.K. Rowling. Y, a la vez, el título del libro no deja de ser una referencia clara al intento de conocerse y de reconstruir la propia esencia del ser, dejando memoria de ese labrantío: “Quizás en otro tiempo alguien acuda/ a preguntarse en qué creyeron/ las ruinas que dejé en este poema”.

También es cierto que en un tono socarrón da caña a esa poesía escrita por jóvenes y no tan jóvenes que se publicita por doquier en la actualidad, y el poema Lección inaugural de Himerio, maestro en Atenas (368 A.D.) da buena prueba de esto: “Si tenéis que entenderos con los bárbaros,/ sabed que os temen y os envidian: odian/ lo que escapa a la fuerza de la espada y el número./ No les habléis de Homero, de Virgilio,/ de Cicerón o Píndaro; creerán/ que les vais a aturdir con algún truco/ en una jerga oscura y misteriosa./ Mencionad sólo aquello que conocen,/ con estilo patético y humilde:/ anécdotas comunes del mercado,/ la cocina, el corral o el dormitorio./ Los ignorantes toman por verdad/ el grado más pueril de la retórica”.

Posiblemente, porque el tiempo no pasa en balde, ni uno es tan comprendido como debiera, estos poemas, de justa y necesaria lectura, llevan una potente carga de profundidad en sus versos: “(…) Ya recompuesto/ en la inmortalidad de tu vitrina,/ te sigues preguntando si exististe”. Hay que puntualizar que el poeta, gran observador, sabe cuál es su sitio y sabe dónde está y no desconoce, a la vez, que es consciente, que “Sé que el tiempo turbado que se acerca/ es el de perecer./ Han de caer los muros”. Y una última curiosidad, el poeta eleva a los altares líricos, salvando las distancias pertinentes, al cantante Johnny Cash, a la altura de Ovidio o Virgilio. ¡Ahí es nada! Pero, tras leer el poemario, no dejen de leer el pórtico del mismo, donde el poeta explica y se explica: por “si quisieras andar sobre otros sueños.”

Finalmente escribir que, con la lectura de este último libro de Carnero, uno llega a la conclusión de que es importante recuperar la esencia de la poesía y queda claro, una vez más, que estas, sus regiones devastadas, son su declaración ética y estética, a la vez que una aproximación a ese mundo que perdemos a gran velocidad, desde nuestra casa a la actual escuela: “Vivo en un lodazal donde gruñen los cerdos/ y el humo ofende la quietud del aire”. Creo que es muy importante seguir apostando por la esencia de la poesía, dando valor al verso “que se alzará cuando se pudra el mármol”.

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