Ernesto “Che” Guevara: “¡Seamos realistas y hagamos lo imposible!”

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texto SUSANA MARTÍNEZ

Juan Martín Guevara no quiere que se apague la luz de sus ideas y publica “Mi hermano el Che”

 

“Cuando algunos dicen que he vivido a la sombra de mi hermano mayor, yo les digo que se equivocan: “he vivido a la luz de mi hermano”. Soy Juan Martín Guevara, hermano de sangre de Ernesto Guevara y compañero de ideas del Che.

Con 73 años, Juan Martín Guevara es pura energía y simpatía. En sus encuentros con periodistas, estudiantes, políticos e incluso banqueros que ha mantenido en su paso por Madrid y Barcelona ha reído a carcajadas, ha hablado y gesticulado sin parar, pero, sobre todo nos ha dicho: “conozcan el pensamiento del Che, conozcan al hombre que hay detrás de la imagen”. Con este fin y tras la insistencia de Armelle Vincent, la periodista francesa que fue a Argentina a entrevistarlo para escribir de habanos y acabó convenciéndole de que le hablara del Che para escribir un libro, ha publicado Mon frère, le Che, ahora traducido como Mi hermano el Che (Alianza Editorial).

 

El 9 de octubre de 1967 moría o era asesinado el hombre y nacía un mito, el Che Guevara. Su imagen impresionó la conciencia y las camisetas de miles de soñadores que mostraban con orgullo sus lemas: “Seamos realistas y hagamos lo imposible”. Desde que la familia Guevara recibió la confirmación de su muerte, que al principio no creyeron algunos de sus cuatro hermanos porque varias veces les habían comunicado la noticia y después resultaba falsa, decidieron no hablar en público de su hermano. Ahora, cuando se cumplen 50 años de la muerte del Che, Juan Martín, el menor de los hermanos, con una diferencia de 14 años con su hermano mayor Ernesto, rompe ese “pacto” de silencio para humanizar y situar en la tierra esa imagen icónica del Che y para animar a la gente a profundizar en su pensamiento.

El Che dejó escritos 3.000 folios en los que plasma su filosofía de vida y sus reflexiones políticas y sociales, y aunque todavía no han visto la luz en su totalidad, Juan Martín adelanta que están trabajando para que se publiquen y la gente pueda conocer al Che en su profundidad, un hombre que se declaraba marxista, leninista, aunque ya en los años 60 pronosticaba el desmoronamiento de la URSS, porque él decía que aunque se luche contra el capitalismo y se consiga incluso implantar otro modelo económico y social más equitativo y justo, si no va acompañado con un cambio de la conciencia, ese modelo sufrirá un retroceso y se volverá al sistema anterior. Ese aspecto de la “conciencia” aplicado al sistema económico y social es uno de los conceptos que desarrolló el Che en su pensamiento y Juan Martín Guevara lo ha hecho suyo y se declara marxista, leninista y guevarista también.

Pero el Che antes de convertirse en Che fue Ernestito y después Ernesto. En “Mi hermano el Che” descubrimos a ese Che, hijo y hermano y a esa familia tan poco convencional. Mi “viejo” era un artista, un caricaturista, como tal, conformaba la realidad a su gusto y así lo hacía en la vida cotidiana. Era un “vivo”. Tan vivo que, según explica, el propio Che tuvo que expulsar a su padre de la isla porque andaba haciendo negocios echándose el farol de que lo respaldaba su hijo, que en ese momento era la mano derecha de Fidel Castro y el hombre carismático del gobierno de la joven revolución cubana. “Esa viveza, ese tirar adelante sin miedo y sin vergüenzas también se encontraban en el Che, pero a la vez la constancia, el deseo de aprender e investigar, el llegar hasta el final y la fortaleza de la vieja”. Hijos de una familia nada convencional. Y él aprovecha para romper el tópico que atribuye al Che venir de una familia argentina acomodada por el hecho de haber cursado estudios universitarios. Cuenta que la manera caótica de conducirse de su padre, con constantes cambios de domicilio ideas que mayormente resultaban ruinosas hicieron que vivieran siempre en la cuerda floja económica. A él, para ahorrar, lo mandaban en verano a pasar las vacaciones con una tía suya.

La mejor época fue cuando él tenía 15 años y con el triunfo de la revolución cubana, la familia, al amparo del Che, se trasladó a La Habana. Él no se despegaba de su hermano, tan orgulloso de que fuera alguien con ese valor y ese carisma. El Che Guevara podía haberse quedado en un sillón del gobierno cubano fumando puros y descorriendo los agujeros del cinturón para que fuera cabiendo la barriga cada vez mayor en el uniforme militar verde oliva. Pero lo que lo alimentaba era otra cosa. Una vez lograda Cuba, la revolución de los trabajadores tenía que empapar el mundo entero. Se fue a combatir al Congo y después a Bolivia. Nunca regresaría de Bolivia. Pero su mensaje ha permanecido y en él insiste su hermano Juan Martín, que a sus 72 años sigue siendo un volcán de energía. Cree en la revolución pero nos recuerda que su hermano decía que "Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás". Y sigue yendo de aquí para allá disparando sonrisas y anécdotas para que la lucha por la memoria de las grandes ideas no sea derrotada.