El último vuelo de Saint-Exupéry

 

texto ANTONIO ITURBE

El 31 de julio de 1944, en plena II Guerra Mundial, Saint-Exupéry partió en misión de reconocimiento fotográfico y nunca regresó

 

Un día de verano como hoy hace 73 años el comandante Antoine de Saint-Exupéry sube a su avión Lightning P-38 en la base de las tropas aliadas en Bastia (Córcega). Tiene por delante una misión de reconocimiento fotográfico sobre las líneas alemanas en la región de la Provenza francesa. Arrastra su corpachón de oso polar metido en el doble traje de aviador con los molestos conductos de oxígeno y la tela ignífuga. Pero más le pesa el dolor de la clavícula, que desde el accidente de Guatemala le ha reducido la movilidad del hombro, y todavía le pesa más esa sensación de soledad que no lo abandona desde que se tragara el mar a sus dos mejores amigos, los pilotos Henmri Guillaumet y Jean Mermoz. Con ellos compartió los momentos de riesgo, sufrimiento y satisfacción como pioneros de la aviación civil en la línea del correo aéreo entre Toulouse y Senegal, primero, y en Sudamérica, después. Eran los años 20: todo estaba por hacer en la aviación y sus vidas por escribir. Ahora, a los 44 años, ya no quieren que siga pilotando: el tope de edad para pilotar esos aviones de combate es 30 años. Ha tenido que recurrir a mil influencias para que lo autorizasen a unos pocos vuelos. Tal vez este sea el último. Después, su carrera de piloto habrá terminado.

No sabe la repercusión que va a tener en todo el mundo una novela protagonizada por un príncipe de un planeta minúsculo que viene a la Tierra a curar su soledad. El Principito, traducido a más de 300 idiomas, es uno de los libros más universales que existen. El éxito de esa obra será de tal magnitud que su brillo opacará incluso la figura del propio Saint-Exupéry y el resto de sus libros, entre la aviación, la reflexión y la poesía: Correo Sur,. Piloto de guerra. Tierra de hombres, Vuelo nocturno

Esa mañana del 31 de julio está agotado física y mentalmente. Ha dejado escrita una carta en la mesilla de su dormitorio destinada a su íntimo amigo Pierre Dalloz donde habla con amargo sarcasmo de los partidarios de De Gaulle que no han entendido su postura de pacifista en medio de una guerra y la termina con estas líneas : “Si me derriban no lo lamentaré en absoluto. Me inquieta el hormiguero del futuro. Odio su virtud de robots. Yo nací para jardinero”.

Saint-Exupéry nunca regresará de ese vuelo. Si fue derribado por un caza alemán, tuvo un accidente sobre el Mediterráneo o decidió no regresar, nunca ha podido desvelarse. Hace unos años, un pescador encontró entre sus redes, frente a la costa de Marsella, una pulsera suya con la dedicatoria de su esposa, Consuelo Suncín. En marzo de 2008, Horst Rippert, de 88 años de edad, quien fuera piloto del III Reich de Hitler, se declaró –y lamentó- haber realizado los disparos que abatieron el avión que dirigía el literato francés Antoine de Saint-Exupéry en 1944. Pero posteriormente su testimonio tan tardío ha sido puesto en entredicho y su fiabilidad es dudosa.

En el año 2004 aparecía la matrícula del avión de guerra que pilotaba el escritor, con los números “2734”, apareció frente a la línea costera de Marsella, cerca de donde probablemente terminó cayendo al mar. Nadie sabe qué sucedió con exactitud aquel 31 de julio de 1944, pero de una manera u otra, El Principito regresó a su planeta.

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