Alack Sinner, el detective de lo humano

 

texto MANU GONZÁLEZ  ilustración JOSÉ MUÑOZ

Salamandra Graphix recoge de manera íntegra los más de treinta años de historietas del inmortal detective neoyorquino Alack Sinner, creación de los argentinos Carlos Sampayo (guion) y José Muñoz (dibujo).

Es esta una oportunidad única de poder disfrutar en su totalidad de unas historias únicas y un dibujo que ha influido a artistas del cómic tan prestigiosos como Frank Miller o Dave McKean. Sinner nació en 1975 en la revista italiana AlterLinus y, a priori, parecía otra serie policiaca más, con un estilo a medio camino entre Hugo Pratt y Alberto Breccia, y con mucha dosis de novela negra escuela Raymond Chandler, Ross Mcdonald y Cornell Woolrich. El rubio Alack Sinner era un expolicia que había abandonado el cuerpo por problemas con la autoridad (y una férrea moralidad que chocaba con la corrupción creciente de sus compañeros, escudados en un muro de silencio que Sinner quiere romper a toda costa) y que intentaba ganarse el pan como detective privado. Como buenos argentinos, Sampayo y Muñoz dotaron a su personaje de cierto desencanto y mucho escepticismo con la sociedad de la época, colisionando, en muchas ocasiones, con la gran moralidad social que, en el fondo, Sinner tiene. De hecho, las historias de este detective pronto comenzaron a escaparse del encorsetado género en el que estaba ubicado para fluir libres como las notas de jazz que Sampayo introducía siempre que podía en sus guiones. El guionista argentino es un gran amante de este estilo y ha escrito varias obras al respecto. Además, junto a Muñoz realizó una biografía comiquera de la inmortal Billie Holiday, que también publicó Salamandra Graphix el año pasado.

Lo bueno de esta edición es vivir historia tras historia cómo Sampayo iba abandonando el noir casual para crear relatos muy humanos, protagonizados por personajes de gueto machacados por el sistema y olvidados en la cuneta del sueño americano. Sinner sufre con las injusticias y siempre tiene un dólar o una mano para ayudar a algún desconocido, cosa que muchas veces le mete en situaciones bastante comprometidas. En un principio, guionista y dibujante se centraban en los casos, pero con el transcurso de la serie (que se publicó de forma interrumpida entre 1974-1979, 1982-1983, 1986, 1991-1997 y el retorno de El affaire USA en 2006, sobre la sociedad neoyorquina post 11-S), cada vez son más protagonistas las injusticias sociales. Mientras los guiones eran cada vez más humanistas, el grafismo de José Muñoz comenzaba a fluir tan libre como el be-bop. Cada vez más expresionista y con un control de los claroscuros brillantes (Alack Sinner siempre ha sido en un blanco y negro crudo y sin matices), Muñoz, como los hermanos Hernandez, gusta de dibujar en primera persona escenas secundarias y a grotescos personajes mientras el protagonista desaparece entre la vida diaria de la ciudad y los barrios pobres de Nueva York.

Descubrí a Alack Sinner en las historias que la revista Totem publicaba en la década de los 1980 y caí inmediatamente enamorado del dibujo de José Muñoz, de su magnetismo y su gran fuerza. Con la edad, he aprendido a apreciar las historias de Sampayo, siempre de gran calado literario y de una madurez envidiable. Juntos crearon a un personaje único y una de las sagas imprescindibles de la historia de los cómics y también, por qué no decirlo, de la historia de la literatura contemporánea.

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