¿Qué hacen cinco escoceses perdidos en América?

 

 

texto SOFÍA BALLESTEROS  fotos EDINBURGH INTERNATIONAL BOOK FESTIVAL

El Festival Internacional de Libros de Edimburgo siempre es una celebración de ideas. Más de 100.000 personas lo visitan en cada edición. El año pasado tuvo alrededor de 250.000 visitantes de todo el mundo. Este año, la fiesta es más grande y explosiva ya que, por primera vez, se desborda de su pequeño recinto en Charlotte Square Gardens para invadir una parte de George Street, y se han reunido más de mil narradores, novelistas, músicos, ensayistas, poetas y políticos a debatir la pregunta que la humanidad se ha hecho desde siempre, “¿quiénes somos ahora?”, en numerosas reflexiones acerca de cómo la literatura nos puede abrir nuevos caminos para redescubrirnos. Es un gran encuentro entre autores de mucha notoriedad como Paul Auster y Chimamanda Ngozi Adichie, con espacio para las nuevas voces literarias, como las de Anneliese Mackintosh o Martin MacInnes.

El primer día, en un evento titulado “La poesía del performance”, los poetas escoceses Jenny Lindsay y Michael Pedersen se reunieron con dos poetas y músicos australianos, Omar Musa, de origen malayo, y Luka Lesson, de origen griego. Mientras Lindsay y Pedersen arrojaban versos agridulces e irónicos sobre la decadencia de la sociedad escocesa, como jilgueros del delirio, Lesson y Musa se lanzaron a un torbellino de poemas épicos sobre viajes en el tiempo y el espacio, entre Australia y sus respectivos países de origen. Musa se encontró a su abuelo columpiándose entre las ramas de un árbol banyan. Lesson nos llevó sobre el lomo de un canguro gigante a conocer a sus grandísimos y enormes bisabuelos en la Acrópolis: Sócrates, Platón y Aristóteles.

El reencuentro de los protagonistas del proyecto Outriders fue impresionante. Consistía en enviar a cinco escritores escoceses a viajar por algunas partes de América, cada uno acompañado de una escritora del continente americano. Que se formaran lazos literarios y que a la vuelta mostraran al mundo lo que sus viajes les hubieran llevado a descubrir y crear. Harry Giles recorrió varios pueblos indígenas de Canadá con Katherena Vermette, hasta llegar a Churchill, la capital mundial de los osos polares. Malachy Tallack y Jennifer Haigh exploraron el sureste de Estados Unidos, de North Dakota a Louisiana. Jenni Fagan y Bonnie Jo Campbell viajaron desde Detroit, pasando por Chicago y Portland, hasta Silicon Valley, en California. Stef Smith y Ximena Escalante cruzaron la frontera de San Diego a Tijuana y luego pasaron por Ciudad de México y Oaxaca hasta terminar en Mérida. Kevin MacNeill y Mariana Enriquez salieron de Buenos Aires a buscar ovnis por las pampas argentinas. En su ensayo escrito en el pueblo de los osos polares, Giles reflexiona: “Pienso que es de vital importancia para los escoceses liberarse de la negación de cómo han sacado ventaja de los procesos colonialistas y cómo lo siguen haciendo hoy día. Que entiendan las consecuencias del daño hecho y la necesidad de repararlo. Estos son mis primeros pasos torpes sobre el hielo.” Vermette ofrece una reflexión similar, en verso: “La tierra es aún rica/ casi un paraíso/ tomado por descendientes/ que no tienen idea/ solo una frágil conexión/ a todo lo que pertenece a la tierra/ a la orilla del (río) Rojo”. Tallack y Haigh también descubrieron que cada pueblo indígena de la zona que exploraron ha llegado a sentirse como un desconocido en su propio país, debido al colonialismo. Fagan y Campbell crearon un poema-ensayo polifónico sobre cómo la verdad puede tener muchos significados muy distintos. Stef Smith y Ximena Escalante, las dramaturgas, presentaron pequeñas escenas de las obras que el viaje les inspiró a crear. La primera hizo una comedia con mucho mezcal y buenas impresiones de la bondad irónica de los mexicanos, mientras Escalante inventó un melodrama telenovelesco de una sirvienta maltratada por la gente adinerada para la que trabaja. Sin embargo, Escalante explica que la obra, en su versión final, será algo mucho más complicado de lo que parece: “Lo que me importa expresar es la fuerza de la supervivencia, lo que hay en el fondo de una de esas personas que tratan de seguir vivas, de tener derecho a algo, a lo esencial para permanecer de pie y ser alguien: la venganza de la belleza”. Kevin MacNeill descubrió que toda Argentina está invadida por la sombra de la literatura cuando encontró una versión inédita de los cuentos de Robert Louis Stevenson seleccionados y traducidos por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Además, enfermó unos días y en los delirios sí que encontró a los extraterrestres que buscaba. Mientras, Mariana Enriquez intentó adaptar el mito escocés del “changeling” (niño secuestrado por las hadas) y le resultó un relato crónico de niños desaparecidos por la policía. Incluso hubo alguien que le dijo, “esto que cuentas le sucedió a mi sobrino.” Y sí, es una realidad en Latinoamérica que la policía a menudo “desaparece” a las personas.

El segundo día fui a ver a Martin MacInnes en el lanzamiento de su primera novela, Infinite Ground, porque a veces resulta más interesante conocer voces nuevas. Entonces me adentré en una mente delirante, que se inventó la aventura mística de un personaje que se transforma de ser humano en jardín tropical. A su vez, Ned Beauman presentaba su cuarta novela, Madness Is Better than Defeat. Ambas novelas toman como punto de origen la jungla para luego desviarse en direcciones opuestas y complementarias a la vez. El contraste se empieza a notar desde que les preguntan por sus influencias. Para Beauman, el cine gore, Pynchon y Wallace. Para MacInnes, Virginia Woolf y Clarice Lispector. Beauman dice que su novela destaca porque no hay muchos novelistas que escriban escenas de acción tipo gore. MacInnes solo buscaba crear un libro que reflexionase sobre lo extraño que es estar vivo con honestidad y sin seguir modas; con el tiempo y el espacio en bellas nebulosas de ambigüedad. Añade que el libro de Beauman es de presencias, mientras que el suyo es de ausencias. Otro contraste importante se ve después de la presentación, cuando los dos autores firman sus libros. La fila para Beauman está llena de fanboys; la de MacInnes es toda de mujeres. Se podría afirmar que Madness… es un libro masculino e Infinite Ground es femenino en apariencia. Pero, en la fluidez de los géneros literarios, nada es lo que parece.

 

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