La claridad es subversiva

 

 

texto SOFÍA BALLESTEROS  foto CHRIS CLOSE

Paul Auster sube al escenario del King’s Theatre y es recibido con gran emoción. Lee las primeras páginas de su más reciente novela, 4 3 2 1. Es la historia de cuatro generaciones de la familia Ferguson, con cuatro protagonistas llamados Archie. También está estructurada en siete ciclos. En el diálogo con Nora Chassler, Auster afirma que la novela es en sí un acto democrático, porque le permite al lector ponerse en el lugar de un personaje completamente distinto a sí mismo y, así, relacionarse mejor con otras personas. Eso promueve y crea empatía, añade Chassler. Luego, Auster relata cómo su padre le sugirió que estudiara un doctorado a la vez que se lanzaba como escritor. Fue a entrevistarse con un profesor de Princeton, quien le aconsejó que no lo hiciera porque su talento como escritor era puro y se vería sofocado si se pasaba el tiempo encerrado en la universidad.

Auster empezó a escribir 4 3 2 1 a los 66 años, la misma edad que tenía su padre cuando murió. El sentimiento tan extraño que le trajo cruzar esa barrera, vivir más tiempo que su padre, le motivó a enfocarse en terminar la novela lo más pronto posible. Pensó que le tomaría cinco años y la terminó en tres.

Cuando Chassler le pregunta acerca del proceso de escribir sobre escritores, Auster explica que al hacerlo escribe en realidad sobre la conciencia. Sobre personas que buscan entenderse a sí mismas y el mundo que las rodea. Relata también un encuentro que tuvo con Edmond Jabés en Francia, durante el cual este le dijo que todos los escritores pueden ser subversivos por naturaleza, aunque casi ninguno consigue serlo realmente. Porque la subversión no solo consiste en la ocurrencia de nuevas formas sintácticas, sino que lo más subversivo es la claridad. Esa fue una gran revelación para Auster. La claridad es lo que conduce al novelista a trascender las barreras de tiempo y el espacio, y a unirse a todos sus lectores para siempre.

 

Esta cristalina subversión se manifiesta unos días más tarde en el extraordinario diálogo que Kirsty Logan sostiene con Anneliese Mackintosh y Dana Spiotta acerca de sus nuevas novelas, So Happy It Hurts e Innocents And Others. Un fracaso artístico, explica Spiotta, es algo deshonesto y falso. No se trata solo de hacer arte malo, sino de ser una mala persona. En cierta manera, un artista es un recolector. En una sociedad de consumo, los desperdicios dicen mucho de quiénes somos. Se puede aprender mucho de la basura. Los tropiezos morales son, a veces, la esencia de las narraciones interesantes, añade Mackintosh. A nadie le gusta leer sobre personajes que son buenos todo el tiempo. Ottila, la protagonista de la novela de Mackintosh, es una mujer de grandes ideas y planes para convertirse en mejor persona, que no siempre consigue llevar a cabo. Es una novela epistolar dentro de un libro falso de aforismos: The Little Book of Happy. A la manera de un scrapbook, Ottila recolecta cartas, emails, mensajes de texto, recibos de tiendas, listas de compra, dibujos y hasta playlists de música. A todo esto añade anécdotas y recuerdos de momentos importantes de su vida. Con un estilo fresco y claro, Mackintosh sobrepasa lo confesional para darle a Ottila una voz personal, íntima y honesta. Ottila tiene un gran sentido del humor y los chistes que inventa son el medio que utiliza para lidiar con el dolor. Las protagonistas de Innocents And Others, Meadow y Carrie, son cineastas. Meadow hace documentales y Carrie, largometrajes feministas. Son muy buenas amigas y tienen muchas cosas en común, aunque sus ideas sobre sexo, moralidad y cine son muy diferentes. Su lealtad se pone a prueba cuando conocen a otra mujer misteriosa que seduce a hombres poderosos por el teléfono -no con sexo, sino simplemente escuchándolos- y se convierte en sujeto de uno de los documentales de Meadow. Su debacle, y lo que la hace tan extraordinariamente conmovedora, consiste en fingir ser alguien que no es. Las novelas, dice Spiotta, son excelentes medios para entender a las personas y reinventar nuestras identidades. Una se recrea a sí misma a través de cualquier creación artística. Mackintosh añade que la mayoría de escritores prefieren escuchar pero que hablar es un talento necesario para encontrar tu propia voz. Todos quieren ser escuchados pero nadie quiere escuchar, responde Spiotta, excepto “estos raros escritores”. Los libros tienen una manera de hacer que tanto el autor como el lector puedan escucharse a sí mismos. Y, aunque a veces usamos trucos estilísticos y narrativos que parecen poco confiables, la precisión y la claridad son esenciales.

 

En los márgenes de las sociedades de consumo se encuentran los protagonistas de las novelas fantásticas Goblin, de la escocesa Ever Dundas y Familiar things, del surcoreano Hwang Sok-yong. Sus personajes son niños que no pertenecen a una sociedad normal y crean sus propias sociedades e identidades a partir de los desperdicios que les rodean. Goblin es una niña a la que a veces la confunden con un niño. El género puede ser, a menudo, un horror que controla y aprisiona, explica Dundas. Goblin no es niña ni niño. Goblin es Goblin. Y las criaturas que Goblin reinventa a partir de animales abandonados en las calles de Londres le sirven de consuelo y le ayudan a lidiar con sus traumas. Bugeye, el protagonista de Familiar Things, vive en un enorme basurero llamado Flower Island. Sok-yong explica que, en la tradición narrativa oriental, los objetos apreciados tienen memoria. Cuando los objetos son desperdiciados, se crean fantasmas. Desafortunadamente, cuando le pregunta el crítico literario Stuart Kelly por sus influencias, la timidez y el nerviosismo del intérprete de Sok-yong obstaculizan nuestra comprensión de la respuesta del autor. Ever Dundas dice que su influencia es intertextual, que encontró inspiración para Goblin en HG Wells y en la música de Manic Street Preachers.

Stuart Kelly explica que la lectura de Familiar Things es de vital importancia porque Sok-yong tiene una visión profunda y significativa de lo que es ser excluido porque es algo que ha vivido en carne propia. Fue detenido y encarcelado en Corea del Sur por haber ido a visitar a un familiar en Corea del Norte. El crítico les pregunta a los autores sobre lo que les ha motivado a escribir sobre protagonistas infantiles. Dundas responde que los niños son más fuertes de lo que los adultos pensamos y pueden tomar de lo que les rodea lo que necesitan para enfrentarse a cualquier situación difícil. Sok-yong añade que los niños tienen una claridad de pensamiento que les permite tener más empatía hacia la naturaleza. La misma claridad que dice Auster que desvanece los límites y que hace que las novelas se queden con nosotros para siempre.

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