Cuando el entusiasmo perjudica los derechos laborales

 

texto  SABINA FRIELJUDSSËN 

Remedios Zafra gana el Premio Anagrama de Ensayo con “El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital”

 

Siempre hemos tenido en alta estima la frase de Confucio: “elige un empleo que hagas a gusto y no trabajarás un solo día de tu vida”. Trabajar de manera apasionada ha sido un leit-motive que parecía imbatible y se ha criticado agriamente a los trabajadores que desempeñan su función arrastrando los pies e incluso se los compadece. Sin embargo, Remedios Zafra - escritora y profesora de la Universidad de Sevilla, especialista en el estudio crítico de la cultura contemporánea- pone el dedo en una llaga que cada vez es más sangrante: el entusiasmo de la gente en tareas relacionadas especialmente con la cultura y la comunicación, han hecho que estén dispuestas a trabajar casi por nada, en unas condiciones laborales que, vistas de manera objetiva, son intolerables: sin contratos, sin cobertura de la Seguridad Social, con tarifas ridículas… si alguien protesta, incluso le ponen mala cara y se lo reprochan: “¡Pero si tú te lo pasas muy bien escribiendo sobre esto!”.

A nadie extraña ya que a un periodista un medio digital le pague 40 euros brutos por un artículo que tal vez le haya llevado muchas horas y gestiones. Y que si el medio finalmente decide no publicarlo, ni siquiera le pague y no tenga derecho a reclamar nada por su trabajo y su tiempo invertido. Pero lo curioso del caso es que a la gente se la trata así de mal y está contenta porque eso que hacen “los llena”. Aunque no les llene precisamente el bolsillo y en la caja del supermercado uno no puede pagar la cesta de la compra de su familia con un cheque de satisfacción.

Explica uno de los miembros del jurado, el escritor y filólogo Jordi Gracia, que “con una intrigante combinación de ensayo propositivo y narración intencionada, este libro se sumerge en el lado oscuro de la creación en la red y sus entusiastas colaboradores. Se convierten imperceptiblemente en  trabajadores en precario, y hasta parece vivirse una feminización del trabajo en el peor sentido: voluntariosos, imaginativos, comprometidos pero explotados a menudo por ellos mismos y sus afanes competitivos”.

La experta en arte Chus Martínes, también miembro del jurado, afirma que «El entusiasmo ofrece una reflexión sobre la naturaleza de una revolución en la forma de entender el trabajo, el salario, la remuneración y la satisfacción personal en el campo de la cultura… Y trata de cómo el sistema cultural y quienes trabajamos en él contribuimos negativamente a este cambio al anteponer el entusiasmo como motor. El libro atiende a las preocupaciones de un gran colectivo que se preocupa por la construcción de un mundo mejor, con valores de género y de igualdad sin precedentes, y cómo ese esfuerzo es, simultáneamente, la base de una nueva explotación. Es una lectura que no solo esboza un estado de la cuestión, sino que invita al lector a participar de un sentimiento que determina hoy las relaciones intergeneracionales y sus horizontes de futuro».

 No se puede trabajar sin entusiasmo, pero está claro que hay quien se aprovecha de ese entusiasmo. Las administraciones públicas, viendo que la cultura busca sus maneras de no morir en la voluntad de algunas personas entregadas, deja de regar el jardín. Y el jardín sobrevive, pero el desgaste de algunos es devastador y las conquistas sociales que se pierden por el camino por culpa de ese abuso resultan innumerables.

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