Palabras de desempleo y pobreza

Malpaso publica "Cuando el diablo salió del baño" de la escritora francesa Sophie Divry

 

 

Texto: CARLOS LÓPEZ AGUIRRE

Traducción: ADRIANA ORTEGA

Foto: TIM DOUNET

 

Puntual, el ascensor se abre. Blusa roja, pantalón negro y media sonrisa. Rostro afilado, pero de mirada cortés. Veo a Sophie Divry y en un primer instante me cuesta imaginar que es ella. Había evitado buscar su imagen. Había preferido guardarme aquella que me regaló mi imaginación mientras leía Cuando el diablo salió del baño (Malpaso). Pero a la primera pregunta Sophie niega ser la protagonista de su obra, a pesar de que ambas comparten el mismo nombre, nacieron en la misma ciudad y viven en Lyon. Lugar desde el que viajó la autora para participar en el festival literario Kosmópolis de Barcelona. “Es un poco una trampa para el lector”, señala, “de una cierta manera, decir 'yo' y decir 'Sophie' me permite hacer creer al lector que está leyendo algo muy clásico, alguien que habla de su experiencia, lo que despierta la curiosidad, incluso una curiosidad un poco voyeurista, malsana, de parte del lector, pero después la ficción gana en amplitud y el lector lo entiende”. A pesar de la negativa, sin embargo, sabe bien de lo que habla: de la precariedad. Solo alguien que la ha vivido y sentido en carne propia puede escribir de esa manera sobre ella. Y lo curioso es que un aspecto tan común y tan comentado en el mundo de los escritores ha sido un tema olvidado en la literatura. ¿Quizá por pudor? ¿Tal vez por hartazgo?

“Todos pagamos facturas y en los libros nunca hay facturas. Por lo tanto, se trata de una voluntad de hablar de la condición contemporánea, de nuestra condición”, señala Divry. Quien observa en el desempleo el origen de este mal que aqueja a millones de jóvenes en el mundo: “Es una experiencia de la cual debe hablarse y que debe ser contada, presentada de manera literaria por los escritores. Si no lo hacemos, sería como ocultar todo un aspecto de la condición humana, limitarnos a hablar de las vacaciones, del amor...”. La autora recuerda a algunos autores que se acercan de algún modo al tema, pero ella quería hacerlo desde la perspectiva moderna, la del día a día, sin mayores ambigüedades o abstracciones. “No puedo hacer lo mismo que hacía Zola, todo cambia. Ahora uno pone su piso en AirBnB, vende o revende sus libros, mientras que en épocas pasadas se hacían cosas diferentes. Hay que contar todo eso: si los escritores no lo hacen, nadie lo hará jamás.” Además, recuerda que la crisis y la precariedad eran algo que ya existía antes de la caída de Lehmann Brothers en 2008. Pero solo fue noticia cuando se vieron afectadas las clases burguesas. Y, aun cuando la crisis global demostró que cualquiera podría caer en la precariedad o incluso en la miseria, esto no transformó la escala de valores basada en el capitalismo. Al día de hoy, la pobreza da vergüenza. Divry considera que esto se debe a que hemos sido educados bajo la idea de que ser exitoso es ser independiente. “Yo creo que lo que es importante para muchos es la autonomía, considerada como libertad; por eso nos da vergüenza, porque volvemos a ser niños y dependientes, tenemos miedo a no poder valernos por nosotros mismos, a necesitar ayuda”. Porque pedir ayuda, en una sociedad como la actual, es sinónimo de fracaso. Quizá ninguna palabra provoque más terror en la modernidad.

La escritora confiesa que muchas veces se cuestiona: “¿Qué es el éxito social?”. Piensa que, aunque es mejor tener un trabajo, el hecho de vivir en una burbuja, sin la necesidad de pedir ayuda a nadie, da un poco de lástima. “Me pregunto si estar en paro es una manera de ponerle un poco de ternura a la vida”, sonríe. Y añade: “El trabajo puede ser un sufrimiento abominable. En el libro digo que, en el fondo, el desempleo también puede ser un váyanse al carajo, porque la empresa también puede llegar a ser un lugar de un sufrimiento enorme”.

Y, aunque está convencida de que Europa no sufrirá hambrunas, por lo menos a medio plazo, dice que es fundamental denunciar que mucha gente está en una situación de inseguridad alimentaria. Como le sucede al personaje de Sophie. “Si no hablamos de ello, es como si desapareciera de la experiencia humana y los libros deberían hablar de la experiencia humana de manera global, no solo del yo, yo, yo”.

En este punto de la entrevista, Sophie Divry me dice un par de veces que las preguntas no están siendo muy literarias. Reímos. Entonces, para terminar, le pregunto sobre su estilo literario, lleno de humor y fantasía (literalmente el diablo sale del baño en su obra, por ejemplo), sobre todo para hablar de temas tan espinosos como son la precariedad, el desempleo y la pobreza (insisto). Entonces, por fin me confiesa que ella ha pasado por todo eso. Sí, de algún modo ella es la Sophie del libro. Y esos eran los temas de los que ella quería y necesitaba hablar, pero sabía que no podía hacerlo de una manera seria, porque no lograría terminar la obra. Así que ahuyentó cualquier fantasma de censura y escribió. “Al principio me daba pena, sentía que me estaba burlando, pero al final fue lo que me permitió hablar de cosas muy duras. Pienso que el humor es un fertilizante, un abono para la literatura, permite abrir las puertas de la creación”, concluye.

 

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