El Anarquista bueno

La literatura vuelve al rescate de los héroes ignorados y, como en el caso de Melchor Rodríguez, "El ángel rojo" que salvó a más veinte mil personas durante la guerra civil española (1936-1939), forzados al silencio por imperativo político durante tantos años. Joaquín Leguina (Villaescusa,5 de mayo de 1941) político y escritor, ha resucitado junto a Rubén Buren (Madrid, 1974) músico y dramaturgo, la figura de aquel anarco humanista en Os salvaré la vida (Espasa), Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio. Un emocionante relato de alguien que se jugó la vida por salvar a gentes desconocidas y del otro bando enfrentado. 

 

 

 

Texto: FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

 

Se dice que la política tiene extraños compañeros de viaje y, parece que en la literatura sucede igual; al menos en algunos casos, como lo demuestra la evidencia de los autores del último Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio de 2017 "Os salvaré la vida", Joaquín Leguina, socialista de larga trayectoria, y Rubén Buren, dramaturgo, músico y artista polifacético de credo libertario. Librújula habla con Leguina, escritor prolífico de ensayo y novela, ya que su compañero Rubén Buren no ha podido desplazarse a Barcelona para la ocasión.

Resulta curioso que un socialista como usted que ha detentado cargos de responsabilidad en el partido y en la Comunidad de Madrid, entre otros compromisos, forme pareja con un hombre como Rubén Buren de tan distinta filosofía política. ¿Cómo se han puesto de acuerdo para escribir a dos manos el libro?

"Lo primero que debo aclarar es que, en efecto, Rubén es ácrata, libertario, pero que la mayor diferencia no estriba en eso, sino en que yo soy mayor y él es joven. Dicho esto, estaba trabajando el personaje de Melchor Rodríguez y tenía escritas unas cincuenta páginas - de las cuales han quedado ahí diez o doce-, y me encuentro con que el protagonista de la novela estaba casado, juntado o vivía -porque los anarquistas no se casaban oficialmente- con una señora que se llama Paca Muñoz, bailaora y cantaora con Pastor Imperio. Y veo que aquí hay chicha; pero al investigar no encuentro nada, no aparece por ningún lado. Entonces leo en la prensa que un bisnieto de Melchor Rodríguez ha escrito algo sobre el personaje y me intereso por conocerle; pero el empujón me lo dio el periodista José Antonio Martín Otín, más conocido por "Petón", a quien conté lo que estaba escribiendo y él me dijo que debía hablar con Rubén. Esta "liason" que él provocó me ha venido genial."

 Últimamente han aparecido publicadas varias novelas cuya acción se enmarca tanto en la Guerra Civil como en las del Marruecos colonial, uniéndose a la ya numerosa literatura sobre aquellos acontecimientos trágicos. Es un filón parece que inagotable. ¿Qué aportación novedosa hace "Os salvaré la vida" al tema?

"Es sano escribir sobre el tema de la Guerra Civil, pero hay que escribir algo nuevo, como esto que hemos hecho nosotros dos: Nuestra novela no es maniquea. Os salvaré la vida observa el enfrentamiento civil desde la óptica anarquista, pero todo lo que cuenta es verdad y escribir contando la verdad es muy importante.

 La novela recoge diversos momentos importantes de aquel tiempo dramático y deja claro que la República no era la panacea de las libertades en absoluto, sino una aproximación. Afirman que no se había llegado al espíritu democrático.

"No sé si se dice explícitamente, pero yo lo tengo muy claro; hay un movimiento de exaltación de la República como si aquello fuera el paraíso. Vamos a ver, lo que no había es demócratas, ni en un lado ni el otro. El espíritu podría ser ese, pero la militancia práctica era escasa. 

La novela, dividida en tres partes, es una obra coral en la que todos hablan de Melchor Rodríguez, excepto la última parte, donde él ya no interviene de un modo activo. ¿Lo tuvieron claro desde el principio o variaron notablemente la estructura, y también me gustaría que me dijera si el volumen del texto ha sufrido recortes y han expurgado mucho la novela?

 La idea primitiva era disponer de dos líneas narrativas: la de Melchor, y la de otro personaje ficticio que coincidirían al final. Después decidimos una de las dos líneas. Hemos suprimido cientos de páginas, y a pesar que siempre duele eso de mutilar un escrito, lo hemos llevado con buen talante. El que Rubén proceda del mundo teatral se notaba en que había mucho diálogo al principio, por lo que utilicé la tijera para aligerar el texto. También él me recortaba a mí. Sin problemas."

En la novela se cruzan algunos personajes muy brevemente pese, a veces, su importancia histórica como es el caso del líder anarquista Cipriano Mera que comandó una División y apoyó el golpe del coronel Casado casi al final de la guerra contra los comunistas. ¿La notoriedad de Mera no merecía una mayor participación en la trama?

Yo conocía Cipriano Mera, que vivía en los alrededores de París entonces, por medio de la novia anarquista de toda la vida de un amigo mío; fue en una comida de campo en la que Mera y su mujer nos invitaron y pudimos hablar tranquilamente. Así precisamente empezaba la novela con ese party. No era un mal comienzo, pero te ibas por otro lado. Entonces, aunque Cipriano Mera aparece muy lateralmente, esa parte ha desaparecido. Igual que la parte más extensa de Marruecos. ¡Porque no se podía meter todo! Y no podías despistar al lector que tiene que seguir una trama para que se interese por el asunto. A mí no me gusta como lector que me cambien el paso, me molesta. Quiero esperar que vaya a ocurrir algo nuevo, pero no en las islas Galápagos, sino en el terreno que está la novela.

En este caso la acción no se separa de Madrid con unos personajes que entran y salen, creados y reales que aportan verosimilitud a la trama unos, y los auténticos como el flamenco Manolo Caracol aportan cierta información que, para el lector de hoy, seguro es novedosa. ¿Hay alguna pretensión de hacer pedagogía con los lectores más jóvenes?

Bueno es el Madrid de antes de la guerra con pinceladas, porque no se trataba de hacer un tratado, no es eso; y el Madrid de la guerra era terrible, como lo fue el de la posguerra que sigue siendo terrible (en la novela. Hay personajes que están en el meollo de la narración, y otros que aparecen adornando esa narración. Está hecho a propósito, claro; uno de los personajes curiosos y al que sí dedicamos una página y media es el de Pastora Imperio, que antes de la guerra era un personaje fundamental en el folclore español y en el Madrid de la época. Casi nadie sabe que se había casado con "El Gayo", ahí se dice. El "Gayo era un hijo de su madre, ahí se dice, que luego tuvo una hija (Pastora) con un primo del rey Alfonso XIII, ahí se dice. Claro, son cosas tan sorprendentes por desconocidas que aportan información. No enturbian, creo yo el discurso central de la novela, pero ilustran el Madrid de la época. En cuanto a lo de hacer pedagogía, bueno, es que queríamos escribir una novela que sirviera también para reflexionar; para hacer ver que la guerra fue un desastre, pero que hubo gente que salvó el espíritu, digamos. Mi padre lo pasó muy mal durante la guerra porque era de Acción Católica y no lo fusilaron de milagro, además lo llevaron al frente en malas condiciones. Siempre fue muy lector y yo aprovechaba su biblioteca para leer muchas cosas. De la guerra civil tenía una colección firmada por El caballero audaz, cuyas novelas muy militantes, yo devoraba porque tenían mucha acción. El autor se había quedado en Madrid durante la guerra, era monárquico y muy de derechas; se había tenido que esconder hasta en el cementerio de la Almudena porque iban a por él, o eso contaba. Recuerdo títulos de novelas que me gustaron mucho de pequeño como Arriba los espectros. Esas novelas fueron mi primer encuentro con la guerra civil y, cuando muchos años después volví a leer alguna de ellas, me sorprendí que me hubieran atraído tanto dado lo malas que eran. Supongo que fue por la edad, tenía seis o siete años cuando las leí.

 La atmósfera que recrean entre los personajes escondidos en una casa señorial - perseguidos en muchos casos por unos y otros-, que representa la convivencia forzada entre refugiados de distinto signo político amparados en embajadas y casas particulares que se dio durante la guerra, es intensa y debe haber necesitado de investigación precisa sobre el tema. 

Se relata esa circunstancia, pero muy brevemente. No hemos querido abundar en el tema, a pesar de tener mucha documentación, sobre todo de la Embajada de Chile desde donde Lynch había abierto cuatro o cinco casas en Madrid simplemente para meter gente refugiada, para no distraer la atención de la trama principal. Hay personajes curiosos como el célebre Boby Deglané que yo creo era un espía de Franco, pero del que no conocía su participación en la guerra civil hasta que Rubén me puso al corriente. Igualmente es cierto lo del famoso concurso del que existen fotos e información que salió publicada en la prensa del momento. He podido verla ahora porque la guardaba la familia y no se ha perdido.

Uno de los compañeros anarquistas de Melchor Rodríguez que fue represaliado después de la guerra, era periodista y para sobrevivir cuentan ustedes que escribía novelas del Oeste. Creo que le conoció personalmente, y que aportación es relevante en un momento determinado de la trama. ¿Cuál es su importancia?

Lógico, de que iban a vivir los pobres sino escribiendo novelas baratas, y me refiero no solo a él, sino a tantos otros. En la narración del asalto al Cuartel de la Montaña hemos tomado mucho de Guzmán, le citamos porque era periodista y realizaba reportajes en primera persona. Era muy amigo de Melchor. Yo le conocí, era muy listo e ilustrado; sostenía que que solo había cinco argumentos posibles en la literatura - me dio la lista que, desgraciadamente no apunté, y he olvidado-  lo demás no existe, todo son mezclas. Me contó sus peripecias para sobrevivir. Lo cierto es que las pasaba fatal. Yo no sé cómo no lo mataron al caer prisionero en Alicante cuando cerraron el puerto; sobre todo, porque había escrito para todos los periódicos anarquistas.

La novela se visualiza hasta el punto que parece pensada en muchos momentos para ser llevada al teatro o al cine. ¿Cree en esa posibilidad?

Sí, es factible su traslación al cine; un guion sale de ahí fácil. Pero en el cine español eso es imposible, porque aquí es como la historia de Juan Palomo: "yo me lo guiso yo me lo como”, y no metes una ni de canto. Las novelas que se llevan al cine van a ser cada vez más escasas. Ahí tienes a Almodóvar que se empecina en hacerlo él todo, y podría hacer una buena cosa si lo ayudara alguien, porque me parece que está más agotado que la pipa de un indio. Amenábar que, sin duda, también tiene mucho talento, compone hasta la música. El cine es un arte de conjunto como lo es el teatro. Yo he discutido mucho sobre eso con Rubén porque él está muy acostumbrado a hacer teatro, y a la hora de encarar una novela nos movemos en otros escenarios.

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