Retratos literarios y vino creador

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Un recorrido por el alcohol y la literatura de la mano de Javier Barreiro 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Con casi 91 años, los cumplirá en noviembre, el poeta y novelista José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1926) da cuenta en 464 páginas, de 103 lúcidos y honestos retratos literarios de otros tantos personajes de la cultura hispánica en Examen de ingenios (Seix Barral): tanto artistas como escritores, a los que él conoció y de los que fue y es amigo: prescinde de los pertenecientes a promociones posteriores a la suya, según dice en la nota explicativa del libro. Es toda una vida y más lo que hay en estas páginas escritas con total generosidad, que es como bien dice el autor al terminar de hablar de Julio Cortazar: “La generosidad es el único egoísmo legítimo.”

Así pues, desde Azorín a Juan Gelman pasando por León Felipe, Guillén, Aleixandre, Cunqueiro, Oteiza, Alberti, Panero, Paz, Viola, Hierro, Guerra, Cardenal, Valente, Barral, Gil de Biedma, Marsé, Agujetas, Gala, Gamoneda y Quiñones, entre otros muchos, quedan todos pergeñados por el ingenio de este Caballero Bonald, de enorme talento narrador a la vez que poético, donde expone anécdotas personales entre retratista y retratado, hasta momentos clave de una situación cultural vivida. Excelente memoria la suya, donde da cuenta, no sin retranca en algunos casos, de todo lo que vale la pena contar de lo vivido. Siempre desde su punto de vista y para mayor gloria suya: o sea, de ambos.

En estas andaba cuando aparece Alcohol y Literatura (Menoscuarto) del aragonés Javier Barreiro (Zaragoza, 1953), quien en sus 280 páginas de valiosa erudición nos da cuenta también de los artistas, hombres y mujeres, también novelistas y poetas, que han profesado en dipsomanía y es curioso que de los pocos vivos de los que habla cita a Caballero Bonald y no lo deja bien parado como persona, aunque Barreiro si cita en la extensa bibliografía dos libros de Caballero Bonald sobre el tema que le ocupa: Lo que sabemos del vino (1967) y Breviario del vino (1967) y habla de su brillante prosa y de sus excelentes libros de memorias. Lo cortes no quita lo valiente, supongo: “Otros autores no catalanes cercanos al grupo y a la editorial de Carlos Barral, muy buenos amigos del trago, fueron el madrileño Juan García Hortelano, a quien ya se citó, al asturiano Ángel González y el jerezano José Manuel Caballero Bonald, autor de dos excelentes libros de memorias, Tiempo de guerras perdidas (1995) y La costumbre de vivir (2001), de rutilante prosa, pero que sobrellevan el peso de la inmensa y magmática vanidad de su autor, siempre minusvalorando sutilmente –no a la zafia manera de Baroja- a cualquier contemporáneo que pudiera disputarle la gloria. A la justa fama de su escritura le acompañó la de gran bebedor que, además, sabía soslayar o enmascarar los peligros de las copas. Que se le notaba poco, vamos.”

Javier Barreiro es un reconocido estudioso de la literatura y de la cultura popular, del tango en especial, entre otra muchas cosas, y en este libro que me ha entretenido también me ha descubierto a escritores que desconocía, pues a la vez que habla de su afición al trago expone las mejores obras de cada cual, y va desde los orígenes de la vid hasta las desaparecidas tabernas de nuestros tiempos jóvenes. Así, por sus brillantes páginas desfilan los contemporáneos, la bohemia española, los hispanoamericanos, los norteamericanos, los británicos y todo lo que tenga que ver con la creación literaria y el alcohol, como el cine y la novela negra, por ejemplo. Nos explica la diferencia entre borracho y alcohólico de la mano de varios autores, me quedo con la del poeta Auden, quien para aclarar lo que no era explicaba que: “Un alcohólico cambia de personalidad con las copas; un borracho puede beber lo que quiera. Yo soy un borracho”. Y hablando de poetas, de todos es conocida su dipsomanía generalizando, que siempre es malo generalizar, el ensayista aragonés escribe: “Para los poetas, por lo menos en los tiempos en que había poetas, el alcohol es como el aire que respiran.”

Creo que Javier ha escrito un excelente ensayo sobre el vino y el quehacer demiurgo, con una fantástica bibliografía, 9 páginas, y con casi un millar de personajes, en 14 páginas de índice onomástico, pululando por esas páginas admirables: desde Enrique Gómez Carrillo a Caroline Blackwood, pasando por Alejandro Sawa, Mariano de Cavia, José Gutiérrez Solana, Manuel Machado, Eduardo Alonso, Dámaso Alonso, Manuel Halcón, Leopoldo Panero, Eladio Cabañero, Pedro Garfias, José María Álvarez, José López Ruiz, Alfonso Grosso, Gabriel Ferrater, Alfonso Costafreda, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Ana María Matute, Juan Benet, Fernando Quiñones, Fernando Marías, Rabelais, Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, Gérard de Nerval, Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, entro otros muchos más.

Eso, sí, no se piensen ustedes, en dichas páginas hay mucha vida alegre y de moral distraída, pero vida vivda, y por supuesto borrachería; pero también, hay muchísimo altruismo y gran compañerismo etílico, y admirables bondades personales; y hasta ellas, las páginas, llegan los ecos del ruido y la bulla de los bares, de los hoteles y de las tabernas del mundo conocido; y también las tabernas de su ciudad, Zaragoza, ya desparecidas como tales.

No dejen de leerlo, se divertirán aprendiendo. ¡Que arte el de este Javier Barreiro, cuánta retranca, a quien conocí en un bar de Tarragona, dónde pues, y nos presentó una profesora de Literatura y común amiga, como no podía ser de otra forma!

Creo que ambos libros, Examen de ingenios como Alcohol y Literatura tiene algo o mucho en común pues son semblanzas de vidas que resultan epopeyas brillantes, tragicómicas las más de las veces, en un juego de contradicciones y aderezadas ellas con maravillosas extravagancias y otras lindezas. Y es que un libro si es bueno, te debe llevar a otro u otros muchos, como es el caso. ¡No dejen de leerlos, por favor!