“La sonrisa verdadera” y las cosas importante

El relato del viaje en tándem a Marruecos un joven ciego autista con su hermano gana el Premio Feel Good

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

“La sonrisa verdadera” ha sido galardonado con el premio Feel Good a novelas optimistas, que nos dicen que vale la pena seguir pedaleando, que publica la editorial Plataforma y cuenta con el patrocinio de la Fundació La Caixa.

Este es un libro escrito no a cuatro manos, sino a seis: el viaje lo protagonizan Juanma y Sergio y lo escribe la madre de ambos, Mari Ros Rosado, con una sorprendente elegancia narrativa que huye de la fanfarria emocional. Y, sobre todo, con alegría. El viaje, en realidad empieza en 1986 en el hospital donde nació Sergio: no fue hasta unos minutos después de llegar al mundo que se dieron cuenta que había nacido sin ojos. Su madre, desde el primer momento, no tomó la situación como una tragedia sino como una misión, para su hijo y para ella. El camino fue duro: no sólo era ciego, sino que no tener globos oculares podía poner en riesgo el crecimiento facial del rostro y se sometió a penosas intervenciones y tratamientos. Cuando a los seis años se diagnosticó su autismo, se añadió un nuevo obstáculo a la carrera. Le costó incluso que lo aceptaran en el colegio de la ONCE, porque además de ciego era autista. Pero los Aznárez son buenos corredores: no sólo tienen piernas fuerte sino sonrisa musculosa. El padre nunca deja de gastar bromas a Sergio.

Juanma, productor audiovisual y trotamundos, siempre estuvo muy unido a su hermano. Tras una visita familiar a Tailandia, decidieron hacer un gran viaje ellos dos solos: ir en una bicicleta tándem desde Cuenca hasta Marruecos. 1.300 kilómetros pedaleando, en muchos sentidos. Sergio estuvo dos años entrenando con una bicicleta. El libro relata el viaje desde su punto de vista imaginario, que hacen aflorar su madre y su hermano, porque Sergio se expresa de manera muy dificultosa. A veces, sobre todo con extraños, se bloquea. “Tengo muy pocos amigos de mi edad porque no sé conversar”. El recorrido está lleno de peripecias entrañables. Su hermano, ayudado por los amigos que los arropan en el viaje, hace para Sergio un mapa en el que colocan montañas de plastilina para que él las recorra con el dedo y sepa el trayecto que hacen.

Sergio tiene buen carácter, le encanta la música y bailar. Cuando va a un concierto consigue detener ese movimiento de su cabeza que hace constantemente. A veces se desorienta y no parece fácil viajar junto a alguien con sus carencias. Pero en el prólogo del libro su hermano Juanma no cuenta el viaje como un reto de alpinista, sino como una fuente de alegría. No se pone la medalla al mérito fraternal sino que es él quien se siente en deuda con Sergio por haber hecho su vida mucho más rica. Primero pensó en hacerle a Sergio el regalo de ese viaje a Marruecos, pero acabó dándose cuenta de que era su hermano el que le hacía a él el regalo. “Lo mejor de mí ha ido creciendo con él”, nos dice.  Hay cosas que sí valen la pena.

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