Guy Standing, la voz de la revuelta.

Conversamos con el economista Guy Standing, autor de El precariado. Una nueva clase social. 

 

 

 

 

Texto: JOSÉ LUIS DEL PINO

El prestigioso economista británico Guy Standing, famoso por haber acuñado el concepto de “precariado”, lleva tres décadas trabajando en pro de la renta básica universal. Acaba de aparecer en España su último ensayo, La corrupción del capitalismo, que consolida el interés despertado en nuestro país por su primer título, El Precariado. Una nueva clase social (2013), ambos publicados por Pasado&Presente. "Librújula" ha conversado con este experto en los mercados de trabajo internacionales sobre las causas que han propiciado el fenómeno de un precariado que augura nuevas formas de rebelión y de organización social.

Entre una multitud de personas, Guy Standing pasaría perfectamente desapercibido; ni su estatura mediana, ni su complexión delgada ni su rostro sereno invitan a sospechar que, tras esa apariencia tranquila, se encuentra una de las voces más sobresalientes en la lucha por la denuncia del capitalismo rentista, y sus víctimas del precariado. A sus espaldas, treinta años de trabajo brillante en diferentes puestos de responsabilidad, tanto académica como de investigación social, economía y especialmente como miembro fundador y copresidente de BIEN (Basic Income Earth Network), una ONG internacional que promueve la renta básica de la ciudadanía. “La Renta básica es asequible, tendría resultados maravillosamente positivos en el mercado de trabajo, daría a la gente un sentido de seguridad y de hecho aumentaría su confianza a la hora de secundar una nueva política”. Su voz y sus libros son referentes importantes por la inteligencia de sus argumentos, el vigor clarificador con que los defiende y la honradez del mensaje. Hemos podido comprobarlo hablando con él durante su breve estancia en Barcelona, invitado por LITERAL, la Feria del Libro Radical, junto a la militante palestina Leila Khaled. En ese marco alegremente cultural, inundado por las mesas de las pequeñas editoriales, que dejan sentir su aliento valeroso y entrega por la buena literatura y el ensayo, Guy Standing intervino como una estrella principal. Y lo hizo con una conferencia sobre la realidad crítica que sufrimos actualmente, producto de la mezcla de un sistema rentista opresivo y la existencia de una nueva clase social sin futuro, indefensa y condenada al vacío.

Sin embargo,  antes quisimos conocer de primera mano su trabajo y experiencia en el campo socioeconómico, sus lecturas de aprendizaje y formación, así como también todo sobre su último libro publicado en España por Pasado&Presente; igualmente nos interesamos por el individuo, adentrándonos en el perfil humano de alguien que basa su trayectoria en procurar una mejora sustancial para todos los ciudadanos. Es importante entender, desde un punto de vista analítico y político, que Standing, director entre 1999 y 2006 del Programa de Seguridad Socioeconómica de la Organización Internacional del Trabajo, en Ginebra, ha evitado presentar sus tesis, su visión sobre el precariado, como algo radical o revolucionario. Para él es fundamental que se entienda esa realidad respecto a su trabajo. Sustenta la creencia de que todos los grandes cambios a lo largo de la historia han surgido por la presión de la masa popular. Y, en este caso, la masa que más está creciendo es la del precariado, que en cierta manera va a buscar una gran redistribución de rentas. Y eso va a cambiar radicalmente el capitalismo. “Puedes llamar de otra manera al sistema económico que vendrá después: capitalismo punto cero, o como se quiera. Pero no creo que vaya a ser comunismo, ni desde luego el antiguo socialismo”. Para este doctor en ciencias económicas por la universidad de Cambridge y miembro de la Academia de Ciencias Sociales del Reino Unido, las aspiraciones de ese nuevo movimiento, de ese gran grupo social, van a tener dos ejes básicos. Por un lado, el elemento de la nueva distribución de los ingresos. Y por otro lado, la concienciación de que de alguna manera esa nueva estructura va a generar un gran beneficio. El profesor Standing incide en el tema recordando que su segundo libro publicado en España, El precariado, una carta de derechos (Capitán Swing), contiene diecinueve puntos que se establecen como básicos para defender al precariado, y que proceden de las miles de entrevistas que ha sostenido con la gente para entender que es lo que necesitan, cuáles son sus problemas.

Sin embargo, antes que nada,  intentemos situar al personaje en el mundo que transita. Vive fuera del Reino Unido y reparte su tiempo, amén de los inevitables viajes de trabajo, entre Suiza e Italia. “Vivo en Ginebra, donde he trabajado más de treinta años en la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Pero tengo una «segunda residencia» en la Toscana, debido a una historia curiosa que me ocurrió en un viaje a Bulgaria para explicar las bondades de la Renta Básica Universal. Durante mi estancia allí, un conocido me habló de un molino derruido del siglo XII en la Toscana; decidí ir a conocerlo y me enamoré del lugar. Llevo una docena de años reconstruyéndolo, y de momento he conseguido tener agua corriente y electricidad”. Se ha dicho que se había convertido en una especie de apátrida debido a su trashumancia profesional, que le hace ausentarse durante largos períodos del Reino Unido: "He perdido algunos de los derechos básicos de ciudadanía como son el derecho al voto –cuando pasas siete años fuera ya no puedes votar – y a las prestaciones sociales. El Brexit abre nuevos interrogantes sobre mi situación en el Reino Unido". Standign aboga  encarecidamente por maximizar la educación: “rescatar la educación de capital humano”. Sus textos son literariamente excelentes y precisos, supongo que responden en parte a una buena educación literaria y ensayística: "Como cualquier pensador me he inspirado en miles de obras y autores, y elegir a unos en concreto es peligroso porque eso te encasilla enseguida, y porque en ocasiones hay solo partes de una obra que me puede interesar. Pero desde luego los clásicos: los griegos; el Karl Marx joven de los Manuscritos, de 1848 y el de Los Cuadernos. Pensadores del siglo XX como el estadounidense Barrington Moore Jr., autor de Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia. Hannah Arendt, sobre todo La condición humana, libro que me ha fascinado especialmente. Anthony B. Atkinson por su magistral libro Desigualdad. También filósofos como Bertrand Rusell o John Maynard Keynes, el economista más influyente de mediados del siglo XX, al que reprocho su premonición errónea sobre la “eutanasia de los rentistas”. Y William Morris". Su gusto literario y ensayístico le ha llevado a encabezar su nuevo libro sobre la renta básica, Basic Income: And How We Can Make It Happen (Penguin Books, 2017), con un poema de la socióloga británica Barbara Woottom: “La evolución extrae su fuerza creativa más de los campeones de lo imposible que de los esclavos de lo posible”. El economista, recuerda que "durante todos estos años de trabajo me he preocupado por defender la renta básica, que es la lucha de lo que parece imposible", En los últimos diez o quince años ha renacido con mucho vigor y excelentes resultados el manifiesto, el panfleto. Eso es algo que no sucedía desde hace muchísimo tiempo; sobre todo, porque ha conmocionado y sigue despertando conciencias dormidas, sumando “rebeldes” a la causa que intenta combatir la opresión económica, pero cuáles son los precedentes históricos han marcado el camino: "Le tengo especial afecto a lo que puede ser el bisabuelo de los manifiestos políticos, que es la Carta Magna británica. Y, sobre todo, a un texto paralelo que se promulgó a la vez (1217), y que se leía en las iglesias a los feligreses durante el reinado de Enrique III, que lo firmó cuando tenía 9 años: “La Carta del Bosque” (The Charter of the Forest). Que es el establecimiento de derechos político-sociales más longevo del Reino Unido –se derogó en 1971-. Este año es su ochocientos aniversario y tengo el propósito de organizar diversos actos conmemorativos para los que estoy recaudando fondos. Pero, si hiciera falta, estoy dispuesto a costear personalmente la celebración del aniversario de este documento."

Al profesor Guy Standing, una sonrisa le ilumina el rostro, amable pero sobrio, cuando explica en qué consistirán los actos de la conmemoración: “Uno de los actos que pienso llevar a cabo es alquilar una barcaza que remontará el Támesis hasta el lugar (río arriba) donde se promulgó La Carta del Bosque. De esta solo se conservan dos copias nada más: una en el Castillo de Durham y la otra en el Castillo de Lincoln, los dos al norte de Londres”. Ante la incredulidad o sorpresa que suscita tan rotunda afirmación de pagar de su propio bolsillo ese dispendio, que muestra una generosidad teñida de romanticismo a parte iguales, el profesor Standing explica que en el Reino Unido existe una cierta fascinación por todo aquello que provenga del bosque, convirtiéndose en el lugar foco de resistencia ante la opresión, como en el caso de Ned Ludd, que firmaba sus manifiestos en contra de la maquinaria industrial desde su oficina en el bosque de Sherwood. Sí, el hogar del imaginario y entrañable Robin Hood. “El contenido de  La Carta del Bosque supone el reconocimiento de los bienes comunes naturales para todos los habitantes de Inglaterra. Y a la vez es uno de los primeros textos en defensa de las mujeres reconociendo el derecho de las viudas al sustento básico y al acceso a los recursos naturales”. Queda claro que, para Guy Standing, nombrado en 2014 doctor honoris causa por el Colegio Europeo de Economía y Dirección de Empresas, la recuperación de los bienes comunes es una parte esencial de la lucha contra el capitalismo rentista.

Es el momento de entrar en la estructura de su último libro publicado en nuestro país, La corrupción del capitalismo, que trata en cada uno de sus ocho capítulos las contradicciones del capitalismo liberal. A partir de los años 1980, el nuevo liberalismo empieza a desmantelar la sociedad del bienestar, a privatizar, a mercantilizar los elementos básicos sociales, y da un poder determinado al capitalismo financiero tan grande que crea un segundo estadio de ese proceso que denomino “capitalismo rentista”; capitalismo que extrae beneficios sin aportar absolutamente nada. Y ese capitalismo rentista consigue apoderarse o secuestrar los Estados, la política, creando una arquitectura entera en su beneficio, que es lo que tenemos hoy. Si en el primer capítulo niega que el capitalismo rentista sea en absoluto libre mercado, ya que esa arquitectura de leyes ha sido creada para favorecer solo a los propietarios, a los rentistas, en el segundo explica cómo esta arquitectura proporciona un poder básico muy importante, como es el de la propiedad intelectual. "De alguna manera es lo que ha permitido mercantilizar un montón de elementos que antes eran bienes comunes, y que a la vez están creando unos réditos solo para esa minoría capitalista-rentista que extrae de poseer patentes, esos derechos de la propiedad intelectual" Otra de las denuncias que registra en su libro de este sistema capitalista sin mercado, y que lucha, según su tesis, contra cualquier otro tipo de capitalismo que considere que no es el suyo, es el de los subsidios. "Han creado una arquitectura de subsidios y de ayudas para que las leyes se adapten a sus necesidades, y desde luego las supuestas leyes del mercado no funcionan libremente. Todo eso lleva a un proceso de corrupción del capitalismo. Corrupción en el sentido de corromper un término, una idea. Ellos mismos –en el caso de los británicos–, se han ido haciendo trampas." Eso ha dado lugar, a su juicio, a lo que en el libro denomina “el azote de la deuda":  "La promoción de la deuda generalizada e intencionada. Porque, de ello, los poderes financieros extraen rentas constantemente y mantienen a la gente atada. Una forma de control absoluto es promover esa deuda constante desde todos los puntos de vista, porque es útil para ellos. Y además no solo es para conseguir dinero, sino dominio y poder"

En la siguiente parte, en lo que denomina “el saqueo de los bienes comunes” parece dolerse de manera intensa por esa tendencia a privatizar “absolutamente todo: los bosques y los ríos”, en el mundo occidental. "El esfuerzo de nuestros padres y abuelos, todo lo que ellos han conseguido, también está en peligro". Esa suma de factores perversos es lo que ha llevado, según su criterio, a la corrupción de la política, básicamente por el uso de las “puertas giratorias” que mueven a la gente de la política a las empresas. Standing firma que Goldman Sachs tiene poder absolutamente en todo el mundo y controla a los políticos, que trabajan para ellos: "Goldman Sachs tiene gente que acabará haciendo de políticos… De manera que es como un dios que lo controla todo. Y eso es solo un ejemplo de cómo esa corrupción del capitalismo ha llevado también a la creación, no tanto de alguien que quiere meterse dinero en el bolsillo, sino de una estructura montada que necesita de la corrupción política para funcionar. Es un sistema que se basa precisamente en la entrada y salida de gente de la política a la empresa como elemento esencial; no podría funcionar de otra manera. No es que haya un montón de chorizos, es que el sistema es ese, y están metido en él hasta el fondo". En el último capítulo del libro, en edición especialmente adaptada a la realidad española, se dedica a promover “la revuelta”, un concepto que le gusta mucho y que emplea en lugar del de revolución. "El precariado", afirma,  "tiene que organizar y crear una agenda progresista para atacar ese capitalismo rentista y crear otro tipo de sistema más justo y humano. Como he escrito, creo que los defensores de la austeridad se parecen cada vez más a los matasanos medievales. Sin un nuevo sistema de distribución de la renta, una edad oscura se cierne sobre nosotros"

Al despedirse, Standing recuerda la última frase de su libro, con firmeza y sin asomo de ligereza en absoluto: “Ha llegado la hora del contraataque”. 

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