“Cada vez hay más postura en el escritor”

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Carlos Mayoral publica "Comienzo a creer que es mentira" (Círculo de Tiza)

 

 

 

 

 

Texto: PAULA GONZÁLVEZ @pmgonzalvez

 

A medio camino entre el didactismo y el entretenimiento apareció la sofisticada pluma de Carlos Mayoral, el autor que ha logrado acercar los clásicos a los más jóvenes (y a los que no lo son tanto), gracias a ‘Empiezo a creer que es mentira’ (Círculo de Tiza) y a las redes sociales. Fascinado por el dilema de la literatura francesa y pregonando a ‘Las Sinsombrero’, Mayoral huye de la pose de escritor, esa que ejerce un poder de atracción con una foto de un tipo en Instagram leyendo a Bolaño. Debe ser de los pocos humanos que durante su infancia-juventud ha leído y releído el diccionario, aunque impulsado por un punto fetichista más que por atracción intelectual. Pero fueron las colecciones de Barco de Vapor las que lo afianzaron en su hábito lector. En el cine también encuentra un hueco, o al menos Carlos Mayoral y el protagonista de ‘Midnight in Paris’ comparten cierto sueño… Y en Isabel Coixet ve a una mujer que es “pura literatura”. Descubramos a Carlos Mayoral, un escritor que tacha de repugnante el uso de la lengua como arma arrojadiza, esa guerra de la que somos espectadores diariamente. El autor que se reencarnaría en Valle, pero con brazo. Que nunca le falte. Que siempre pueda seguir escribiendo.

-Algunos ya te ven como un educador social de la literatura… De hecho, en redes llegas a mucha gente. ¿Ves Twitter como una herramienta de trabajo social?

No me gusta esa etiqueta de educador, significaría ejercer una labor premeditada que no premedito. Prefiero decir que intento divulgar asuntos relacionados con la literatura de una manera poco académica, algo más ligera. Con esto no quiero decir que sea una manera más o menos adecuada de divulgar, eso lo decide el lector. Pero sí afirmo claramente que en este país se ha asociado la divulgación y el conocimiento al hombre gris de ceño fruncido. Y no tiene por qué. En este sentido, claro, Twitter te abre muchas puertas.

-¿Por qué siempre dividimos a los escritores en votantes de la izquierda o la derecha? Decías hace poco que “ni Lorca era un homosexual ultrarrepublicano ni Vargas Llosa es neoliberal”.

Vivimos en un país que tiende a etiquetar, signo inequívoco de incultura. O estás conmigo o contra mí, ya sabes. En este sentido, con los grandes escritores este etiquetado es todavía más injusto. Hay gente que se coloca la foto de Miguel Hernández en el avatar de su red social sin haber leído nada suyo. O incluso peor, gente que no lee a Miguel Hernández porque hay por ahí una foto suya en no sé qué milicia. Esto es tremendamente injusto con el escritor.

-Dice Almudena Grandes, a propósito del proceso de documentación para ‘Los pacientes del doctor García’, que aprendemos mucho más de historia en las novelas que en los colegios o universidades… ¿Por qué?

Porque ese método de conocimiento no viene impuesto. Y uno asimila mejor los discursos elegidos que los impuestos.

- “Tan triste es la vida que el arte es mucho mejor”, según tú mismo. ¿Dónde está el fallo?

En el idealismo. El problema no es que la vida te sacuda, es que no sepamos que nos va a sacudir. Por eso me atraen los malditos, las historias nostálgicas, melancólicas, tristes. Me ayudan a asimilar. Por otro lado, el arte es siempre mejor que la vida porque te permite seleccionar tu fracaso. Es mucho más gratificante morir frente a un gigante que frente a un molino.

-¿Podemos decir que eres la voz de los clásicos del siglo XIX? 

No, no. La voz ya la tienen ellos, no necesitan que otros se las agencien. Sí los reivindico, e intento establecer puentes.

-Llenas ‘Empiezo a creer que es mentira’, precisamente, de clásicos. ¿Con cuál te quedas? ¿Por qué?

Creo que con Machado. Porque es el mensaje más profundo bajo la apariencia más simple. Y digo bien: aparentemente. Porque luego es inalcanzable.

-Sin embargo, consigues contarlo todo en el libro de una manera instructiva, pero diferente a la de un profesor analógico. ¿Has creado el discurso así a propósito?

Totalmente. Mi premisa era huir del tono ensayístico clásico. No me interesa nada ese tono.

- ¿Podría ser este libro merecedor de su lectura en los institutos o las universidades?

No eres la primera persona que me lo dice. No lo sé, la verdad. Creo que yo no estoy en disposición de opinar sobre eso.

-Pero la obra, ¿está pensada como un libro didáctico o como un libro para entretener?

Fíjate, esta pregunta es interesante porque ya plantea la dualidad. En este país, didactismo y entretenimiento parecen frentes opuestos. A mí me apetece, humildemente, moverme entre ambos, a medio camino.

- ¿Por dónde debería empezar a leer alguien que nunca haya cogido un clásico?

Depende de sus gustos. Hay plumas para todo. Esto también hay que decirlo alto y claro: se tiende a encasillar al clásico en un determinado tipo de literatura. Pero no. Son tan eclécticos o más que el contemporáneo.

-¿Cuál es el papel de los libreros en los tiempos que corren? Tú eres muy de Tipos Infames, en Malasaña… ¿Qué es lo que tienen ellos?

Un papel absolutamente crucial. Vivimos en un mundo editorial cada vez más despersonalizado, con todo lo que esto conlleva. Pero nadie te va a comprender y a mimar literariamente como lo hace un librero. Yo he descubierto las mejores lecturas de mi vida gracias a ellos. En cuanto a la Tipos, bueno, es cierto que era la que mejor me pillaba en mi juventud por ubicación. Pero lo cierto es que en este país hay librerías maravillosas que cada día sienten con más nitidez el peligro de extinción.

-Dices que hay, por ejemplo, cuentos de terror desconocidos de Emilia Pardo Bazán. Quizás en su época era comprensible si atendemos al contexto. ¿Pero ahora por qué se siguen desconociendo? ¿Es una cuestión, todavía, de machismo? ¿También en un campo tan 'progre' como el de la cultura?

Algo de machismo histórico hay, sí. No digo que sea un desconocimiento perseguido, obviamente. El machismo siempre tiene algo de inconsciente.

-Además, hay muchos escritores que tenían a su lado mujeres que escribían también, aunque ellos se llevaran la gloria… ¿Alguna a destacar? ¿Y por qué las conocemos menos? ¿Siguen siendo ‘la mujer de’?

En el grupo de “Las Sinsombrero” hay varias, por ejemplo. María Teresa León, “la mujer de Alberti”, o Concha Méndez, “la mujer de Altolaguirre”. El 27 es un momento tremendamente injusto con las mujeres. Curioso, coincide con una cierta apertura en el país.

-Y ya que hemos hablado de libreros y librerías… ¿Has visto 'La Librería’, de Isabel Coixet?¿Qué opinión te merece?

No la he visto, pero recuerdo que coincidimos en una entrevista hace unas semanas (yo entraba tras ella), y mientras la escuchaba hablar de la película pensaba: “Esta mujer es pura literatura”.

- ¿Por qué la figura del escritor está siempre relacionada con la destrucción, la melancolía, el alcoholismo…?

Porque sobre esos cimientos se construye la mejor literatura. Al menos la que más escuece. Y el objetivo de la literatura es escocer.

- ¿Se sigue recurriendo hoy al alcohol para escribir?

Francamente, me da la sensación de que, el que hoy recurre, lo hace no tanto por necesidad como por la pose. Cada vez hay más postura en el escritor.

-Si tuviera que destacar, por nacionalidad, a los mejores escritores del mundo, ¿dónde los situarías?

Buf, esta pregunta es muy curiosa. A mí siempre me fascinó el dilema de la literatura francesa. ¿Cuál es su mayor apóstol? ¿Voltaire? ¿Sade? ¿Verne? ¿Hugo? ¿Baudelaire? ¿Camus? ¿Flaubert? ¿Balzac? ¿Dumas? Son tantos que no se puede elegir.

- ¿Qué opinas de lo que algunos llaman ‘la nueva poesía’? Por ejemplo, los ‘microcuentos’.

Me parece muy respetable siempre que los nuevos poetas respeten lo heredado. Lo que más me atrae de este nuevo movimiento es el cambio de soporte. Algunos recitan sus poemas en YouTube con música de fondo, otro directamente se lanza a declamarlos en escenarios guitarra en mano… Eso me atrae mucho.

- ¿Qué falla para que los que aman la cultura sean para el resto del mundo 'culturetas'? 

(Risas). Bueno, creo que esa etiqueta se le coloca no tanto al que ama la cultura como al que le hace creer al resto del mundo que ama la cultura. Insisto en la importancia de la imagen hoy. Ejerce más poder de atracción sobre el público una foto de un tipo en Instagram leyendo, yo qué sé, un libro de Bolaño que un ensayo reflexivo y sesudo sobre el mismo libro. 

- ¿Cuándo empezaste a comprender lo que leías? ¿Cuál fue 'ese libro'?

Mis padres no tienen estudios, son gente humilde que nunca se preparó académicamente. Sin embargo, recuerdo que de niño mi madre me compraba un libro de estos para niños cada semana, una especie de colección por fascículos que vendían en el quiosco. No tenía ni cinco años, pero supongo que me veían entretenido, así que debí de nacer con algo de madera (risas). También recuerdo que me atraían objetos como el diccionario, que releía a menudo, o los libros para mayores de mis primos. No digo atracción intelectual, sino algo más fetichista. Luego aparecieron aquellas colecciones de Barco de Vapor, que, creo, fueron las que afianzaron en mí el hábito lector. Ahora, si me preguntas la primera vez que pensé “estoy leyendo algo de mayores”, te contesto: lo hice con Miguel Strogoff, de Verne.      

-Parece que seguimos enfrentando letras y ciencias en el sistema educativo. ¿Qué puedes decir al respecto?

Pues que el sistema educativo no sólo no ayuda a que el estudiante se sienta atraído por las letras, sino que induce a que las rechace. Este sistema sólo fabrica piezas de un engranaje, mentes cortoplacistas que no lleguen más allá de lo dictado. Por el camino, claro, se llevan por delante el latín, la filosofía, la literatura universal…

- ¿Tienes la sensación de que tendrías que haber nacido en otra época?

Sí, como el protagonista de “Midnight in Paris” (risas).

-Si tuvieras que encontrar una voz como la de Larra hoy, ¿dónde buscarías?

Decía Ortega que, en este país, para ser escuchado hace falta aparecer en periódicos. Y lo dice un filósofo que abandonó el terreno habitual del ensayo para enfangarse ahí, en la tribuna de papel. Así que supongo que habrá que rastrear ahí, en el día a día.

- ¿Quién es hoy un maestro del lenguaje?

Desde un punto de vista literario, me fascina cómo moldea la palabra Juanjo Millás, un maestro.

- ¿Está siendo atacado el castellano? ¿Por quién?

Más que el castellano, la lengua. Me explico. En prácticamente toda la península se ha utilizado la lengua de manera torticera, como arma arrojadiza, como instrumento político. ¿Qué han conseguido con esto? Pues, por ejemplo, que muchos catalanes no sientan el castellano como una lengua propia, o que un madrileño no sienta el catalán como una lengua española. Es repugnante.

- ¿Qué es la prostitución de una palabra?

Extraerla de su hábitat natural, de su labor comunicativa, para insertarla en ámbitos que no le corresponden: la política, los intereses rastreros, el interés propio.

- ¿Somos perezosos culturalmente?

Cada vez más. Cuanto menos tiempo ocupe, mejor.

- “El castellano es un latín estreñido”. Explícame esto...

(Risas) Una pequeña broma. Pero, eso sí, por haber destruido las declinaciones de los sustantivos merecemos pena de muerte. (Más risas)

- ¿En qué autor te reencarnarías?

En Valle, pero con brazo.