El creador del mito del “holandés volador”

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El trabajo gráfico y la lucha por los derechos de la prensa gráfica de Horacio Seguí

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

La meva vida en un click (editorial Base) nos lleva, en una edición repleta de sus imágenes, por el oficio, las muchas curiosidades y la vida de este fotógrafo que ha trabajado siempre a ras de hierba. Horacio Seguí, armado con su inseparable cámara Leika, ha dedicado la vida a la celebración del éxito ajeno, especialmente en el terreno deportivo o la música. Johann Cruyff le debe parte de su incorporación a la memoria colectiva por esa foto en la que salta como un bailarín ruso en pleno Camp Nou frente a los asombrados defensas del Atlético de Madrid de la época. A partir de esa imagen de Cruyff colgado del aire, empezaron a llamarlo El holandés volador y arrancó su leyenda. Medio siglo ha dedicado Seguí a fotografiar futbolistas. Pocos pueden decir como él que los ha fotografiado a todos.

Toni Vall, un periodista que tiene un cazamariposas para atrapar historias que flotan en el aire, reflexiona sobre la paradoja de que sean los fotógrafos, una profesión que dedica su vida a fijar la memoria, unos de los profesionales de la creatividad cuyas biografías más caen en el olvido. Él pone por escrito las cosas que le cuenta Horacio Seguí a sus 88 años con sentido y sensibilidad. Recorremos las vivencias de aquel niño travieso que creció durante la guerra civil en las calles de una Barcelona que temblaba por los bombardeos, en la que se fabricaban patinetes con las maderas de los balcones rotos y petardos con la pólvora de las balas perdidas de los milicianos.

Le fascinó desde siempre la fotografía, pero no tenía dinero para costearse la formación y la maquinaria. Una revista de la época, Arte fotográfico, era su libro de texto. Un amigo que estudiaba fotografía por correspondencia le prestaba los fines de semana una ampliadora. Aprendió probando y equivocándose muchas horas, muchas veces. Logró meter la cabeza en el periodismo gráfico y sus primeras fotos publicadas fueron a Los Cinco Latinos. Vendrían muchos otros artistas, sus fotos a Dalí y su entrada en el mundo del deporte. El Camp Nou se convirtió en su casa y fue durante años fotógrafo oficial del Barça. Y fotógrafo de todos los futbolistas de la Liga, siendo durante 30 años el fotógrafo oficial de los álbumes de cromos que los chavales coleccionaban con ahínco y que le hicieron viajar por todos los campos de la geografía española.

Horacio Seguí era amigo de todos los futbolistas. En las concentraciones de pretemporada del FC Barcelona, compartía habitación con los jugadores. Cuando vino a España de visita con su esposa en 1970 el futbolista holandés del Ajax, Johann Cruyff, él le hizo unas fotos y lo paseó por la playa de Castelldefels, Las Ramblas y, cómo no, el Camp Nou. Fue Seguí quien en aquel entonces le presentó a un jugador del FC Barcelona que andaba por allí, que se llamaba Charly Reixach. Dos años después, el Barça fichó a Cruyff a bombo y platillo. Y. cómo no, las fotos de aquel momento histórico en Amsterdam firmando el contrato fueron de Seguí. Además del propio trabajo, una de sus luchas en todos estos años ha sido el reconocimiento de la autoría y de los derechos laborales de los fotógrafos. Hay cosas que actualmente parecen evidentes, pero que hubo que pelear en su momento. En los años 70 para hacer su trabajo para las publicaciones, les pedían pagar entrada a los estadios si no tenían carnet de prensa. Y no lo tenían porque no se les consideraba periodistas. Seguí explica que “escribí al ministro, demostré que colaboraba con cinco revistas, pero no me hicieron mucho caso. Supe que en Madrid había compañeros en la misma situación. Intentamos negociar con la Escuela Oficial de Periodismo para que homologasen a todos los fotógrafos que ejercieran sin titulación, pero nos lo denegaron. Ni el Colegio de Periodistas ni el Sindicato de Periodistas nos ayudaron apenas en nuestras reivindicaciones”. Finalmente, acabaron creando su propia asociación, la Asociación Nacional de Informadores Gráficos de Prensa (ANIGP).

En paralelo, tuvieron que luchar por los derechos de autor y pelearse parea que cosas que parecen tan evidentes como firmar las fotos con su nombre en los medios que las publicaban se consiguiera. En el año 1987, justo antes de empezar un partido Barça-Madrid con el campo hasta los topes y el palco de autoridades a rebosar, Horacio Seguí se fue hasta el centro del campo y de dijo al árbitro que dejaban allí en el círculo central sus cámaras de trabajo en protesta por la falta de reconocimiento de la autoría intelectual de su trabajo. Los compañeros de Madrid habían hecho un plante similar en una rueda de prensa con Felipe González tres días atrás. En el estadio del Barcelona se armó un lío monumental y Seguí recuerda con afecto la comprensión del entonces responsable de prensa del club catalán. En ese palco de autoridades estaba el entonces ministro de defensa Narcís Serra, que se interesó por el asunto y habló con él durante el descanso. Pocos días después fueron convocados a una reunión ministerial a Madrid y seis meses después se aprobó una nueva ley de propiedad intelectual que hacía justicia con la autoría de los profesionales gráficos. Los logros de esta generación de fotógrafos de prensa permitieron el “boom” del periodismo gráfico de las décadas siguientes.