Emily Brönte: un alma nada cobarde

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Celebramos el centenario de Emily Brönte

 

 

 

Texto: JOSÉ DE MARÍA ROMERO BAREA

Algunas autoras hipnotizan al lector a través de una comunión intensamente privada. Expulsada de una sociedad moralmente hipócrita, la protagonista de la novela que nos ocupa se identifica con el mundo natural y es aquí donde el lirismo textual se hace más evidente. La aventura es interior. Se retrata una búsqueda urgente de identidad. La heroína no tiene lugar en el mundo, está en busca de su yo como ser oprimido. La preocupación angustiosamente sombría del amor frustrado se abre paso en un libro enojado y radical. Se sabe que, para escribirlo, su autora se adentró en sí misma más que nunca, que expuso sus sentimientos más profundos. El corazón de su historia examina la humillación del fracaso social, una oscuridad profunda y paralizante, que no concluye con la muerte. No en vano, la publicación de Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 1847; Penguin Books, 2017. En castellano, recomendamos una una reciente edición ilustrada  por Fernado Vicente y publicada por la editorial Tres Hermanas) supuso tanto el final como el comienzo de una forma de escritura. En retrospectiva, señala la transición hacia la sensibilidad literaria moderna, al mismo tiempo que esboza la imagen de una sociedad rural profundamente anclada en el pasado. Su protagonista, Catherine Earnshaw, es una mujer traicionada por la insensibilidad de la convención social y los hombres que la explotan. Y, sin embargo, la novela está tan exuberantemente escrita, transmite su mensaje de forma tan contundente, que es casi imposible no sentirse aplastado por la injusticia de la vida que la protagonista experimenta.

Desde la inquietante línea primera hasta la última, Emily Brontë (Thornton, Yorkshire, 1818 - Haworth, Yorkshire, 1848) nos atrapa con su narración ferozmente cercana. La voz en la página es casi hipnótica. Catherine es el emblema de la inocencia. Sin embargo, el mundo conspira contra ella. Seducida por Heathcliff, su virtud se destruye cuando su vida futura se ve influida por el sufrimiento continuo de crímenes que no ha cometido. Se denuncia, al mismo tiempo, la lucha de los desfavorecidos por abrirse camino en un mundo burgués; la tiranía del matrimonio en las vidas de las mujeres oprimidas por una sociedad patriarcal; el predominio de lo establecido sobre la espontaneidad. Para celebrar el bicentenario del nacimiento de la autora de Cumbres borrascosas, nada mejor que regresar a una novela que muestra todos los tropos familiares de la novela gótica: la mansión; el protagonista gótico-romántico (Heathcliff); la heroína consciente del poder de su narración. Denuncia el periodista y escritor Christopher Rush la inmediatez cruda, en ocasiones erótica, del libro, que se ocupa de “unas vidas ordinarias que se vuelven extraordinarias sometidas a un paisaje que las sobrepasa, unas existencias que contrastan con los paisajes interiores del ritual y la religión, la superstición y los sueños, la narración y la tradición, el amor y la muerte”. La violencia de los hombres contra las mujeres está implícita en muchas de sus transacciones. La peregrinación espiritual se narra con simplicidad bíblica, trufada de artificio.

Nosotros, la autora y los protagonistas nos convertimos en uno. El autor de Penelope’s web (2015) la reclama como precursora de una narrativa que mostrará, en pleno siglo XX, el flujo de conciencia. Lo hace en el número 56 de la revista británica Slightly Foxed, de invierno de 2017. En su artículo “No Coward Soul” (“Un alma nada cobarde”; mi traducción, al igual que las restantes), elogia una prosa de simplicidad sin adornos, que ilumina el mundo sombrío de “una compleja y valiente y subversiva novela, que hace saltar por los aires todas nuestras ideas preconcebidas: las relaciones entre hombre y mujer, cielo e infierno, bien y mal, amor y odio, perdón y venganza, matrimonio y libertad, identidad y supervivencia”. En Cumbres, descripciones evocadoras se condensan en una apasionante historia de amor, pérdida y tragedia. Esta sigue siendo, posiblemente, la clave de su poder duradero.