El regreso triunfante del marino eterno

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Equatoria, el regreso de Corto Maltés

 

 

 

Texto: MANU GONZÁLEZ

Ilustración: RUBÉN PELLEJERO

 

Nunca he sido un hater de las adaptaciones de personajes clásicos del Noveno Arte. Siendo fan del cómic de superhéroes norteamericano, nunca me he quejado de que personajes como Superman, Spider-Man o Batman sean reinterpretados por autores de diferentes lugares del mundo. Por ejemplo, no le encontraría ningún problema a una nueva edición de Tintín si el resultado fuera tan bueno como las modernas adaptaciones de Spirou o algunos tomos de La juventud de Blueberry de François Corteggiani y Michel Blanc-Dumont. Por eso, cuando se anunció que Corto Maltés, el eterno marino creado por Hugo Pratt (1927-1995) en 1967 como secundario de La Balada del Mar Salado, volvería con guion de Juan Díaz Canales y dibujo de Rubén Pellejero, no me pareció nada mal, sobre todo teniendo en cuenta el buen trabajo noir que Canales estaba realizando en Blacksad y el arte de Pellejero, quien ya había desarrollado con muy buena mano su propio aventurero junto al guionista Jorge Zentner en Las aventuras de Dieter Lumpen, un cómic que se puede encontrar íntegro en Astiberri y que es uno de mis clásicos de la revista Cairo, que editaba Norma en los años 1980.

 

 

En Bajo el Sol de Medianoche, Canales y Pellejero situaron a nuestro romántico marinero justo en medio de la Gran Guerra, tras lo sucedido en La Balada del Mar Salado, en el continente norteamericano, junto a personajes que ya habían aparecido en otras historias de Hugo Pratt, como el loco y adorable Rasputín o el escritor Jack London. Una historia notable que abordaba temas como el racismo o el sinsentido de la guerra, pero que también tenía aquellas escenas oníricas tan del gusto del creador de Corto o el Sargento Kirk. Pellejero se mimetizaba con Hugo Pratt en la planificación de páginas y, sobre todo, en las caras de Corto y Ras, pero volaba libre diseñando los personajes secundarios a su estilo. Como el mismo autor me confesaba hace poco: “Si dibujas a Corto sin su mentón, sus labios o sus cejas, te queda un marino cualquiera; hay que dibujar a Corto como Corto”.

Con Equatoria, este excelente dúo narrativo devuelve al marino a África, como ya vimos en Las Etiópicas, que situaba sus aventuras en 1918 en Yemen, Etiopía y Somalia. Pero, por la edad de Winston Churchill y la situación política del Imperio Británico en Egipto, parece que estemos situados cronológicamente antes de la primera visita africana descrita por Hugo Pratt. Como en Bajo el Sol de Medianoche, el racismo sigue siendo uno de los temas principales de esta nueva aventura de Corto, que se embarca en la búsqueda de un artefacto mitológico, al más puro estilo Indiana Jones, pero con nada de épica: el espejo del Preste Juan. Canales aprovecha el territorio y la época para denunciar el esclavismo furtivo que aún se practicaba en África bien entrado el siglo XX. Pero también denuncia el sinsentido de la ocupación militar colonialista, dotando al personaje del Teniento Tenton de ciertos ecos conradianos. Pero el gran artífice de que el espíritu de la obra continúe siendo tan clásico como siempre es un Rubén Pellejero enorme, que sitúa su dibujo en la misma época de 1974, cuando Pratt dibujaba las aventuras de Corto en África. En las librerías han coincidido dos cómics dibujados por el autor de Badalona: este Equatoria y El largo y tortuoso camino (publicado por Astiberri), lo que permite comprobar la diferencia de estilo compositivo y de color entre ambas. Pero también podemos apreciar cómo muchos secundarios de Equatoria son diseños propios del creador de Dieter Lumpen, como las cuatro mujeres protagonistas de la historia: la periodista Aïda (inspirada en Ida Treat), Ferida Schnitzer (hija de Emín Pachá) o la belleza orgullosa de Afra, quien ha huido del esclavismo. Queremos muchas más historias del Corto de Canales y Pellejero.