Un final para "Comedia sin título" de Lorca

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Alberto Conejero regala un final a "Comedia sin título"

 

 

Alberto Conejero ha dado un final a Comedia sin título, la obra teatral que Federico García Lorca dejó inacaba en 1936 a causa de su asesinato y que solamente fue estrenada en 1989 de la mano de Lluis Pasqual con Imanol Arias, Marisa Paredes y Juan Echanove como protagonistas. Conejero, dramaturgo y poeta, ha escrito dos actos para esta pieza teatral, que no pocos dudan en definir como el texto más complejo de Lorca. El sueño de la vida es el título bajo el cual Conejero reúne estos dos actos que se publican en la edición de Cátedra de Comedia sin título de la que se ha encargado Emilio Peral Vega. Esta mañana, en la “Sala Negra” de los Teatros del Canal se ha presentado este volumen. Durante el acto de presentación del libro, Alberto Conejero describió el ambicioso proyecto que ha representado para él, un entusiasta lorquiano -escrbió la obra teatral La piedra oscura sobre la relación sentimental de Rafael Rodríguez Rapún- enfrentarse a una obra como Comedia sin título. Estas son las palabras pronunciadas esta mañana por Conejero:

 

Texto: ALBERTO CONEJERO

La Comedia sin título es una obra de teatro que siempre estará por escribirse. Ésa es su potencia y yo no he pretendido clausurarla, pero durante años me asomaba a la última línea del manuscrito como quien se asoma a la marea porque oye una voz que lo llama desde adentro. El sueño de la vida no pretende dar fin a la Comedia sin título, tampoco pretender ser una reescritura. Es un nuevo texto escrito en un vacío infinito, un diálogo entre lo que fue y lo que no pudo ser. Lo he escrito porque necesitaba escribirlo aun sabiendo que iba a generar algunas incomprensiones, pero de esas resistencias hablan precisamente tanto la Comedia sin título como El sueño de la vida. He prestado atención a la voz sin nombre que me pedía escribirla y no al ruido del presente convertido en mi propio miedo.

No puedo explicar mucho sobre los sentidos de El sueño de la vida. He escrito como quien atraviesa sonámbulo una habitación en llamas. Creo además que hay algo de alucinación en el centro de esta experiencia que se resiste al decir. Mucho de El sueño de la vida forma parte del misterio. No sé muy bien cómo se han entrelazado las imágenes de Lorca con la propias ni por qué venían al recuerdo algunos versos y otros no. En este proyecto hay mucho de juego, que es algo sagrado, y que algunos seguimos defendiendo ante este gobierno de lo útil, de lo necesario y de lo productivo. Sí, he disfrutado mucho escribiendo El sueño de la vida. No quiero cubrir esta experiencia con la pátina pesada de una falsa solemnidad. Hay más pulsiones lisérgicas que conscientes. El conflicto sobre la verdad en el teatro y en el amor que en El público sucede principalmente dentro del pecho del director se intenta resolver aquí abriendo de par en par las puertas del teatro. Pero por esas puertas abiertas entran no sólo el optimismo revolucionario y los anhelos de un mundo más justo sino también las fuerzas más conservadoras, cínicas y agresivas. Y nos engañemos: éstas pueden encontrarse en los despachos, pero también en los andamios. No hay síntesis apaciguadora en su resolución: porque es insufrible un teatro que dé la espalda a la realidad de su tiempo (“no quiero que se derrame sangre verdadera junto a los muros de la mentira”) pero ¿qué poesía se sobrevive doblegada ante la pólvora y los estrados? Como en El público nos encontramos un callejón sin salida; de ahí emerge la idea del sacrificio en este auto sacramental laico en el que creador aparece “como un agonizante de Dios” que no pertenece “ni al reino de los vivos ni al de los muertos” y, sin embargo, no puede dejar de pertenecer. He sentido la compañía de Artaud, de Angélica Liddell, de Mouawad mientras lo escribía, autores todo de pulsión trágica y entregados al misterio, de los que aprendo todos los días; y, por supuesto y en cada momento, de Lorca escribiendo estos dos actos que no pretenden dar fin a nada sino entregar al presente la intimidad con una voz.