Agustín Fernández Mallo, en ebullición

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Se publica la novela ganadora del Premio Biblioteca Breve, “Trilogía de la guerra”

 

 

 

 

Texto: ANTONIO LOZANO

 

A la 1, las 2, o las 3 de la madrugada, cuando la mayor parte del planeta duerme o vegeta delante de la televisión, Agustín Fernández Mallo tiene las antenas en posición de ‘receptividad máxima’. “Yo estoy siempre en modo crear, incluso cuando me acuesto -comenta a Librújula en su domicilio de Palma de Mallorca, en el transcurso de una entrevista que se publicará en el próximo número de la revista-. No puedo ir a acostarme sin una idea creativa que me excite, sólo así me relajo y me duermo, si no me siento vacío. Raramente no aparecen, para mí lo difícil no es vislumbrar ideas sino desecharlas. Cuando trabajo mejor a nivel de ideas es de noche cerrada. Duermo poco de manera natural. Con cinco horas me basta”. El escritor muchas veces saca oro de la basura catódica, citando como ejemplo el visionado reciente de un “pésimo documental sobre el Ártico. Pero en él salía un tipo que comentó que no tenía recuerdos porque cada día era exactamente igual que el anterior. Me voló la cabeza”.

Así, al modo de un gigantesco pararrayos contra el que impactan sin cesar inputs sugerentes, funciona la mente del físico, poeta, narrador, videoartista y componente del dúo de spoken word Afterpop, Fernández & Fernández, que entre 2003 y 2009 causó una profunda falla en las letras españolas con su Proyecto Nocilla, una trilogía donde la literatura, el arte y la ciencia dialogaban desde la misma tribuna. Fernández Mallo ha acallado las voces de quienes vieron en ese marciano llegado a la novela para cuestionar toda ortodoxia un cuerpo extraño que se diluiría a las primeras de cambio alzándose con el Premio Biblioteca Breve 2018. Trilogía de la guerra (Seix Barral), tan inclasificable, caleidoscópica y sugerente como el resto de su obra, es una novela de ideas por excelencia, donde tramas (mínimas), personajes y escenarios (la isla gallega de San Simón, Manhattan, la costa de Normandía) se amontonan al servicio de la exploración de un sinfín de conceptos que orbitarían en torno a la relación entre los vivos y los muertos. “Aunque en él se dan cita pensamientos que me han acompañado desde hace muchos años, arranqué el libro a partir de las sensaciones que me despertó una visita a San Simón con motivo de un congreso. La poética que había construido hasta el momento no podía dar respuesta a la experiencia vivida ahí. Por ejemplo, empecé a darle vueltas a la idea de que, si un muerto nunca está muerto del todo, ¿lo inverso también es cierto?, ¿los vivos no estamos nunca vivos del todo? Otro detalle, que se filtra cuando llevo tres años escribiendo, es el de África padeciendo algún tipo de incendio en todo momento, hay una legión de muertos en guerras que nunca se apagan, llamas que siempre se mueven. La mente funciona en modo red y en loop. Uno va reciclando inputs que le parecen basura, en el sentido de información residual, y los va conectando. Mis libros no son un árbol con su tronco y sus ramas definidas sino una red, responden a lo que yo llamo ‘realismo complejo’. Mis novelas son absolutamente realistas, hablan de mi mundo y de mi contemporaneidad, pero el realismo de hoy no es el de hace sesenta años, hoy la realidad es compleja, estamos sometidos a un bombardeo de interferencias”.

En Trilogía de la guerra, que a su responsable le gusta definir como una una serie de capas geológicas que se infiltran unas en otras para crear tiempos simultáneos, al lector le aguardan desde teorías sobre la basura o los fractales a conversaciones entre sucedáneos de Lorca y Dalí, pasando por reflexiones sobre el amor, la identidad, las redes sociales o exabruptos (razonados) contra el Brexit, sin olvidar pasadizos a la obra de David Lynch, Sebald o Nietzsche. El motor que la anima (denle vueltas) podría estar cifrado en esta declaración del autor: “Cuando se encuentra una mandíbula de neanderthal no me interesa sabe cómo era el neanderthal sino lo que esa mandíbula dice de mí”.