Las Supervivientes y la reconciliación con el thriller

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Alfaguara publica "Las Supervivientes" de Riley Sager

 

 

 

 

 

 

Por: PAULA M. GONZÁLVEZ

Las Supervivientes de Riley Sager (Alfaguara) es la encarnación de ese libro que logra reconciliar a los desencantados y exigentes del género con el thriller escrito. Tras atravesar una época de monotonía, desilusión y desgana entre las páginas del suspense, encontrar un libro como Las Supervivientes que nos devuelva el enganche, la adrenalina y la curiosidad suficiente por la historia como para seguir leyendo sin caer en la cuenta del reloj, se vuelve imperiosamente necesario; mientras que encontrarlo es desesperadamente difícil.

Sager ha creado una película de suspense que dispara fotograma a fotograma al ritmo de su narración, y consigue lo más difícil del thriller escrito: la personalidad y el estilo, que cargan cada palabra. Porque desprende carácter en cada descripción. Lo suficientemente breves como para permitir que la imaginación, el arma más poderosa del lector crítico, se dispare y respire el miedo y la tensión tanto como los personajes. De esta manera, es tan fácil inhalar la intriga en cada una de sus páginas como el otoño que describe. Bonito, melancólico, y a la vez tétrico, lúgubre. “Se respira el cambio en el aire, una sensación de caducidad”. Tan directo como sentido. Cada uno de los personajes está construido con gancho, sin necesidad de entrar en detalles. Sager, más que describir a sus protagonistas los siluetea y deja el resto del trabajo al lector, de manera que meterse de lleno en la historia es posible prácticamente desde el punto de partida. El autor va acelerando el ritmo de la historia en un corto espacio de tiempo, y complica despegarse del relato, a pesar de que el argumento no es un planteamiento extraordinario. Pero Sager consigue desarrollarlo como si lo fuera. Quincy Carpenter, la protagonista, sobrevivió a una masacre en la que murieron todos sus amigos. Junto a dos chicas más que pasaron por una experiencia similar, forman el grupo de 'Las últimas chicas', un nombre que les viene dado por la prensa. Pero diez años después, cuando todo parece haber quedado en una pesadilla, una de ellas aparece muerta. Lo demás lo irá descubriendo el lector con Carpenter, con una alerta constante.

No es fácil que Stephen King dedique una buena crítica a una historia. En esta ocasión, el maestro lo ha hecho. Aunque se quede a medio camino del género de terror aun partiendo de una premisa que parezca encajar la historia en el mismo, Riley Sager no ha escogido la vía fácil, y ha preferido sorprender incluso en eso. Y, aun así, tampoco decepciona al amante del miedo. Simplemente, hemos descubierto una maestra que nos ayuda a evadirnos de series que giran en torno a la relación entre un detective y una periodista, que abundan entre la novela negra y entre el cada vez más aburrido catálogo de los más leídos. Historias desgastadas que por fin tienen una alternativa, para permitirnos volver a enamorarnos de las escenas del crimen, las investigaciones y la sensación de tensión en la que curiosidad, intriga y latidos acelerados leen a la vez. Que nunca falten las páginas de Sager, un escritor capaz de fidelizar y de devolver la fe en un género que cada vez parece más propenso a vender por vender bajo la etiqueta de 'la nueva reina nórdica'. Pues también las hay americanas. Tomen nota.