10 destinos imposibles para unas vacaciones literarias

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texto MILO J. KRMPOTIC  foto ARCHIVO

Manu González presenta su guía de ‘Ciudades fantásticas’ (Redbook).

Mitogeografía: tal es el término que sugiere Manu González a la hora de cartografiar aquellas urbes nacidas de la fantasía humana y en la fantasía humana desarrolladas y transitadas una y otra vez. Su Ciudades fantásticas y dónde encontrarlas (Redbook) representa, en ese sentido, una auténtica guía de viajes que, haciendo pie en la literatura, el cine, la televisión y el cómic, nos lleva a recorrer cuatro de los cinco continentes (parece que el carácter hiperbólico de Oceanía dificulta cualquier despliegue imaginativo), amén de otros mundos que no necesariamente están en este. A continuación recuperamos diez de esas urbes de maravilla nacidas en el negro sobre blanco apuntando con cada una de ellas a un tipo de turista muy concreto.

Para quienes quieran pasar miedo — Tres son las localidades de Nueva Inglaterra, Estados Unidos, en las que H.P. Lovecraft ambientó principalmente sus historias de terrores preternaturales e inefables: Arkham, Dunwich e Innsmouth. Nosotros nos quedamos con la primera porque es la que abre el libro y, sobre todo, por albergar la universidad de Miskatonic, donde se puede encontrar una copia del legendario Necronomicón redactado por el demonólogo loco Abdul Alhazred.

Para estudiantes y académicos alternativos — Ya al otro lado del Océano Atlántico, al norte de Escocia, cerca del Bosque Prohibido y de la Laguna Negra, se encuentra Hogsmeade, pueblo habitado exclusivamente por magos y que debe su existencia a la cercanía del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería donde se forman los protagonistas de la saga Harry Potter de J.K. Rowling. El visitante no debería dejar de probar las especialidades del pub Las Tres Escobas.

Para quien se pirre por las vistas y las fiestas-toga — Con sus 2.919 metros de altura, el Olimpo es el segundo monte más alto de los Balcanes, pero ciertamente el primero de Grecia. No es de extrañar, pues, que los helenos de la antigüedad situaran allí el palacio de sus dioses principales. Al que, gracias a la iconoclasta revisión que viene realizando Rick Riordan en su serie de Percy Jackson, se puede acceder también ¡a través de uno de los ascensores del Empire State Building!

Para los amantes del sosiego y la tradición — Sospechosamente parecida a Oviedo, Vetusta es el estricto y monumental escenario de La Regenta de Leopoldo Alas “Clarín”. Son de visita obligada su catedral de estilo gótico (las vistas desde lo alto de la torre son espléndidas) y los cinco conventos que salpican el barrio de la Encimada.

Para los amigos del realismo mágico — Quizá no naciera estrictamente allí, pero la villa colombiana de Macondo, trasunto de la Aracataca en la que vino al mundo Gabriel García Márquez, se ha convertido sin duda en la capital de ese género literario. Cien años de soledad merecerá como castigo quien no se pase por la casa de la familia Buendía o por las antiguas instalaciones de la United Fruit Company.

Para quienes guarden un salacot en el armario — En el mismísimo corazón de África se encuentra la ciudad perdida de Opar, escenario de algunas novelas de Edgar Rice Burroughs (como El retorno de Tarzán) y de Philip José Farmer (Hadon, el de la antigua Opar). Aunque haya perdido el brillo de antaño, es la única urbe del imperio de Khorkasa que aguanta en pie, y su Templo del Sol sigue quitando el aliento.

Para eruditos sin problemas de vértigo — A fin de mofarse de los miembros de la Royal Society londinense, Jonathan Swift llevó a su Gulliver hasta el este de Japón, y más concretamente a las alturas del reino de Balnibarbi, donde la isla flotante de Laputa alberga una sociedad de estirados fanáticos de las matemáticas y la música. Ojo, por ejemplo, a especialidades gastronómicas como el carnero cortado en triángulos equiláteros o el pato con forma de violín.

Para iconoclastas con sentido del humor — A orillas del Mar Circular situó Terry Pratchett la principal urbe de su Mundodisco, Ankh-Morpork, capaz siempre de sorprendernos aunque con un leve aroma de reconocimiento hacia nuestras propias ciudades y tics. Por ejemplo, nada más llegar es imprescindible sacarse un permiso del Gremio de Ladrones para limitar los hurtos que uno inevitablemente sufrirá durante la visita.

Para fanáticos de las piedras preciosas y del Modernismo catalán — Ciudad Esmeralda no engaña (o por lo menos no lo hace su nombre). Y es que la capital de Oz, nacida de la imaginación de L. Frank Baum, tiene tantas piedras preciosas y reluciente mármol verde que obliga al visitante a lucir unas gafas especiales a fin de poder disfrutar de sus 9.654 imponentes edificios.

Para turistas sin miedo y con mucho vicio — Cual versión fantástica de la Nueva York de los años 1970, Desembarco del Rey es capaz de aunar la peor podredumbre física y moral con escenarios tan magníficos como el Gran Septo de Baelor o la Fortaleza Roja. Se trata, claro está, de la capital de los Siete Reinos por la que matan y mueren (sobre todo mueren) los personajes de la serie Juego de Tronos de George R.R. Martin.