“Leer la prensa es leer sobre los otros, los dueños del capital” Bob Pop

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Bob Pop publica Un miércoles de enero (Turner)

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Foto: MAURICIO RÉTIZ

 

El miércoles 10 de enero, Bob Pop fue al kiosco y compró un ejemplar de cada uno de los periódicos más representativos: El País, El Mundo, ABC, La Razón, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Expansión, El Economista, Cinco Días, Marca, As, Mundo Deportivo y Sport. También compró ¡Hola!, Lecturas, Diez Minutos, Semana y Love, todas ellas ejemplos de una prensa del corazón que no sólo ha construido parte del relato social de las últimas décadas, sino que lejos de funcionar como contrapoder ha sido esa mascarada que tanto interesa al poder por su capacidad de persuadir, de entusiasmar, de funcionar como opio embriagador de una sociedad que necesitaba modelos a los que admirar y a través de los cuales olvidar la contingencia del día a día.

De la lectura de cada uno de estos ejemplares nace Un miércoles de enero, un breve ensayo comparativo que tiene como punto de partida una pregunta: ¿La prensa nos cuenta realmente el país en el que vivimos? A priori y desde una inocencia ya perdida, uno debería poder responder afirmativamente, debería poder decir sin titubear que tras leer la prensa podemos conocer algo más del país en qué vivimos. Sin embargo, que la prensa nos cuente la realidad es un deber ser que no tiene un correlato en la realidad, concepto, dicho sea de paso, bastante ajeno a los periódicos. “Los diarios no nos representan, son ‘casta’, herramientas de poder acríticas; una plantilla en papel perfecta para dibujar el conformismo de un país y un poco del mundo” apunta Bob Pop que con su libro trata de deconstruir el relato esos periódicos “de siempre” mostrando aquello que no se dice y poniendo el foco en aquello que se cuenta, en aquello que se dice sin decir y en aquello que se esconde diciendo. El detenerse “un miércoles de enero en lo que contaban los papeles ese preciso día, como una muestra aleatoria y finita”, permite al autor, “hacer una de las cosas que más me divierte: establecer un juego de relaciones entre los titulares, noticias y personajes que aparecía ahí como relevantes o dignos de atención”. Y este juego de relaciones lleva a Bob Pop a trazar un mapa de la estructura político-económica sobre la que se sustentan no sólo los periódicos en cuanto empresas dependientes de un capital, sino en cuanto relato histórico-social que dichos periódicos construyen, un relato que bien podríamos definir como la Historia contemporánea de los vencedores, la Historia que ignora y subyuga a la historia en minúsculas y a quienes la protagonizan. En efecto, en este juego de relaciones que establece Bob Pop, los grados de separación son bastante menos de siete, por lo que podríamos decir que los protagonistas de la llamada prensa seria y de la prensa del corazón son los mismos.

El análisis comparatista comienza con la constatación de la ausencia de mujeres en las noticias ofrecidas por los periódicos, una ausencia clamorosa si se tiene en cuenta que “según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística el 14 de diciembre de 2017, la población residente en España en julio de 2017 era de 46.549.045 personas, de las cuales 23.711.009 eran mujeres, el 50.9% frente al 49.1% que representaba en ese momento la población masculina residente en nuestro país”. La de las mujeres, sin embargo, no es la única ausencia, porque para los diarios el mundo es muy pequeño, porque noticia no es aquello que afecta a quien es susceptible de leerla, sino a quien la paga. De ahí que ya no sorprenda que el 10 de enero de 2017 no fue un buen día para que uno de los cuatro millones y medio de “ciudadanos no nacidos en España y residentes en nuestro país” se enterase “de qué estaba pasando en su país de origen a través de las noticias en la prensa española”. Y no lo fue el día 10 como tampoco lo fueron muchos de los otros días del año, donde ese otro mundo aparece solamente cuando afecta a nuestro mundo o, mejor dicho, al mundo de quien paga los periódicos. Hablamos hoy de la inmigración y la llamamos crisis porque “afecta” al orden europeo, pero no se habló de ello ayer, en el momento, ya demasiado lejos para vislumbrarlo, cuando todavía era posible hacer algo, cuando hubiera sido posible salvar las vidas que la negligencia y el desinterés dejaron morir en el mar. “Salir vivo, con nombre propio y voz es un privilegio casi exclusivo del hombre blanco, rico y heterosexual”, comenta Bob Pop, “los demás somos o víctimas individuales o colectivos sometidos que reivindican sus derechos. Leer un diario es ver cómo nos organizan un mundo en nuestra contra”. El verbo “organizar” utilizado por el escritor es clave para comprender el ejercicio que lleva a cabo en este libro: Un miércoles de enero nos relata el proceso de construcción/organización de ese mundo construido en nuestra contra, de ese mundo construido para ser aceptado, pero que no solo no nos pertenece, sino en el que no contamos. En este sentido, los diarios no cuentan la realidad, sino que construyen con su relato el país que debe ser, pero los periódicos son solo el último eslabón de la cadena, pues, como afirma en el libro Bob Pop, “la prensa no es de quienes la compramos, es de quienes la pagan”. Las noticias no se dan para informar al lector: se dan o no se dan dependiendo de quien paga. “¿Para qué sirven los villanos, los ídolos caídos? Para que no demos credibilidad a nada de lo que puedan contar, para que no nos preguntemos cuánto de cierto hay en sus acusaciones”, es decir, para que no escarbemos, para que nos quedemos en la superficie, para que no se cuestione qué hay detrás de los titulares.

“Hay un silencio conmovedor en la prensa a propósito de sus grandes anunciantes. Y un ruido a veces aún más conmovedor. Supongo que es normal. Y que es uno de los factores diferenciales que ha marcado la prensa digital que trata de sobrevivir gracias a sus suscriptores”, comenta Bob Pop, quien con su libro obliga a preguntarnos no sólo acerca del papel de la prensa, sino acerca del papel de los lectores. “Hasta que el dinero se acabó, nos dijeron que habíamos decidido por encima de nuestras posibilidades y nuestro único modo de seguir formando parte de un sistema para el que nos habíamos convertido en un error era mediante la indignación en las calles”, escribe en su ensayo Bob Pop, “duró poco y sirvió aún para menos. Ahora, que seguimos fuera (…) el único modo participativo que nos queda es la ofensa. Pasamos de consumistas a indignados y de ahí, a ofendidos. Y allí seguimos”. Vivimos ofendidos, pero seguimos siendo consumistas, consumistas de aquellas mismas cosas que nos ofenden, pero de las que solamente conocemos la superficie. Viralizamos el motivo último de la ofensa, pero no su origen, ni tan siquiera llegamos a conocer hasta que punto ese motivo es real o es una ficción más que nos entretiene en una alienante ofensa.

“Leer la prensa es leer sobre los otros, los dueños del capital”. Pero ¿somos realmente consciente de ello? Al fin y al cabo, ¿acaso no seguimos consumiendo este relato? Las revistas del corazón, en concreto, ¡Hola!, son particularmente ejemplares en cuanto a la perpetuación del relato; en sus páginas, el juego de relaciones se hace particularmente evidente, los grados de separación de desdibujan y los empresarios, véase Villar Mir, terminan ocupando los primeros planos de esa crónica de sociedad, que no deja de ser el reverso rosa de la prensa “seria”. En la prensa del corazón se ven las relaciones que la prensa “seria”, en parte, esconde, pero, mostrando dichas relaciones perpetúa el relato de quienes escriben la historia -y los periódicos- para sí. Y es un relato que no ha cambiado, pues los Franco, sobre todo a través de Carmen Martínez-Bordiu, siguen ocupando un lugar preferente en determinadas cabeceras, un lugar que -véase sino el funeral de la hija de Franco- comparten con empresarios -véase Villar Mir-, títulos nobiliarios e, incluso, con la realeza. Revistas como ¡Hola! relatan en imágenes la Transición: los que estuvieron, siguen estando. “Salvo las dos revistas del grupo RBA, el resto (el ‘Hola’ y las que aspiran a ser el ‘Hola’ sin éxito) tratan a los herederos del dictador como miembros de una dinastía aristocrática. De hecho, creo que cuando saquen a Franco del Valle de los Caídos, también deberían sacar de ahí al ‘Hola’.”, concluye Bob Pop, cuyo libro, dejando de lado su tono irónico y humorístico, es un duro retrato de la prensa, pero sobre todo de los mecanismos a través de los cuales se ha convertido a la ciudadanía en entes pasivos de un relato ficticio construido para legitimar la estructura de poder, cuyas alcantarillas, como la tumba de Franco, hace tiempo que debían ser abiertas.