Cantautores y resistentes

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texto ANTONIO ITURBE  foto ARCHIVO

Joan Manuel Serrat no deja que Antonio Machado muera.

El pasado mes de marzo, un premio Nobel de Literatura actuó en el Liceu. Las entradas para escuchar los textos musicalizados de Bob Dylan se agotaron en cuestión de horas, con las de platea a 180 euros. Para que luego digan que la literatura no tiene tirón.

La discusión que los señores de la academia del Nobel abrieron sobre si las letras cantadas deben ingresar en el reino de la literatura ha tenido más escándalo que Raphael. Me llega a las manos un libro co-editado por Capitán Swing y Nórdica (que sus respectivos responsables editoriales sean hermanos no resta mérito a esa saludable cooperación entre supuestas empresas rivales para sacar adelante libros de formato caro) con el título de ¿Qué fue de los cantautores?, firmado por Luis Pastor. Él cumple a rajatabla todos los requisitos del cantautor: activista de izquierda, pelo largo, familia obrera, barba, lector de poesía, guitarra, éxito, desencanto, sin barba, perseverancia, más guitarra… a sus 65 años, Luis Pastor sigue en la brecha. Cantando, recitando, haciéndole la peineta a los que peinan el mundo. En el libro recorre el camino de la familia emigrada desde un pueblecito de Extremadura al extrarradio de Madrid hasta su etapa de guitarra en las parroquias progres o los grandes conciertos-protesta de mediados de los 1970.

En la presentación de su libro de Casa del Llibre lo acompañaron Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat. Paco Ibáñez tenía muy claro quién es el culpable de todos los males: “El enemigo de la cultura son los norteamericanos… ¡estamos colonizados!”. Parece que, para él, la Coca-Cola sea cianuro puro. Estaba indignadísimo por los funerales de Estado en Francia para Johnny Hallyday: “Toda su obra no vale un gramo de una canción de George Brassens”.

Serrat no estuvo tan pesimista, pero tampoco estaba para bailar twerking: “Ahora todo es muy confuso. La connivencia que tienen todas las estructuras de poder es descorazonadora. En 2015 parecía que iban a suceder cosas… pero ese globo ha sido difícil mantenerlo hinchado. La Derecha tiene mucho más fácil poner sus cartas sobre la mesa: Dios y el dinero”. Pastor opinó que “en la izquierda durante años hemos perdido el rumbo. Hoy en día el único triunfador es el capitalismo. Falta autocrítica en la izquierda. O nos espabilamos y reinventamos, o hay Trump y locos para rato”. Ibáñez volvió a lamentar la apatía de la juventud actual, la falta de valores y la decadencia de Occidente. Hasta se levantó del público otro cantautor, Jabier Muguruza, y lamentó también que en Euskadi se haya eliminado el circuito que permitía a los artistas ir a tocar a las escuelas. Los cantautores parecían deprimidos.

Entonces, una señora del público tomó la palabra y explicó que gracias a un cura progre vio actuar a Luis Pastor en una iglesia de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) en 1972 y tuvieron que salir por piernas porque llegaba la policía, pero recordaba cómo eso le dio una inyección de esperanza en aquella España de grises. Les dijo emocionada: “Para mí sois muy importantes”. Del público emergió un profesor que le dijo a Paco Ibáñez con afecto que no fuera tan pesimista: “Mis alumnos han aprendido poesía y se han emocionado con ella gracias a vosotros”. Muy cierto: poca gente ha hecho tanto por popularizar la poesía de Miguel Hernández, Celaya, Alberti o Machado como Paco Ibáñez o Serrat. Poca gente sigue teniendo la fe ciega en la poesía de Luis Pastor.

Una señora insistió en preguntar a Luis Pastor: “¿Pero qué fue de los cantautores?”. Y le contestó con las rimas que cierran su libro: “De los muchos que empezamos,/ de los pocos que quedamos,/ de los que aún resistimos,/ de los que no claudicamos,/ aquí seguimos./ Cada uno en su trinchera/ haciendo de la poesía/ nuestro pan de cada día.”

Unas semanas después, hago un viaje a Colliure, en el sur de Francia, a un suspiro de la frontera española, y me voy a ver la tumba del maestro Antonio Machado. Me emociona ver que está envuelta en flores y banderas republicanas de los que no quieren olvidar a alguien obligado al exilio, que lo mató por el gravísimo delito de ser librepensador y poeta. Junto a la lápida hay fragmentos de las canciones de Serrat, que reunió algunos de sus Proverbios y cantares con su voz y sus acordes para que siguieran viviendo, porque solo mata de verdad el olvido: sobre todo hay anotaciones con ese verso que tanto dice: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Hay gente que mira ahora con desdén a Serrat, olvidados de cuántas cosas hemos de agradecerle. Ya decía Machado que “el hombre es por natura la bestia paradójica”. Si no queremos agradecerle a Joan Manuel Serrat el regalo de su música maravillosa, agradezcámosle haber conseguido que Antonio Machado no muera.