Un terror educado e inteligente

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texto ANTONIO ITURBE  foto ARCHIVO

Reino de Redonda rescata de entre la niebla a Arthur Machen con su ‘Ritual. Cuentos tardíos’.

Encontrar en una librería, en medio de la furrufalla de libros de ensaladas, thrillers monótonos y ocurrencias de youtubers, un ejemplar publicado por la editorial Reino de Redonda es como encontrar una antigüedad egipcia verdadera en una tienda de souvenirs para turistas. El último hallazgo que han hecho aflorar es Ritual. Cuentos tardíos de Arthur Machen, con espléndida introducción y prólogo de Antonio Iriarte.

Machen es un autor reverenciado por los más exquisitos degustadores del género de terror y nos cuenta Iriarte que se han contado entre sus lectores más fervientes Jorge Luis Borges, Guillermo del Toro o Mick Jagger. Un amplio espectro que nos da la medida de los muchos ángulos de lectura de sus cuentos. Machen (1863-1947), como tantos otros escritores, encontró en el periodismo el apoyo suficiente para sacar adelante a su familia mientras su obra pasaba en el primer tercio del siglo XX diversos altibajos de popularidad. No pasó desapercibido para el ojo agudo de Dorothy Sayers y fue otra mujer con especial gusto literario de la época, Lady Cynthia Asquith, la que lo reunió en varias antologías con autores consagrados como Walpole o D.H. Lawrence.

Machen tiene una capacidad para envolvernos en sus relatos. Se leen como si te los estuvieran contando, con esa voz que relata de manera ordenada pero nunca distante, que dosifica la intriga con maestría para que vayamos penetrando en la atmósfera de lo extraño como si se fuera posando alrededor nuestro la niebla. Hay historias breves como ese niño que viaja aparentemente con su imaginación en Johnny Doble hasta que empieza a aparecer en dos sitios a la vez o El don de lenguas, donde una criada alemana que apenas sabe leer y escribir en su propio idioma se pone en pie y empieza a declamar majestuosamente en una lengua incomprensible hasta que un visitante señala que habla un hebreo perfecto. Otros relatos son más extensos y en ellos no solo hay un enigma que nos deja intrigados sino que supera los parámetros del género y, sin cargar ni perder ritmo, abre reflexiones y apuntes muy agudos. El arte es uno de los temas que interesaban muy especialmente a Machen, y en varios de sus relatos es un trasfondo o un hilo conductor importante. En El misterio de Islington nos dice que “el éxito de lo mediocre es deplorable en sí mismo, pero resulta aún más lamentable en la medida en que, muy a menudo, oculta la verdadera obra maestra”, y no falta la puya al estilo gótico en esas calles “a lo Walter Scott” con “florones para dar y tomar”. En Fuera del cuadro no solo asistimos a la misteriosa aparición en la ciudad de un demoniaco enano retorcido que atemoriza a la población, sino a una jugosa mirada a la creación artística en un relato donde el protagonista (como él mismo) es un periodista. Y, haciendo honor a la máxima del oficio —escribir de todo sin saber de nada—, es enviado sin tener (aparentemente) ni idea a cubrir una exposición de arte y hacer una reseña que él cree inane, pero que tendrá muchas consecuencias. Aquí el intento del pintor de lograr “la pintura absoluta”, que señala tan imposible como el de la obra literaria absoluta, lo llevará al desastre. Hay periodistas en varios de sus relatos como indagadores más bien zopencos. En Ritual vemos de nuevo a un periodista haciendo su trabajo, con una aguda crítica al modus operandi que sigue vigente cien años después: mandan al narrador durante la festividad de Pentecostés a “observar la felicidad de Londres” y observa con socarronería que la dificultad del encargo estriba “en evitar asistir a los mismos espectáculos del año anterior y decir al respecto poco más o menos lo mismo”. Lo que encontrará no será exactamente felicidad y unos chicos practicando un juego aparentemente inofensivo nos mostrarán cómo lo extraño se cuela en lo cotidiano de mil maneras distintas.

El de Machen es un género de terror de prosa educada, intelectualmente agudo y que siempre nos deja pensativos.