Recordando a Anne Sexton

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Recordando a Anne Sexton

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

A quién no le hubiese gustado conocer a Anne Sexton (Anne Gray Harvey) (1928-1974) y convivir con ella, solo por saber qué es vivir con alguien de vocación suicida, o solo por vivir la poesía hasta el suicidio. Pero, no le arriendo las ganancias a su hija, a quien como sabemos le tocó en suerte esa familia: hay tanto que desconocemos de la vida; pero podemos acercarnos a la grandísima poeta Anne Sexton por su hija Linda Gray Sexton (1953) pues en Buscando Mercy street. El reencuentro con mi madre, Anne Sexton (Navona), con excelente traducción y exquisito epílogo de Ainize Salaberri, se nos pergeña ese laberinto tragicómico que es la vida de algunas: de unas más que de otras. Aunque sigo pensando que la poeta está en sus poesías; pero estas memorias de la hija son tremendas y de obligada lectura, si uno quiere saber del yo poético y del yo de las Sexton. Si en su día me sedujo su fascinante poesía hoy me hechiza su vida, contada por Linda Gray Sexton, su hija mayor, quien gracias a estas memorias parte de la familia le dejó de hablar, y no es de extrañar dados los convencionalismos de aquel país de inmigrantes ante estos escritos urgentes y candorosos.

Estas vivencias, sin pelos en la lengua, de una hija frente a su madre, desde su recuerdo, son el pulso familiar de una madre poeta y su hija mayor: viendo y viviendo las depresiones de su madre, que sin duda han marcado a Linda Gray, pues ella también ha estado ante el suicidio. Estoy convencido de que estas más de 500 páginas son la narración de su propia catarsis de duelo o el concilio de fantasmas y conocidos para revelar sus traumas de niñez, o su gran trauma. Linda tenía 21 años y estaba en la universidad cuando su madre Anne se suicidó. Este ajuste de cuentas es un duro viaje de retorno al vientre de la madre, son el juego de relaciones entre dos singulares psicologías femeninas, descritas con extraordinaria precisión y sutileza de matices: un estudio fantástico de una relación amorosa y dolorosa entre dos mujeres, madre e hija, que luchan por mantenerse con vida, que han trabajado duro para sobrevivir, con sus vicios y virtudes.

 

Esperando morir

Ahora que lo preguntas, no recuerdo muchos días.

Camino metida en un sobre sin sellos postales para este viaje.

Es así, que como una lujuria innombrable, soy devuelta.

Aun entonces, no tengo nada contra la vida.

Conozco bien los brotes de hierba que mencionas

Y los muebles de casa que pusiste bajo el sol.

Pero los suicidas tienen un lenguaje especial.

Así como los carpinteros quieren saber cuáles herramientas.

Ellos nunca preguntan para que construir

Dos veces simplemente me declaré a mí misma

Haber poseído al enemigo, haber devorado al enemigo,

Tomado sus artificios, su magia.

De esta forma, profunda, meditada

Tibia como agua o aceite

Me he quedado babeando por el agujero de la boca.

No pienso en mi cuerpo como si fuera un bordado.

Incluso la cornea y los residuos de orina se fueron.

Los suicidas están listos para traicionar al cuerpo.

Aun siendo abortos, no siempre mueren,

Pero deslumbrados, no pueden olvidar la dulce droga.

A la cual desde niños les gustaba mirar y sonreír.

¡introducir toda esa vida bajo tu lengua!

Eso, por sí mismo, se convierte en pasión.

La muerte es una osamenta triste; amoratada, tú lo dijiste,

 

Y ahora ella espera por mí año tras año,

Para deshacer delicadamente un viejo deseo.

Para vaciar mi aliento de esta mala prisión.

Haciendo un balance, los suicidas

 

 

Convivir con la muerte en casa, como es el caso que nos ocupa, nos invita a reflexionar sobre las relaciones en nuestras casas, tanto en nuestra infancia como en la juventud y madurez, hasta que formamos otra nueva familia, o no. A preguntarnos por la depresión y el suicidio, a preguntarnos sobre el qué del quehacer demiurgo si lo hay y vale la pena. A preguntarnos por la vida y la madre o hermana muerte. Preguntas que nacen de vivir la vida con el máximo compromiso. Es uno de los mejores libros de memorias que he leído: sincero y honesto y escrito con amor. Con este libro, dada la luz que aporta y la apuesta definitiva por el poder curativo del verbo, y su Poesía completa (Linteo, 2013), donde encontramos su obra publicada póstumamente: 45 Mercy street (Calle de la Misericordia 45), se puede decir que conocemos un poco más a la grandísima poeta confesional Anne Sexton: “Ella lloró/ por supuesto, montones de lágrimas aguamarinas”.