La poesía de barricada habita entre nosotros

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Diez poetas críticos con la sociedad actual

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

Todos estamos de acuerdo ante el hecho de que la poesía no se vende y cuando se vende, se vende la misma de siempre, de forma constante, pero siempre poca, como el grifo que gotea. Comprar poesía para leer o recitar es hoy un gesto revolucionario y pocos se atreven. Esto es así y no hay nada que objetar, sin embargo y ante este hecho hay voces disconformes, voces que se alzan para dar un golpe sobre la mesa. Desde hace más o menos un par de lustros, en este siglo que este año alcanza la mayoría de edad hay una serie de poetas que le han dado la vuelta a la historia y al neoliberalismo imperante y que están taladrando los cimientos de esta nuestra tradicional y patriarcal cultura social. La sociedad está enferma y la poesía y sus versos tratan de indentificar sus males y ponerles remedio.

A lo largo de la historia, hay fechas que no se olvidan y una de ellas es Mayo del 68. Han pasado 50 años, desde aquellos textos situacionistas, siete desde aquel 15 M indignado y muchos más desde mi primera colaboración en la revista Orto, donde también firmaba Noam Chomsky, que no vio en el ’68 el agotarse el tiempo de las protestas ni tampoco de la búsqueda, sino de una revolución, si de un cambio radical de la sociedad. Mientras en Orto yo escribía sobre Rosalía de Castro, desde la lingüística Chomsky denunciaba el sistema neoliberal norteamericano, un sistema que Europa no ha tardado en apropiarse y hacerse suyo. La ausencia de políticas sociales y de un estado del bienestar que, desde sus orígenes, ha definido Estados Unidos hoy describe también Europa. De la misma manera que Chomsky, hoy octogenario, ha he hecho de la palabra escrita su herramienta de contestación, hoy día son cada vez más numerosos los poetas de este país que utilizan la palabra escrita como forma de contestación y denuncia: a través de sus se rebelan con sus versos ante el menoscabo de la cultura y la política social de nuestro tiempo.

A algunos de ellos, dedico este mes estas páginas dedicadas a la poesía; se lo dedico a ellos, porque, además de su valor literario, son poetas útiles a la sociedad de hoy, en cuanto desde sus barricadas poéticas, críticos con la sociedad, se están abriendo paso entre los lectores o entre aquellos que les escuchan recitar en plazas y bares. Desde esa esquina, estos poetas tratan de mover el mundo con sus versos, no sólo cuestionándolo sino proponiendo a través de sus poemas otros mundos posibles. No lo tienen fácil; pero, ahí están, dejando oír su voz en este contexto político, económico, social y religioso tan hostil para el ciudadano como para la palabra escrita, hoy más que nunca en el punto de mira. A través de sus versos quiere vivir la utopía de la ucronía, pero no para quedarse ahí, sino para construir, desde la desobediencia poética, una sociedad donde brille un mayor humanismo solidario. En esa esperanza están, en la de dar más valor a los hechos y menos al espectáculo, desde la honradez y la honestidad.

Los poetas

De esa legión de poetas críticos con poesía de barricada ante lo que nos habita y lo que es habitado por nosotros destacamos a diez, sin olvidar a las piedras angulares: teóricos a la vez que poetas como Enrique Falcón y/o Alberto García-Teresa, a quienes todos admiramos: a Enrique por su magna obra La marcha de 150.000.000 (Eclipsados, 2009), edición definitiva, y aquella antología por él coordinada, Once poetas críticos en la poesía española reciente (Baile del Sol, 2007); y a Alberto por su Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013) y Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) (La Oveja Roja, 2015). Estos diez poetas más significativos de esa poesía de barricada son sin lugar a dudas y por mérito propio Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), Antonio Orihuela (Moguer, 1965), María Ángeles Maeso (Valdamazo, Soria, 1955), Gsús Bonilla (Don Benito, Badajoz, 1971), Inma Luna (Madrid, 1966), Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956), Marta Navarro García (Zaragoza, 1965), Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964) y Manuel Moya (Fuenteheridos, Huelva, 1960). Qué duda cabe de que hay otros como Jesús Lizano, ya fallecido; Felipe Zapico, David González, Jorge Riechmann o David Gimenez, de Remolinos (Zaragoza). Y entre las poetas pues desde Begoña Abad a María Eloy García, pasando por Pura López Cortés, Belén Reyes y Cristina Morano, entre otras muchas poetas combativas. Si escribimos sobre él, Ángel Guinda, que, por edad, es el mayor de los poetas críticos con el sistema y guerrillero, debemos decir que su poesía da razón de su ser, de aquel ser poeta de la libertad que tuvo que abandonar su ciudad, pues los de siempre no lo soportaban, ni a él ni a sus poemas. Fiel a sus principios, hoy seguramente estaría en la cárcel: “Vivir es esa trampa que demuele/ el cuerpo, y hasta el alma, trecho a trecho”. Nos dice en su Catedral de la noche (Olifante, 2015), con esa su voz intensa, con esa mística ascética, desde su ateismo, que las caretas ya no sirven y que todo conocimiento y opción implica exilio y negación. Como el ser persona solidaria y justa. Una poesía que es como latigazos en el cerebro y que a nadie deja indiferente, ni ayer ni hoy. Si alguien se atreve a leerla: “Ceniza en las manos de un viejo/ es lo que dejan los años al arder”.

Después tenemos a María Ángeles Maeso, poeta de mirada y voz crítica que abre y limpia heridas a través de sus versos utilizados para denunciar un mundo abusivo y absolutamente injusto: “Haced equitativo ese reparto/ y guardadme una porción de lo que en serio duele”. Versos del libro Trazado de la periferia (Marisma, 2018). Así, pues, los poemas de esta poeta singular y señera devienen en ofrecer ese espacio para escuchar aquellas voces que el sistema calla, silencia. Son sus versos la justa y necesaria voz de la podedumbre y la miseria, de esa realidad que nos circunda, pues es este el mundo que habitamos. Pero, lo hace desde una poesía admirable que habita el exilio como forma de resistencia: “Para ceñirse a la realidad”, se hace extranjera.

Le sigue en edad Matías Escalera Cordero, quien es un gran poeta concienzudo y por supuesto crítico donde los haya, aún sabiendo que todo lo que nos queda son palabras. Palabras que se convierten en versos de la mano de este poeta enorme, pues todavía hay dolor en el mundo que hay que denunciar, como lo hace y de qué manera tan brillante en su genial poemario Del amor (de los amos) y del poder (de los esclavos) (Amargord, 2016). Son poemas que llegan hasta lo más hondo de uno, pues es ahí donde reside ese afán por el cambio, por lo nuevo. Poesía donde la verdad y la esperanza tiene su razón de ser y que si la lees te haces dependiente: “Las estrellas –y menos los astros opacos- ni tiritan/ Ni se pueden contemplar: ha sido la luz/ La que las ha borrado…”

Después está Manuel Moya, poeta comprometido hasta la médula, quien participa de la idea de que es necesario un planteamineto poético de la realidad, a la vez que una revisión crítica de la misma realidad. Escribe una poesía para conocer el mundo que nos ha tocado, sabiendo que en ese mundo están los otros; y poemas como los de este poeta nos hacen comulgar con el otro, imbricarnos con los demás: “Cada hombre tiene su luna y su prodigio”. Verso significativo del poemario Salario (CajaSur, 1998). Es un poeta humanista y lucha por ese humanismo solidario tan necesario hoy, de abandonarnos al otro y luchar y seguir luchando por la justicia social: “ni los trazos errados del escriba/ podrán nunca cegar/ el vivo pozo de su sangre”.

Isabel Pérez Montalbán es una poeta que utiliza en sus poemas palabras del lenguaje militante, que puede resultar del todo irónico. Es una poeta que da voz a los oprimidos y de qué manera tan firme: “Teníamos un tiesto con claveles,/ las coplas dedicadas por la radio/ y un corazón de periferia/ con vistas a la diáspora y al tizne”. Es una poeta que tiene claro que su discurso poético debe de ser, y desde luego lo es, un discurso que actúa de manera singular contra la poesía tan complaciente que se escribe en este país y propone sin ir más lejos un realismo solidario de una claridad asombrosa e intranquilizadora. Versos concisos donde los haya. Es la poeta de la conciencia: “Nadie recuerda ya/ los días y el escombro”, nos dice en Los muertos nómadas (Diputación de Soria, 2001).

La poeta Marta Navarro hace de su verso esa llave que abre esa puerta enclavada en la realidad, la cual y una vez traspasada te indica el sendero hacia tu sueño. Eso sí, su poesía exige la complicidad del lector para encontrar ese verso. “La tristeza habita en la pantera que envejece/ frente al público de un zoo”, versos de su maravilloso pomeario Vietnam bajo la cama (Amargord, 2015). La lectura de su poeía nos enseña a sacudirnos aquellos complejos y miedos que acaso nos queden, a estas alturas de la vida, y así poder mirar de frente a esta sociedad del caos, de ese neoliberalismo, que nos agrede y empobrece cada día más. Son sus versos fríos gritos que buscan la belleza de la persona, sea de donde sea esta: “Los poemas acabaron/ en un aplauso operístico”.

El gran Antonio Orihuela, coordinador de los reconocidos encuentros de poetas Voces del Extremo, de la Fundación Juan Ramón Jiménez, desde 1999, es un teórico de la poesía y un poeta de raza. Y es en al poesía donde encuentra su razón: “combato por la belleza/ de todo lo que escapa”. Versos de su último libro, Disolución (El Desvelo, 2018). Creo que su poesía es una poesía viva de resistencia activa. Y sus versos, como no podían ser de otra forma nos tocan la fibra en cuanto los leemos. Es impresionante, por que con ese lenguaje poético él, cual araña, teje finas redes de solidaridad humana, de entrega al otro, de resistencia, de esa generosidad sin límites como es su poesía, como debe ser la poesía, arte y poderío, angel y duende: “Una vez que me das la mano/ ¿dónde está el fin?”

Inma Luna es una poeta con causa y su poesía persigue que la sepan leer. Su poesía es su vida escrita, en ella confiesa lo que ha vivido y esa es su poesía, pensada y escrita por una mujer sin miedo. Una mujer poeta universal que trasciende lo femenino, porque su mundo no es cerrado ni mucho menos: es un verso libre que narra lo que le pasa a las mujeres, por que ellas sí están en la vida, además de gestarla. Una poeta que tiene muchas cosas que decir y sabe como decirlas: “Baja hasta el imposible./ Mira hasta que te duela el corazón,/ arénate”. Versos de ese poemario tan extraordinario, No estoy limpia (Baile del Sol, 2011). Uno disfruta y se emociona leyendo los poemas de esta poeta, pues son experiencias muy cercanas a las personas, narrados con lenguaje sencillo, casi coloquial.

La poeta maravillosa que es Ana Pérez Cañamares, quien ya me sorprendió con La alambrada de mi boca (Baile del Sol, 2007), nos habla siempre de compromiso poético y vital, de lucha, en esa su poesía en la que no deja de brillar esa esperanza anhelada, perseguida por todas las personas con dos dedos de frente: “Desde aquí arriba el mar y las montañas/ parecen el capricho de un orfebre”. Versos del poemario Las sumas y los restos (Devenir, 2013), V Premio de poesía Blas de Otero Villa de Bilbao 2012. Poesía para comprenderse ella y el mundo que la rodea. Todo son referentes cercanos, que nos atraen, dado que nos sentimos cercanos por que nos identificamos con ella. Es curiosa, singular y señera esa indagación en lo cotidiano de nuestras vidas.

Y, por último, el poeta Gsús Bonilla, quien con su poesía nos conmueve y de qué manera. Sus versos son como un gran abrazo solidario y de amistad, además nacen del conocimiento que le proporcionan sus propias experiencias vitales y es por ello por lo que los lectores nos sentimos identificados con esta poesía de amigos. Pero Gsús va más allá y con su fina burla juega en sus poemas con algunas paradojas y algunos juegos de palabras, el dominio del lenguaje le permite eso y ese lenguaje le lleva desde la propia autocrítica a una crítica social con ecos anticapitalistas: “Hemos hecho de todo//abrimos la puerta// cerramos el grifo// cortamos el gas// apagamos la luz// y os quitamos la casa”. Versos de PGB Poesía General Básica 2007/2017 (La Penúltima, 2017). Poeta justo necesario.