Cristina Morales: irreverencia, talento.... Y Premio Herralde

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La escritora Cristina Morales gana el Premio Herralde con Lectura fácil. La escritora chilena queda finalista con "El sistema del tacto". El premio, dotado con 18.000, fue concedido a la escritora granadina por parte de un jurado formado por Juan Pablo Villalobos, Marta Sanz, Gonzalo Pontó, Rafa Arias y Silvia Sesé, editora de Anagrama.

 

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Cristina Morales es una de esas autoras que dan sentido a los premios literarios. Desde que publicara Los Combatientes en 2013, novela con la que ganó el Premio Injuve, hasta Terroristas modernos, la escritora nacida en Granada ha demostrado no sólo ser una de las más brillantes plumas de su generación, sino tener una voz propia, una voz que se define por su desfachatez, por su carácter crítico, por su no acomodo a ningún género, a ningún estilo y a ninguna tendencia y, sobre todo, por su dominio del lenguaje.

"No me resignaba a ser sólo un literato. El matador que extrae del peligro una oportunidad para ser más brillante que nunca y muestra toda la calidad de su estilo en el momento en que está más amenazado, era eso lo que me maravillaba, lo que yo quería ser", escribía Michel Leiris en su ya famoso artículo "De la escritura considerada como una tauromaquia" y sus palabras bien sirven para definir a Morales, una autora que no busca complacer, ni al lector ni al mercado, una autora que no se muerde la lengua y que entiende la literatura desde la incomodidad. Bien podríamos definir a Morales como una autora política y, como sus anteriores novelas, Lectura fácil no escapa de esta etiqueta. Sin embargo, en la obra de Morales lo político no tiene que ver tanto con la trama como con el lenguaje y es que, como afirmaba ella misma ayer en la rueda de prensa, lo que busca a través de su prosa es denunciar las falacias de un lenguaje institucionalizado, un lenguaje pervertido donde las palabras y sus sentidos han sido usurpados por el discurso del poder. Este desenmascaramiento lingüístico lo veíamos con claridad en Terroristas modernos, una novela que al narrar la Conspiración del Triángulo de 1816 para acabar con la monarquía de Fernando VII cuestiona las dinámicas políticas de las democracias liberales y se interroga acerca del verdadero significado del término “terroristas”, utilizado por vez primera en 1798. ¿Quién es el verdadero terrorista? Si el terrorista es el agente del terror, ¿quien puede realmente definirse por ese nombre? ¿El poder o el ciudadano subyugado a dicho poder?

En Lectura fácil, Morales vuelve a plantear cuestiones similares, esta vez a través de cuatro protagonistas -Marga, Nati, Patricia, Àngels-, todas ellas mujeres que la burocracia médica ha definido como "discapacitadas intelectuales" y que comparten un piso tutelado. A través de estas cuatro mujeres, comenta Morales, "he querido enfrentar la retórica de la corrección política con la corrección del supuesto analfabeto" y en este enfrentamiento desenmascarar no solo la perversa manipulación de la retórica "oficial" o, en otras palabras, del discurso dominante, sino cuestionar el propio concepto de discapacidad. "La más discapacitada es la que menos tolera los abusos de poder" comenta la escritora. que no acaso cita la novela de Juan José Millás Tonto, muerto, bastardo e invisible, donde el escritor valenciano narra las peripecias de un "hombre que, un día, se da cuenta que siente ha tenido un retraso mental. Se da cuenta que cuanto más obedecía a sus superiores más tonto era". En su novela, Morales realiza un gesto similar al de Millás, ante todo porque, como él, politiza el discurso y porque establece un paralelismo entre la obediencia, la pasiva asunción de los dictámenes del poder, de cualquier poder, con la supuesta "discapacidad": la burocracia tacha a estas mujeres de discapacitadas, las margina bajo esta etiqueta y las controla, no solo tutelándolas en un piso, sino controlando su cuerpo, su sexualidad, su día a día. "La esterilización es una práctica muy habitual", comenta Morales, recordando como a muchas mujeres consideradas discapacitadas intelectuales se las esteriliza y "se justifica esta acción diciendo que son mujeres muy sexualizadas y que gracias a esterilización podrán disfrutar del sexo sin riesgo". Con su prosa, Morales denuncia la hipocresía de dichas justificaciones, la perversión de una retórica que busca justificar los mecanismos del poder, de ese poder que a veces lleva el gran nombre de Estado y a veces, en minúsculas, el de burocracia.

Las protagonistas de Lectura fácil, sin embargo, no son mujeres que se acomoden, son mujeres libres, que viven y defienden su sexualidad y que se empoderan tomando la palabra. Y es aquí donde, una vez más, aparece la confrontación dialéctica y, sobre todo, el desenmascaramiento del lenguaje. En cierta medida, desde la ficción, Morales no está muy lejos de lo que en su día planteó Klemperer en su ensayo La lengua del Tercer Reich: como en Terroristas modernos y, en gran medida, como en Malas palabras, donde daba una vuelta de tuerca al discurso religioso y a su hermenéutica, aquí Morales indaga en ese lenguaje a partir del cual se nos construye como individuos y a partir del cual se construye y se legitima el sistema. Como Marta Sanz en Monstruas y centauras, Cristina Morales reivindica esa mala letra a la que apelaba Sara Mesa en su libro de relatos. Tres autoras -curiosamente o no de la misma editorial- , tres generaciones distintas y una misma constelación literaria. La mala letra se convierte de la mano de Morales en la Lectura fácil, "un género de nuevo puño que nace en el norte de Europa y que está asociado a las adaptaciones de grandes clásicos de la literatura para discapacitados. En los últimos años, el espectro de lectores a los que está dirigida está literatura se ha ampliado: también se dirige las personas que tienen dificultad lectora, a la población reclusa que no ha podido tener formación y a los migrantes", señalaba Morales, para quien uno de los retos, en algunas partes de la novela, era "hacer literatura a la vanguardia respetando las normas que impone este género". Al mismo tiempo, la idea de "lectura fácil" tiene que ver, como decíamos antes, con la retórica del considerado "analfabeto", esa retórica que se queda a los márgenes o que es directamente aplastada por el discurso de la corrección política, por el discurso administrativo, por el discurso legitimado.

"Lectura fácil no es una novela apta para paladares remilgados", comenta Silvia Sesé, pero ¿quién espera remilgos en la literatura de Morales? Desfachatez, denuncia, cuestionamiento, falta de tapujos... estos son algunos de los apelativos con los que se ha definido desde el primer momento la obra de la escritora granadina afincada en Barcelona. Morales no viene para complacer, sino para sublevar, sublevarnos. Morales viene para retorcer el lenguaje, para reapropiárselo y, como dice Rafa Arias, miembro del jurado, para devolvernos "el reflejo fiel de una sociedad quizá no apta para verse en este espejo". Morales nos pone el espejo delante, sin adornos y nos obliga a mirarnos en él.