Cielo de Javier Lostalé, un testamento vital estimulante

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Enrique Villagrasa escribe sobre el poeta Javiér Lostalé

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Javier Lostalé (Madrid, 1942), uno de los periodistas culturales más conocidos y reconocidos de este país, fundador y presentador durante años del programa El ojo Crítico de Radio Nacional de España, Premio Nacional de Fomento a la lectura por su labor cultural, es además un poeta de larga trayectoria. Fue premio Jorge Guillén por este su último libro Cielo (Planeta Vandalia). Un poemario que es todo un testamento vital estimulante, además de ser un libro de una poesía armónica, cristalina, intimista y con gran capacidad de impacto emocional, en la línea de sus maestros Vicente Aleixandre, Francisco Brines y Juan Gil-Albert, en el que hace guiños a la tradición espiritual del ascetismo, al despojamiento y la consideración derivada de esa corriente poética, que da la talla de una vida rica en lecturas, vivencias y saberes: “el de una estrella abandonada/ que memoria sola de su luz/ aún dentro de ti navega”.

En el primer poema del libro dice el poeta: “Regresar luego no puedes/ a ningún lugar de tu vida,/ pues solo perteneces a quien te nombra/ apagándose en su nombrar”. Ahí está, seremos, estaremos, mientras alguien nos recuerde. Y la poesía es memoria. Y este poeta bien lo sabe, y este poeta no es un hombre a la deriva sino expectante, tal vez algo melancólico, pero sabiamente conforme y acepta esta vida que tenemos: “Quien ama/ sin nunca haber sido amado/ escribe ahora este poema/ en el que se va borrando,/ mientras su escritura/ no deja de sangrar”.

Así pues en Cielo, Javier Lostalé se desnuda, se expone, no necesita máscaras ni disfraces, y escribe poemas preciosos, que en cierto modo continúan y culminan su ciclo poético, del que El pulso de las nubes (2014) es piedra angular hasta terminar la trilogía iniciada con Tormenta transparente (2010) en este Cielo: que no deja de ser “el secreto manantial de unos labios”.

Con esta continuidad poética, en Cielo, Javier logra mayor calidad y belleza, pues es un libro de plenitud y de conocimiento poético asombroso, porque el poeta que estaba “enclaustrado en la aurora/ de un desconocido paraíso”, descubrirá a quien lo lea esa conciliación con su vida y obra, y de esta forma el poeta y el lector amarán en plenitud, tal vez, “lo que nunca llegó a existir”.

Javier es el poeta humilde y desde sus versos contempla la eternidad, este hombre sencillo se enfrenta al misterio con sencillez franciscana y donde existe odio él pone amor, de forma consciente y firme: “Abandonado y sin territorio/ no regreses de donde estás,/ pues no hay espacio más hondo/ que el de un alma habitándose en soledad”.

Diríase pues, que estamos ante una poética de despojamiento en la que queda imbricada la huella personal de su ser y estar en este devenir telúrico. Con toda la intensidad y sencillez de la que es capaz. Y por eso lo leemos y por esto nos gusta esta voz tan comunicativa y sensitiva. No cabe duda de que su poesía es señera en su generación.

Este poemario cuenta con un prólogo explicación del autor de cómo se ha escrito y qué le ha llevado a escribirlo, más un inteligente y certero epílogo del poeta Diego Doncel, que da la justa medida de la poesía de Javier.

Creo, que en una primera lectura, los 34 poemas que contiene Cielo te hacen temblar, pues descubres que el poeta que te habla ha sufrido intensamente el proceso de creación de este libro: el poeta necesita escribir y amar y cada poema tiene su vida, donde mantiene ese pulso con y en el lenguaje, con versos asombrosos: “en la escritura total/ de este poema sin nadie”.

En segunda lectura venos que estos poemas giran y giran alrededor de la tragicomedia del amor y del desamor, y percibes la necesidad de este quehacer demiurgo como experiencia casi mística, en esa ascética del cuerpo que gracias al verso, el amor concreto es trascendido al amor concepto, sin apenas silueta, pero esta está: los versos de Lostalé son pura poesía en esa su abstracción. Leer sus poemas es lo queramos o no (re)leer a nuestro San Juan de la Cruz y al mejor poeta alemán contemporáneo, Rainer María Rilke. Lostalé esta a su altura: “en el tiempo sin hora/ de tu sueño total”.

Creo también que con Cielo, el poeta se libera y se perdona, se redime: ya no hay ni dolor ni nostalgia. Queda la memoria. Y es ahí donde tal vez viva lo más real, que no deja de ser una palabra inventada: esa realidad otra de lo que pudo haber sido y no fue. El lector tendrá, pues, la última palabra al hacer suya esta escritura poética, donde está presente, como ya hemos escrito, el amor, el desamor, el tiempo, la soledad, la vida que se vivió y la que sólo se imaginó, en y con versos llenos de belleza, escritos con un lenguaje tenso y de inmensa carga emocional, que nos hace vivir la vida y su poesía: “Quien al escribir este poema/ darte quiere sueño y nombre,/ definitivamente te borra”.

Javier siempre ha dicho que escribe porque la escritura le salva, porque es lo único que le queda y nos queda después de todo: a él los versos que escribe y a nosotros sus lectores esta lectura de los mismos: “Que nada en tu biografía cicatrice/ para que sean sus heridas quienes la escriban”.